Las verdaderas batallas de Guillermo Moreno

Por Martín Kanenguiser

Reconfortado estará Guillermo Moreno cuando se difunda hoy el IPC de junio muy cercano a cero, la misma sensación térmica que a él le gustaría transmitir para los precios minoristas que, según varios economistas que integran el Gobierno, crecen entre el 15 y el 20 por ciento anual.

Reconfortado también porque, se vaya o se quede, ya logró el apoyo de varios ministros (inclusive aquellos como Florencio Randazzo, que tuvieron que desdecirse en 24 horas de sus críticas al Indec) y de Hugo Moyano, que se olvidó de que la inflación reprimida por las estadísticas oficiales le quita fuerza al pedido de mejores salarios por parte de los trabajadores que asegura representar el líder de la CGT.

Reconfortado, por qué no, porque aunque en algún momento deba correrse a un costado, la decisión oficial es, en el mejor de los casos, corregir el índice de precios "hacia adelante", de modo de no tener que justificar la estafa de los últimos dos años a partir de la distorsión que comenzó con el IPC y siguió con las mediciones de crecimiento, industria, desempleo y pobreza.

Reconfortado, finalmente, porque en todo este tiempo ha podido hacer lo que cree que es mejor para el matrimonio presidencial que gobierna desde 2003, aunque eso no sea lo mejor para "el pueblo trabajador" que él dice defender, sin perder de vista a la vez al club de sus amores, Racing.

Por esta última razón, días atrás, entre apriete y apriete, se hizo un rato para llamar a la producción del popular programa televisivo repleto de imitadores para quejarse porque alguien lo había identificado con Independiente.

Eso no se hace: mentir sobre las estadísticas sí, pero confundirse con el club adversario de toda la vida, nunca.

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