Un viaje peligroso en el momento menos indicado

Por Fernando Gonzalez

Cualquier vecino que tenga un gran problema podrá entender que uno no acuda a ayudarlo personalmente si se tiene en casa una dificultad mayor. No es el caso de Cristina Kirchner, quien dejó en la Argentina una cantidad desconocida de enfermos de gripe A (¿1500?, ¿10.000?, ¿100.000?, aún nadie da una cifra confiable) para auxiliar al presidente hondureño Manuel Zelaya, derrocado por un golpe militar.

La Presidenta utilizó el avión Tango 01 para viajar junto al canciller Jorge Taiana y al ministro Aníbal Fernández en busca de una solución que se está gestando en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA). La idea de Cristina era viajar directamente a Honduras y llevar en el Tango al presidente depuesto. Una evaluación más sensata y el grado de peligrosidad de la misión hizo que tanto Zelaya como los presidentes acompañantes terminaran viajando a Washington y ayer lo hicieran a El Salvador.

¿Era necesario que fuera Cristina en persona? ¿No sería más lógico que se quedara en el país a atender el impacto de una pandemia que preocupa a todos los argentinos y que ya produjo más de sesenta muertes? Las respuestas, una vez más, son previsibles. Ni siquiera el resultado electoral de la semana pasada logra en estos momentos de crisis que el Gobierno acierte con las prioridades.

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