Los vetos de Cristina y Aníbal

Por: Ricardo Roa

Previsto a partir del 2010, el vetómetro K anunciado por Agustín Rossi empezó a funcionar antes de tiempo. Comunicado del Boletín Oficial: los artículos 107 y 108 de la Reforma Política, que le daban a los partidos chicos dos años para adaptarse a las nuevas reglas, dejaron de existir ayer por obra y gracia de la Presidenta.

El veto puede hacer caducar las personerías jurídicas de agrupaciones que acompañaron al oficialismo y hasta fueron decisivas en leyes como la de medios, los superpoderes, suba de retenciones y la estatización de Aerolíneas y las AFJP.

Pasó lo que se conoce de sobra: el kirchnerismo es un mal pagador. Los artículos tumbados habían sido fruto de acuerdos entre la bancada de Rossi y la oposición. Pero igual que en otras cosas, la negociación funcionó como un espectáculo: hubo una apariencia de debates y de consensos y de respeto por lo que se vota. Y luego, la mano del Gobierno que destruye todo e impone desde arriba sus propios criterios.

Si con un Congreso adicto que votó como una escribanía a libro cerrado todo lo que mandó la Rosada, salvo apenas un puñado de proyectos, la Presidenta impuso 18 vetos ¿qué puede esperarse con el nuevo, donde no tiene la mayoría?

Es la misma lógica que aplica Aníbal Fernández: lo que no le gusta no se hace aunque haya que pasar por encima de la Justicia. El jueves pasado ordenó a la Policía desobedecer al juez que había decidido el desalojo del gremio de aeronavegantes controlado por kirchneristas. El juez lo denunció a él y a un comisario.

La policía depende de Fernández pero es un brazo ejecutor de las órdenes judiciales. Así está organizada en un Estado compuesto por tres poderes. Sólo que en la democracia K, hay uno que pretende estar sobre los otros dos.

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