Verdes, eurofóbicos y piratas cibernéticos ganan terreno

Varios partidos minoritarios cosecharon bancas en el Parlamento Europeo
PARIS.- Verdes, euroescépticos, eurofóbicos, populistas, extremistas xenófobos y hasta piratas cibernéticos, con unas 170 bancas en total, tendrán una enorme gravitación en el futuro Parlamento Europeo surgido de las elecciones en los 27 países del bloque.

La influencia de esos grupos heterogéneos se dará esencialmente en el plano de las ideas -como demostraron los diputados ecologistas en los últimos años-, aunque les será difícil pesar en las decisiones.

Euroescépticos y partidos protestatarios ocuparán alrededor de 120 bancas de las 736 del hemiciclo europeo de Estrasburgo. Si bien esa cifra mortifica a los grandes partidos tradicionales, seguramente no conseguirá quebrar los equilibrios políticos que regulan la institución europea desde su creación: aunque son euroescépticos declarados, los conservadores británicos no tienen nada en común con los xenófobos italianos de la Liga Norte o la agrupación islamófoba del holandés Geert Wilders.

La presión que ejercerán las pequeñas formaciones es potencialmente explosiva, a tal punto que podría empujar a los conservadores británicos a regresar al bloque del Partido Popular Europeo (PPE), que acaban de abandonar.

"Esas formaciones extremistas y eurofóbicas harán, sin duda, mucho ruido. Todas tienen un verdadero potencial de perturbación con sus noes, pero eso no se traducirá obligatoriamente en coaliciones. Esos grupúsculos no son «presentables» para los grandes partidos, que tratarán de ignorarlos cuando se trate de votar", opina Antonio Missiroli, del European Policy Center.

Tampoco el avance de la extrema derecha en ciertos países prefigura la inminente creación de un grupo parlamentario en Estrasburgo.

Hasta el momento, sus inclinaciones nacionalistas han sido el mayor obstáculo para la unidad de acción. Prueba de ello fue el fracaso del intento que protagonizaron 23 representantes de esas corriente en 2007. Denominado Independencia, Tradición y Soberanía (ITS), el bloque se disolvió poco después de su creación, debido a los insultos que profirió la italiana Alessandra Mussolini contra sus aliados rumanos: "Todos los rom [gitanos] son ladrones".

A pesar de esa fragilidad, los grupos eurofóbicos y extremistas obligarán a las grandes agrupaciones a tener en cuenta los intereses de ese tipo de electorado. "Estamos ante una innegable tendencia de repliegue identitario en Europa. Y los partidos de derecha tradicionales han comenzado a integrar esa variable en sus discursos pronunciándose, por ejemplo, contra el ingreso de Turquía a la Unión Europea (UE)", explica Jean-Dominique Giuliani, analista de la Fundación Robert Schuman.

Ni de izquierda ni de derecha, la cibernética entró también en el Parlamento Europeo con la banca obtenida en Suecia por el Partido de los Piratas. Símbolo de las nuevas formas de protesta política de las jóvenes generaciones, la pequeña formación reclama una legislación que autorice las descargas gratuitas en Internet y se propone proteger la vida privada de los internautas que, a su juicio, está amenazada por la vigilancia ejercida por las nuevas tecnologías.

Los verdes

Hace 40 años, los verdes eran vistos en Europa como un movimiento extremista al servicio del Kremlin. Hoy, tras los resultados que obtuvieron el domingo, los partidos ecologistas pueden ser considerados el nuevo progresismo continental.

"Los verdes fueron los grandes ganadores de estas elecciones. Fueron los únicos capaces de enviar un mensaje moderno y coherente", afirma Jan Sundberg, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Helsinki.

Empujado por una ola de preocupación mundial por los efectos del calentamiento de planeta, el grupo Verdes-Alianza Libre Europea obtuvo 53 bancas en el Parlamento, contra 43 en la asamblea anterior. Cuarto grupo parlamentario en Estrasburgo -detrás de los conservadores, los socialistas y los demócratas liberales-, los verdes fueron el único bloque importante cuya proporción aumentó en estas elecciones: del 5,5% al 7,1%.

Francia representó la mayor sorpresa verde de estas elecciones cuando el partido Europa Ecología, liderado por Daniel Cohn-Bendit, llegó en tercera posición (16,2%) a nivel nacional, prácticamente codo a codo con el Partido Socialista (16,4%).

Los ecologistas también llegaron en tercera posición en Alemania (12,1%), donde hicieron una exitosa campaña a favor de la energía renovable; ganaron posiciones en Luxemburgo (el 12,2% contra el 11,6% en 2004) y en Portugal, donde se aliaron con el Partido Comunista y obtuvieron el 10,65% de los votos. Por primera vez, el movimiento ganó una banca en Grecia (3,3%), mientras suecos y finlandeses pasaron de uno a dos diputados respectivamente.

Si bien en Gran Bretaña, España, Italia y Austria los ecologistas no obtuvieron la progresión esperada, sus posiciones en defensa de la preservación del planeta, la solidaridad social y un capitalismo más humano los hace aparecer cada vez más como la nueva alternativa del siglo XXI, llamada a conquistar poco a poco el sitio que ocupaba la socialdemocracia hasta hace algunos años.

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