Viajar en la Provincia puede ser un camino de ida

Varias de las rutas que cruzan el territorio bonaerense tienen cosas en común: pozos, banquinas inexistentes o peligrosas, un trazado obsoleto y falta de señalización. Radiografía de los caminos provinciales.
"El viajar es un placer, que nos suele suceder", decía una famosa canción infantil. Pero los tiempos cambiaron, y los viajes también. Cualquier persona que transite varios de los caminos que cruzan a lo largo y ancho de la provincia de Buenos Aires confirmará que de placentero el viaje tiene poco, por no decir nada: las rutas están en pésimas condiciones, y la falta de mantenimiento es tan grande que pueden generar accidentes.

Los números hablan por sí solos: de acuerdo a cifras oficiales de los 812 mil pesos previstos para Vialidad en 2009, sólo se gastaron 357 mil. Una situación similar ocurrió en los años anteriores, que desencadenaron el actual deterioro por falta de mantenimiento. ¿La seguridad vial? Bien, gracias.

El despilfarro

"Las rutas provinciales, tanto como las rutas nacionales que cruzan la Provincia, están en mal estado y sean concesionadas o no, es impresionante el despilfarro que se hace de los fondos viales", dijo en diálogo con Hoy Ricardo Lasca, director del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (Cadia) e integrante del Comité Nacional de Defensa del Usuario Vial (Conaduv).

Lasca aseguró que en conceptos viales el Estado recibe 12 millones de pesos en forma anual, fondos que se recaudan gracias a los impuestos viales que se cobran sobre los combustibles, entre otros tributos, y que encarecen al producto entre "un 50% y un 60%". A eso deben sumarse los fondos viales municipales, que cobra cada comuna y que "deberían reasignarse como corresponden".

La pésima situación caminera no distingue garitas de peajes, porque varias de "las rutas concesionadas son tan malas como las que no lo están", aseguró el director del Cadia, que aseveró que las empresas de peajes no invierten lo que recaudan en el mantenimiento de los caminos, algo que está muy a la vista.

"En este país, la obra pública siempre fue tomada como una caja política, pero con ese dinero se podrían haber evitado muchísimos accidentes" aseguró Lasca, al tiempo que recordó la tragedia del Colegio Ecos, en Santa Fe, y el choque entre el colectivo y el tren, en el partido de Dolores. "Después de veinte años, dos rutas tan importantes como la 11 y la 2, siguen sin tener un cruce a alto o bajo nivel", subrayó Lasca.

"Acá hay mucho control de alcoholemia y mucha promoción de la educación vial, pero sin buenos caminos no se puede hacer nada", reflexionó Lasca.

El director de Cadia aseguró, además, que el organismo que él encabeza exige la rejerarquización de la dirección nacional de Vialidad "que se desmanteló para hacer estos negocios, cuando deberían controlar al concesionario vial".

Panorama crítico

Cualquier ciudadano que transite por las rutas bonaerenses se encontrará con una situación que se repite en muchas partes: pozos, banquinas inexistentes o peligrosas, y un trazado que actualmente es obsoleto para las velocidades a las que son transitadas.

Otro de los problemas tiene que ver con la falta de señalización, entre otras cosas, porque los carteles son robados casi todos los días. Incluso, donde hay señalización, y en caso de que no esté gastada la pintura, aparece el problema de la velocidad: los carteles que indican curvas peligrosas están puestos a una distancia para informar a un conductor que viene a 80 kilómetros por hora, lo que dificulta cualquier tipo de maniobra.

Otra de las dificultades es el ancho del trazado: las rutas tienen un ancho total de 7 metros y un camión moderno mide 2,5 metros, con lo que si el camión va exactamente por el centro de su carril sólo le quedan 50 centímetros de espacio de cada lado: tanto de la banquina como del carril contrario.

Un punto clave para entender el estado de los caminos es el peso de los camiones que los transitan: un camión nuevo cargado puede pesar en total 75 mil kilos, pero en las rutas del país el peso máximo es de 45 mil kilos porque están diseñadas para soportar ese peso, que obviamente no se respeta.

Como si todo esto fuera poco, hay un aditivo que complica el tránsito por las rutas: la inseguridad. Prueba de ello es el asalto que sufrió una familia, el sábado último, cuando se dirigía de vacaciones hacia la Costa, pero fue agredida en la autopista La Plata-Buenos Aires, a la altura de Hudson. El ataque se concretó cuando le arrojaron un martillazo al vehículo, pero a pesar del susto y los nervios, el conductor del vehículo, padre de la joven herida, no frenó hasta pasar la altura de El Pato, en la ruta 2.

Malditas negligencias

Un informe del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi) destaca que los problemas de infraestructura en las rutas son los causantes del 5% de los accidentes de tránsito.

En tanto, y según datos de la Asociación Civil Luchemos por la Vida, en 2008 hubo 8.205 muertes por accidentes de tránsito, de las cuales 3.195 ocurrieron en la provincia de Buenos Aires, es decir, el 39% de las víctimas fatales durante el año pasado en la Argentina.

De esas muertes, muchas se deben al estado de las rutas bonaerenses. Una red caminera que hace años sufre la falta de mantenimiento y obras que brinden seguridad a los que las transitan. Una vez más, el Estado provincial (y nacional), que debería ser garante de la seguridad de sus ciudadanos, mientras se transportan por caminos que pertenecen a su jurisdicción, tiene ausencia perfecta en su boletín de faltas.

En la región, no tan distinto

La Plata y alrededores tampoco se salvan de los problemas que se presentan en rutas y caminos provinciales. Tal como informó Hoy en su edición de ayer, la extensión de diagonal 74 que va desde la bajada de la autopista La Plata-Buenos Aires hasta Punta Lara se encuentra llena de baches, hendiduras y desniveles.

Los pozos comienzan a sufrirse a la altura de la laguna del Aeroclub, y se extienden hasta Villa del Plata, a pocos metros que la avenida costanera Almirante Brown.

Otro de los caminos críticos es la avenida del Petróleo (prolongación de la calle 60), que conduce a Berisso. Allí ya se han producido varios accidentes, producto del estado del camino, y el tema ocupó la agenda institucional del distrito.

Si de problemas camineros se trata, hay uno que no puede faltar: la ruta a Ignacio Correa, que conecta Bavio con la ruta 36.

Materiales de escasa calidad

La gran mayoría de las rutas bonaerenses fueron construidas hace más de 30 años y en la actualidad, para encontrarse en estado "transitable", deben ser reparadas todo el tiempo. Por eso uno de los mayores problemas que enfrentan las zonas viales de la provincia de Buenos Aires es que si arreglan una parte de una ruta que está poceada, saben que en dos o tres días puede volver a romperse, por la acumulación de agua o el peso de los camiones. Los viajantes conocerán más que bien esta realidad: reciben con agrado la reparación de un bache, pero al poco tiempo la quebradura asfáltica vuelve a tomar forma; circunstancia que también obedece a la pésima calidad de los materiales que utilizan.

Los especialistas coinciden en que las rutas de nuestro país, salvo excepciones de autopistas, no se encuentran preparadas para la evolución de los automóviles y las velocidades a las que comúnmente se viaja. Pero,

lo más preocupante es que en Buenos Aires sólo hay 600 kilómetros de autopista: los accesos a Capital Federal y la autovía 2, que para muchos no debe ser considerada autopista por su paso por pueblos y por tener cruces a nivel.

Así, el resto de los kilómetros que recorren la Provincia tienen un trazado que no se condice con las nuevas condiciones de los automóviles. ¿Por qué? Las curvas fueron hechas para una velocidad máxima de 60 kilómetros, cuando un auto nuevo llega a levantar una velocidad de 180 kilómetros y más.

Un peligro

Gustavo Brambati, gerente de seguridad vial del Cesvi, aseguró que "las rutas no concesionadas están en muy mal estado. Rutas nuevas, como la 6, tienen un mantenimiento muy bajo: los pastos están altos y las señalizaciones están mal marcadas". Aseguró que una situación similar se presenta con la ruta 2, "que está muy ahuellada".

También hizo una interpretación que resulta ilustrativa para conocer el estado de los caminos: "Hay señalizaciones que indican que con lluvia no se pueden superar los 50 kilómetros por hora, un dato que da cuenta del mal estado de la ruta; porque cuando llueve los caminos no deberían inundarse".

La visión optimista

Según datos del Sistema de Atención al Turista de la provincia de Buenos Aires, los accidentes viales se redujeron un 64% en rutas que llevan a la Costa.

El dato se desprende del balance realizado por la dirección provincial de Emergencias Sanitarias del ministerio de Salud, que desde el inicio de la temporada estival cuenta con 14 puestos sanitarios ubicados en puntos estratégicos de las rutas 2, 11 y 74.

Nada dice de aquellos caminos que están literalmente a la miseria.

En Foco

La realidad es la única verdad

Las quejas, los accidentes, los datos estadísticos y el mal estado de rutas y caminos no hacen más que reflejar el deterioro económico del país todo y la falta de políticas estratégicas para el desenvolvimiento de la economía. Sobre todo en aquellas regiones que sufrieron la destrucción de las vías que -a través del ferrocarril- entrelazaban a los poblados con las puertas de salida de sus producciones.

Nada es casual. Todos estos años de políticas k -que sucedieron a la destrucción, lisa y llana, del aparato productivo- no han cambiado absolutamente nada (y esta nota da testimonio de ello).

Mientras las economías regionales sigan estancadas y las rutas no lleven sus producciones a los puertos será imposible pensar en un panorama distinto.

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