Los verdaderos intocables

Por Carlos Pagni

La designación de Ricardo Bellagio como superintendente del Sistema de Salud es parte del doble pacto sindical que se teje en estas horas. Por un lado, el de los Kirchner con Hugo Moyano (ya viejo, pero en constante reconstrucción). Por otro, el de Moyano con los que se le resisten en la CGT, "los Gordos". No debería sorprender que los acuerdos, en este ambiente, tengan que ver con dinero. En este caso, $ 2500 millones. Para empezar a hablar.

Bellagio es un burócrata del sanitarismo, que estuvo a cargo del área económico - financiera de la Superintendencia durante la gestión de Héctor Capaccioli. Capaccioli era aquel recaudador de campaña de Cristina y Néstor Kirchner que reportaba a Alberto Fernández y que debió renunciar como superintendente cuando se conocieron sus vinculaciones con droguerías reguladas por él e involucradas en la venta de efedrina.

Bellagio es, en relación con las facciones sindicales, neutral. Al menos ésa fue la explicación que escucharon del ministro de Salud, Juan Manzur, dos gremialistas enemistados con Moyano, que lo visitaron ayer por la mañana.

La designación de Bellagio es parte de la cuenta pendiente de los Kirchner con Moyano por la subordinación de la CGT al Gobierno. El camionero ya había conseguido la cabeza de Graciela Ocaña, pero todavía le faltaba cobrarse la del superintendente desplazado ayer, Juan Rinaldi, acaso más valiosa que la de la ministra. En un principio, cuando manejaba los subsidios a las obras sociales en la Administración de Programas Especiales (APE), Rinaldi se presentaba como un subordinado incondicional de Moyano. Pero cuando descubrió que podía quedarse con el lugar de Capaccioli, se sumó a Ocaña y a sus investigaciones sobre los fondos de las obras sociales. Los días de Rinaldi comenzaron a estar contados desde que en el Sindicato de Camioneros recibieron la primera carta documento con inquisiciones sobre el manejo del dinero. En el barrio de Moyano esas cosas no se hacen.

Sería un error pensar que al camionero, como se dice en esos casos, "no le importaba la plata, sino el hecho". No. El conflicto con Ocaña-Rinaldi tuvo un efecto insoportable para los voraces sindicalistas: el bloqueo de un reparto de más de $ 2500 millones que ellos pretenden recibir como subsidios a sus organizaciones de salud. Se trata de contribuciones laborales que se acumulan en una cuenta del Banco Nación y que, por deficiencias contables, no son imputadas a ninguna obra social.

Al comienzo de su reinado, era costumbre que Moyano distribuyera ese pozo con un ostensible favoritismo político. Esta arbitrariedad fue la razón principal, si no la única, del entredicho del camionero con Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo, Oscar Lescano y José Pedraza, es decir, con "los Gordos". La guerra alrededor de ese dinero llevó a Moyano a preguntarse si no serían esos "compañeros" quienes suministraban la información con que Ocaña y Rinaldi alimentaban sus denuncias.

Este enfrentamiento, a todas luces filosófico, condujo a los disidentes a amenazar con el vaciamiento de la CGT, una vez que su secretario general perdió, con los Kirchner, las elecciones. Al minar el poder de Moyano, "los Gordos" estaban advirtiendo al Gobierno que ya no le alcanzaría con cebar al camionero para mantener la paz social. Uno de ellos -que ensaya su rebeldía apoltronado a una mesa de un restaurante de Puerto Madero- envió un mensaje inequívoco a De Vido: "Si quieren que volvamos a la CGT, pongan también a alguien nuestro a repartir los subsidios".

De Vido todavía no pudo satisfacer esa exigencia. Pero, con la designación de un superintendente neutral y fogueado, como Bellagio, emitió una primera señal amistosa. Además, Bellagio es contador; nada más indicado para distribuir con equidad la piñata de $ 2500 millones.

El futuro de la APE

Queda otro cargo en el reparto: la jefatura de la APE. Manzur, el ministro, había ubicado allí a Mario Koltan, tucumano como él. Para eso desplazó a un delegado de Moyano, Hugo Sola. Fue como tocar un cable de alta tensión: el camionero se lanzó a las radios proponiendo a Eduardo Duhalde como presidente del PJ y, enseguida, consiguió que Sola volviera, de manera provisoria, a su sillón. Por suerte Koltan es dueño de una prepaga y Manzur pudo aducir que lo desplazó por una incompatibilidad.

Mientras tanto, De Vido sigue haciendo gestiones para reunir en una misma mesa, acaso la próxima semana, a Moyano y "los Gordos". De ese armisticio depende la participación del bloque disidente de la CGT en el Consejo Económico y Social, esa especie de respirador artificial al que busca conectarse el Gobierno, debilitado. Igual, le sobra tiempo a De Vido: si el campo no se pliega, es imposible congregar al Consejo.

La restauración del vínculo con Moyano y el intento de coparticipar la "caja" con sus adversarios internos son dos aspectos de un movimiento más general del Gobierno en el área de la Salud. Después de ilusionarse con una reforma a través de las gestiones de Ocaña, en el PAMI y en el Ministerio, los Kirchner se rindieron ante un esquema de poder establecido en ese campo desde mucho antes de que ellos llegaran a Olivos. La parábola es parecida a la que los llevó, en materia de Seguridad, desde la utópica gestión de Beliz hasta el hiperpragmatismo de Aníbal Fernández.

Esta restauración se exhibe también en la selección de personal de Manzur. Reaparecen allí varios de los funcionarios que colaboraban con Ginés González García -padrino profesional del nuevo ministro- y que Ocaña había desplazado, a veces con denuncias penales. Uno es Andrés Leibobich, en la Subsecretaría de Fiscalización, con quien podría volver también -aunque sólo como asesor- Oscar Cabarra. O José Priegue, en la Unidad de Financiamiento Internacional, subordinado ahora a la contadora Verónica Ferraris, recomendada desde la Secretaría de Hacienda. Aquellos funcionarios, discípulos de González García y de Marcelo Ondarzú, tienen un motivo más excitante que el mero retorno para aplaudir a la rueda de la fortuna: la salida de Ana Talco, la mujer a quien Ocaña había destacado para investigarlos a ellos.

Comentá la nota