Vergüenza Nacional.

COPA LIBERTADORES / NACIONAL (P) 4 - RIVER 2: River quedó afuera de la Copa, otra vez, en la primera fase. Lo humilló un equipo que estaba eliminado. Ultimo, no para de coleccionar fracasos...
Lo que habrá sido la vergüenza, el papelón, el llámelo como quiera que ofreció River anoche en Paraguay, que la eliminación del año pasado a manos de San Lorenzo en octavos de final suena hasta decorosa. Algo es seguro: la derrota de anoche es bastante más fea que la de Caracas del 2007, porque este Nacional, otro equipo sin historia ni pedigree, estaba ya eliminado y apenas había sumado un punto en toda la Copa. Pero hay que ver que se discute entre Guatemala y Guatepeor...

Porque para ganar una final (o al menos empatarla para seguir con vida un rato más) hay que jugarla como tal, hay que estar convencido en mente, cuerpo y alma, y demostrarlo más en la cancha que en los medios. Y a River le faltó carácter, y sobre todo jerarquía, para hacerse de un partido que era suyo, que debía serlo, ante un rival que ya estaba de paseo y que venía de un trajín (seis partidos en 23 días) al que no estaba acostumbrado. Aún así, cada vez que Fabbiani estuvo cara a cara con el gol, definió dubitativo, tímido, calladito. Y en sus piernas y en su cabeza se explica buena parte de esta eliminación, que en el fondo no sorprende ni a propios ni a extraños.

De entrada, River se plantó con autoridad, pero no fue una actitud sustentable. El equipo de Gorosito tenía con qué controlar a Nacional, que no pisó el área en todo el PT hasta el penal inexistente de Ahumada (tan inexistente como el que inventó Fabbiani). Y aún así, este Millonario empobrecido no supo cómo meter la pelotita en el arco contrario, y eso que chances tuvo. Y de sobra.

Después del descanso, con Abelairas por Domingo para buscar más juego, River pareció ir dispuesto a quemar las naves. Pero se incendió solo: ¿qué intentó hacer Buonanotte, yendo con la plancha sobre un rival? Nacional se defendía en su propia área grande y el equipo de Gorosito, en lugar de mantener la cabeza fría, se quedaba con 10. Aún así, a los 20 del segundo tiempo, el Ogro tuvo un centro llovido, lindo, para darle de lleno de cabeza. Pero qué va, le salió una peinada miserable a las manos del arquero. Ah, y por si fuera poco, de contraataque pasó a ganar Nacional. El resto de la noche estuvo de más. El tercero, el cuarto del equipo local y el descuento, casi por vergüenza, de Gallardo. Un pincelazo de talento que pareció más un recuerdo de lo que ya no está y que no parece tener ganas de volver...

Las puteadas, los "que se vayan todos", que asomaron con el 1-1, volvieron para quedarse. Las esperanzas de un milagro se fueron con el zapatazo de Rosales en el travesaño. Después, la cruda realidad, la postal de cabezas gachas repetida, el cuento de que la culpa la tiene el árbitro y este River que colecciona papelones con una dedicación sin igual.

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