Verbos, adjetivos, sustantivos y demás vocablos y neologismos del folclore proselitista tucumano

Tutuqueros: son aquellos punteros que recorren los despachos oficiales, con una planilla en mano, que según ellos contiene hasta 500 nombres de potenciales votantes que les son fieles y que pueden votar al mejor postor a cambio de "tutucas" (dinero).
Rosquear: es buscar a "los jugadores" que le sirven al dirigente para negociar con ellos por un mutuo beneficio. Por ejemplo, si alguien quiere ser diputado nacional o legislador buscará a un intendente para hacer la rosca.

Hacer la plancha: dícese de aquellos políticos que mantienen un perfil bajo, que no aparecen o que directamente no trabajan ni siquiera en su territorio. Según el caso, se aplica a los candidatos cuya elección está asegurada y que por tanto no se esfuerzan, o de los dirigentes enemistados con un candidato de su propio partido, que se "congelan" durante el período de elecciones.

Morralero: es el dirigente que ofrece sus servicios a varios candidatos a cambio de plata, y que al final no cumple con nadie. Por su deslealtad, también se los denomina "buscas", y terminan desairados por la mayoría de la dirigencia política. Por ese accionar nunca llegan a ser "punteros".

Bolsonero: es, quizá, la definición más popular de los últimos tiempos en la práctica política. Se refiere a quien reparte los bolsones con alimentos a los votantes durante el día de la elección.

Cuadro: dirigentes de marcada formación política. Eso sí, la educación es fundamental, pero no suficiente. Un "cuadro" no es quien mejor habla sino quien mejor hace entender a los demás las cuestiones más complicadas.

Trastada: fue un término muy usado en el advenimiento de la democracia argentina. Aunque cayó en desuso, se refiere a una jugarreta política para dejar mal parado al adversario.

Operador: es quien trabaja como intermediario entre los intereses de un partido y los propios (cualquiera sea su índole). En la práctica, el término se utiliza para designar despectivamente a quienes se inician como asesores y terminan siendo ejecutores de toda clase de maniobras políticas internas o externas.

Puntero: es el dirigente barrial que aglutina a los votantes. En muchos casos, de ellos depende el éxito o el fracaso electoral de muchos candidatos. Deben contar con la adhesión de la gente y, principalmente, deben saber manejar una estructura electoral para controlar la votación.

Mesa chica: es donde confluyen los más importantes dirigentes para tomar decisiones y luego bajar directivas al resto de los partidarios. Es el lugar adonde aspiran a llegar todos los dirigentes, pero sólo hay lugar para unos pocos.

Carpa: es la casa un puntero barrial, donde se cita a los votantes en el día de la elección. En ese lugar, se prepara un asado con la premisa de evitar que la gente resulte tentada por un adversario. El puntero no deja salir a nadie hasta que llega el vehículo que los llevará a una escuela para votar. No todos pueden practicar esta modalidad, ya que requiere contar con un elevado presupuesto.

Valijero: se utiliza desde hace tiempo para calificar al dirigente o colaborador que traslada el dinero para un determinado fin. Cuando estalló el escándalo de las coimas en el Senado, durante la gestión De la Rúa, el término tomó una mayor dimensión a partir de la confesión de Mario Pontaquarto, sobre la entrega de fondos para lograr que se aprobara una nueva ley de flexibilización laboral.

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