Veredas rotas: caminar por el centro es casi una carrera con obstáculos

A cien metros de la Plaza Roca, las aceras están plagadas de baldosas flojas, salidas o rotas. Pero además hay pozos, tablas y desniveles de todo tipo. Ya hay una demanda contra la Municipalidad por una persona que se lesionó al pisar una rejilla en mal estado.
Caminar por el centro de la ciudad puede convertirse en una pesadilla, como le pasó a María del Carmen Cappellari, que pisó una rejilla que cedió y terminó con un hueso del empeine quebrado. Está enyesada y al menos deberá invertir tres meses en sesiones

de fisioterapia después de que le quiten el yeso. Ahora le hará juicio a la Municipalidad.

Este caso podría repetirse a diario por el mal estado en que están las veredas de toda la zona céntrica, la que reúne el mayor movimiento de peatones de la ciudad.

Ayer, en un relevamiento realizado por PUNTAL a cien metros alrededor de la Plaza Roca, se advirtió el marcado deterioro y las dificultades que tienen los peatones para circular.

Es que como dato estructural, las veredas de la ciudad son angostas, principalmente en la zona central. Y si a esto se le suma que muchas veces presentan pozos, baldosas flojas, salidas o rotas, las posibilidades de caminar sin caerse se reducen fuertemente. Más aún en los horarios pico, como puede ser el mediodía, o en las jornadas previas a las fiestas.

Pero si para cualquier persona suele ser complejo, las madres con los cochecitos de bebé, las personas en silla de rueda y los no videntes constituyen un grupo con dificultades extremas. Allí podría incluirse también a los ancianos.

Lo cierto es que la ciudad ha ido perdiendo lentamente las condiciones básicas para asegurar un traslado sin sobresaltos de los peatones.

En la recorrida realizada ayer se encontraron daños en veredas de comercios, bancos, galerías y de hasta la Policía, en calle Belgrano.

Para peor, el clima tampoco ayuda. Las lluviosas jornadas de los últimos meses -en noviembre, uno de cada tres días se presentó nublado con precipitaciones y en diciembre alcanzó al 50% de las jornadas- impactaron en dos puntos: por un lado aceleraron el deterioro de veredas por el efecto del agua y su acumulación en aquellos lugares donde ya hay roturas; mientras que por el otro hicieron aún más complejo el tránsito porque además de esquivar huecos, los desniveles formaron charcos y las baldosas flojas se convirtieron en trampas certeras para los distraídos.

El estado de las aceras es responsabilidad de cada frentista, pero las consecuencias legales pueden terminar involucrando a la Municipalidad. Por eso el caso de Cappellari es testigo, y advirtiendo el estado general del centro podría estar lejos de ser una excepción.

Es que el Estado Municipal tiene el poder de policía para ejercer los controles y hacer cumplir con las exigencias a cada uno de los riocuartenses. Por eso, más allá de la responsabilidad del frentista sobre su vereda, el Municipio es pasible de ser demandado si un hueco o una baldosa floja termina lesionando a alguien. El no hacer cumplir las disposiciones vigentes la hace vulnerable jurídicamente. De todos modos, la Justicia después debe determinar en aquellos casos en los que sí su responsabilidad es inobjetable y en los que es más confusa, lejana o inexistente.

“La demanda en esos casos se plantea contra el frentista, que es el primer responsable, y el Municipio por haber omitido su rol de contralor. Pero cuidado, esto no quiere decir que la Justicia siempre falle a favor del demandante ni mucho menos. Hay que analizar cada caso en particular”, explicó un abogado local con antecedentes en la función pública.

Junto con el de las veredas, la Municipalidad también sufrió demandas por accidentes de tránsito que involucraron a automóviles sin seguro, también por no cumplir con su función de controlar -o ser ineficiente al hacerlo- el cumplimiento de las normas.

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