Viaje en Globo hacia la muerte

La historia secreta de la guerra en la barra de Huracán que dejó dos muertos, uno de ellos hermano del Cone, el capo.
Es la crónica de una guerra anunciada. Que tiene su origen dos años atrás y comenzó a gestarse paradójicamente con el reverdecer futbolístico de Huracán. Una historia que mezcla delincuentes, negocios de barras y la inoperancia notable del Estado, por omisión o connivencia y representado por la Policía, para prever la situación y actuar en consecuencia.

La noticia es que hubo dos muertos en un choque entre grupos antagónicos de la barra Quemera. Para entender el por qué, hay que remontarse a 2007. El Globo jugaba en la B Nacional y los violentos estaban divididos en tres grupos: la histórica José C. Paz, que lidera Claudio De Respinis, alias Cone o Conejo y que reúne a gente de Parque Patricios y Barracas (estos a cargo de su hermano Pablo, bajo el nombre de Pagola), El Pueblito, que nuclea a los violentos de Pompeya, y Villa Zabaleta, banda que integran habitantes de ese asentamiento ubicado tras el Ducó.

En las últimas fechas de aquel torneo que determinó el ascenso de Huracán, los de Zabaleta, conformados por delincuentes de armas tomar, muchos ligados a la venta del paco, empezaron a ser raleados por robar a la propia gente del Globo. Y al largar el Clausura 07, ante Banfield en el Ducó, fueron expulsados de la barra.

Como por entonces el negocio Huracán era pequeño (el club estaba mal y los barras recaudaban para los gastos de traslados, viáticos y sólo había sueldo para los jefes), Zabaleta no se preocupó. Pero con el Globo sensación, la ecuación se transformó. Empezó a fluir plata, era un año eleccionario y un candidato opositor cambió dinero por votos y la nueva vida de la barra empezó a ser codiciada (el nuevo telón, por ejemplo, costó 36.000 pesos). Así, hace mes y medio Zabaleta comenzó a mandar mensajes de que coparían la tribuna como fuera. Ahí se produjo lo que en el seno de la barra, consideran hoy un error: le entregaron el 10% del negocio para que hubiera paz. Esto es, 75 entradas, un micro y algunas vituallas. El pacto no duró tres partidos. En la previa del clásico con San Lorenzo, Zabaleta cayó con más gente de la prometida y casi 40 se quedaron afuera. Eso generó resquemor. Y el domingo, contra Arsenal, fueron por más. Coparon un codo y arrancaron las banderas históricas de Temperley y Sos Vos, gente allegada a la barra. Cuando esta fueron a recriminarles en el entretiempo, se toparon con la respuesta: "ahora queremos gaseosas y hamburguesas la plata que ustedes se llevan". Ante la respuesta negativa, la Villa amenazó con saquear los puestos, cuyos concesionarios tienen arreglos con la barra, y después robar a la gente y apretar a la dirigencia. Viendo que iban por todo el negocio, los de José C. Paz y el Pueblito los enfrentaron y hubo siete minutos de pelea en la popu hasta que los echaron. La Policía, que miraba todo sin intervenir, tampoco previó que Zabaleta no se quedaría de brazos cruzados. Increíble.

Lo cierto es que mientras se disputaba el segundo tiempo, los expulsados de la tribuna robaron en la zona y esto llegó a oídos de la barra oficial, que decidió actuar. Al final del partido, mientras los del Pueblito se quedaron guardando las banderas, los de José C. Paz y Pagola fueron a buscarlos. De hecho, a las 19,40 en Alcorta y Monteagudo se produjeron las primeras escaramuzas con armas de fuego. Parecía que todo terminaría ahí, pero no: los de Zabaleta fueron a la casa de la madre y el hermano del Cone, a una cuadra de la Villa, y dispararon a mansalva. Cuando Fernando, 32 años, alias Pipi, remisero y único de los hermanos que no frecuenta la cancha, salió a responder, recibió dos disparos mortales. La noticia llegó al Cone y Pablo, que habían vuelto con su gente hasta la plaza. Ellos fueron a buscar a su hermano para llevarlo al hospital Penna y el resto decidió entrar a la Villa a sangre y fuego a vengarse. Se sumó gente del Pueblito y en una acción comando, le reventaron la casa a uno de los supuestos referentes de Zabaleta: Orlando Sosa, hiriéndolo a él, a su compañera, Fernando Nievas y a otras tres personas. Con heridas de consideración, todos fueron a tratarse al Penna. Craso error. Mientras adentro estaba la familia De Respinis (Cone, su hermano Pablo y el a esa altura ya muerto Fernando), afuera estaba toda la barra esperando novedades. Apenas los vieron llegar, los atacaron. A Sosa lo sacaron por la puerta de un VW Senda (investigan si era un remisero quien lo llevó o alguien de su grupo), y lo remataron ahí mismo, en la puerta de la guardia. Los otros tres heridos lograron ingresar al hospital mientras los barras que los habían atacado se dieron a la fuga ante la presencia de dos policías de consigna.

Lo que siguió fue una reunión en Parque Patricios entre José C. Paz, Pagola y Pueblito para dispersarse y guardarse hasta nuevo aviso. Los heridos decidieron que nada había pasado: uno, Hernán Oncea, se fugó. Otro, Mario Rojas, declaró que estaba en la Villa y recibió un balazo sin saber de quién. Lo mismo Fernanda Nievas, quien dijo no conocer a sus agresores ni por qué la habían atacado. Igual argumento utilizó otro damnificado, Cristian Bustamaante. Encima, el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, intentó convencer al mundo que "ésto no es un problema de barras, sino de delincuencia común". Y la Fiscalía de Parque Patricios se desespera buscando algún testigo que cuente la verdad para poder enjuiciar a los culpables. Mientras, hay dos muertos por una historia que empezó dos años atrás y que todos saben que si el Estado no hace nada, continuará.

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