El verticalismo acrítico

Por: Ricardo Kirschbaum

Como siempre, lo que está en juego es el poder y sus límites. La pulseada con Martín Redrado es reveladora de los procedimientos disciplinarios que el oficialismo utiliza cuando sus planes encuentran obstáculos institucionales, como está ocurriendo ahora.

El Gobierno, según lo ha dicho Aníbal Fernández, está convencido de que las reservas les pertenecen porque han sido generadas gracias a la política impulsada por los Kirchner. Y que deben ser de libre disponibilidad para cancelar deuda, como dice el DNU de la discordia, o para sostener el gasto público, tal como lo reveló el comunicado de Roberto Feletti, anticipatorio de la ofensiva final contra Redrado.

El avance tiene un costado peligroso que algunos en el Gobierno advierten por lo bajo, pero no se atreven a verbalizarlo por temor a la represalia política. Esto es la posibilidad de que los fondos buitres, que siguen pleiteando contra Argentina, puedan pedir embargos sobre las reservas.

El riesgo es un hecho. Pero Kirchner está dispuesto a correrlo: su política necesita un financiamiento generoso para sostenerse. Las vallas políticas o legales que se opongan deben ser franqueadas y los funcionarios que tengan objeciones, apartados.

Redrado es jefe del Central por decisión de los Kirchner. Ahora forma parte de la "derecha" porque advierte que el avance sobre las reservas puede tener un efecto negativo para el programa monetario y económico. La descalificación y la presión directa, dos de las herramientas favoritas de esta gestión, ya están funcionando.

La crisis con el Central es otra expresión del verticalismo acrítico en el que el funcionamiento institucional y sus equilibrios están subordinados a las ilimitadas apetencias políticas.

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