Verbofagia

Por Jorge Fontevecchia

No pocas veces se confunde rareza con genialidad. Por lo menos al principio, lo exótico suele resultar exquisito. En parte esto explica por qué cuanto más disparatadas fueron algunas acciones de Néstor Kirchner más se las consideraba fruto de una estrategia acabada, que buscaba alcanzar un fin preciso, y elaboradas por una mente superior.

No pocas veces se confunde rareza con genialidad. Por lo menos al principio, lo exótico suele resultar exquisito. En parte esto explica por qué cuanto más disparatadas fueron algunas acciones de Néstor Kirchner más se las consideraba fruto de una estrategia acabada, que buscaba alcanzar un fin preciso, y elaboradas por una mente superior. Todo lucía infalible. Si decidía que su esposa lo sucediera como presidente, era para no sufrir el desgaste de los segundos mandatos. Si se peleaba con casi todos, era porque construía sumando como enemigos a sectores no queridos por la sociedad.

Los hechos vienen demostrando que si alguna vez esa técnica funcionó, ya no funciona más. Pero el ex presidente pareciera emocionalmente incapacitado para percibirlo. Habla, habla y habla, sin parar, en una verbofagia que ya lastima a su esposa y se encamina a golpear sobre muchas otras cosas.

En el caso particular de su esposa pareciera haber un goce con algún matiz sádico y un amor con algunos componentes perversos, porque cada vez que habla de ella, aunque conscientemente desee ayudarla, da a entender que es una pobre mujer, carente de autonomía e incapaz de ocupar el puesto sin su ayuda.

Esta semana dijo de ella: “Cristina, pobre, hace todo sola porque Cobos es una máquina de impedir. Cristina, seguí con todas las ganas, no importa que Cobos sólo espera que las cosas no salgan para cosechar en el futuro”. “Cristina no tuvo la suerte de tener un vicepresidente leal como otros.” Y ya la semana anterior había dicho: “Cristina me reprocha todas las mañanas: ‘¡Mirá el vicepresidente que me pusiste!’”.

O sea: Cristina ni siquiera eligió a su propio vicepresidente y no puede hacer todo ella sola. Independientemente de consideraciones políticas o jurídicas sobre el vaciamiento institucional de la figura presidencial, psicológicamente Néstor Kirchner maltrata verbalmente a su esposa porque la deja expuesta ante la opinión pública como un títere.

¿Por qué un esposo haría eso con su esposa? En La elegida, el último libro de Jorge Asís, el autor describe una estructura de sometimiento y cuenta que “la elegida ha sido una mujer golpeada por el elegidor” quien “la deja subirse, de manera artificial, como si le diera cuerda, porque tiene la certeza de que se va a caer para entregarse a su dominio, suplicante y mansa”.

Pero no sólo con su esposa –por lo menos verbalmente– Kircher es un maltratador, sino con todos. Hoy ya queda claro que no se trata de una estrategia para recuperar la autoridad de la figura presidencial, como le gustaba justificar a Alberto Fernández en los primeros años, ni tampoco una “inteligente” adecuación al conflicto permanente del filósofo nacionalista alemán Carl Schmitt, sino de una personalidad adicta al maltrato patológico, una disfunción psicológica expuesta en detalle en El acoso moral de la francesa Marie-France Hirigoyen, la mayor experta mundial en el tema. “Cuando una interacción asimétrica y destructiva de este tipo arranca entre dos personas, lo único que hace es ampliarse progresivamente, a menos que una persona del exterior intervenga enérgicamente”, dice Hirigoyen.

Un espiralamiento de la verbofagia de Kirchner se viene dando estas últimas semanas. Al desprecio por la investidura presidencial sumó la directa humillación de la figura vicepresidencial para luego tocarles el turno a la prensa, la Justicia y todos aquellos que no se alineen con sus intereses.

Dijo Kirchner: “Me dicen que no hable del vice porque lo voy a hacer importante y yo digo que no me importa hacerlo importante o no. Aparte ser importante por la defección, Dios nos libre y nos guarde por el lugar que le va a guardar la historia”. “Fueron tan duros con Borocotó, que es una gran persona”, y “permisivos con el vicepresidente”. “Hay que terminar con ese doble estándar. Cuando un justicialista rompe con el partido es un héroe y cuando alguien adhiere al justicialismo violó todos los principios. Por qué se juzgan tan distinto las conductas.” “Nos intentan quebrar. No pueden entender por qué crecimos.” “No vamos a regalar lo logrado. Vamos a dar batalla lugar por lugar.” “Están los que quieren ver el fin de nuestros días.” Son “los que generaron la crisis de 2001”. “Vamos a ganar las elecciones con la prensa en contra y las vamos a disfrutar mucho más.” “A algunos sectores de la prensa les pido: ¡por favor, sean independientes! En los medios públicos nos piden que no se haga oficialismo y está bien. Y en los medios privados, ¿qué pasa? Les pedimos que sean independientes de los intereses de las empresas. ¡Vuelvan a ser periodistas!” “Hace pocas horas se pagaron US$ 1.300 millones de vencimiento de deuda y está asegurado el pago para el 2009 al 2011. Esto marca otra derrota de los analistas internacionales que decían que no íbamos a poder hacer frente a esos compromisos.”

Ayer le tocó el turno a la Justicia. El jefe político de Néstor y Cristina Kirchner en sus épocas de alumnos de la Facultad de Derecho de La Plata, y mandamás del Consejo de la Magistratura que se modificó para usarlo como una espada de Damocles sobre la cabeza de los jueces independientes, Carlos Kunkel, anunció que pedirá juicio político a los jueces de la Sala II de la Cámara Nacional de Casación (lo mismo hizo luego el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde) por la liberación de veinte represores de la dictadura, entre ellos, Alfredo Astiz y Jorge Acosta. Hace ya algunas semanas, el abogado de Moyano y diputado laboralista más importante del país, Héctor Recalde, especuló con el juicio político nada menos que a la Corte Suprema luego del fallo sobre la libertad sindical. Kunkel se refirió ayer a la Justicia como “la corporación judicial”.

El juez de la Corte Carlos Fayt dijo que “el país no puede intranquilizarse” con el fallo de la Cámara de Casación, porque “lo único seguro es que esta gente está detenida, y sigue detenida. No es culpa de la Justicia la excarcelación de los represores de la ESMA, es del Congreso, que no ha dictado las normas procesales necesarias que permitan avanzar con los 800 juicios que hay parados”, advirtió el magistrado.

Este último conflicto con la Justicia es apenas la punta del iceberg. Las tensiones entre el Gobierno y los jueces también se espiralizan y resulta difícil comprender qué estrategia políticamente sensata podría basarse en incorporar de enemigo al Poder Judicial en bloque.

Si se repasan las peleas acumuladas desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, se suman casi todos los sectores: organismos internacionales, países vecinos y con inversiones en la Argentina, el periodismo, la Justicia, los empresarios y una significativa parte de los propios aliados o partidarios del Gobierno que, progresivamente, fueron dejándolo o fueron despedidos por él. Apenas le queda al kirchnerismo el sindicalismo que lidera Moyano y los políticos que dependen de los aportes del Gobierno nacional a sus distritos. Muy poco para transitar tres años con el caballo cansado por una cuesta empinada.

Si el Gobierno continúa agregando nuevos contingentes a la lista de sus adversarios, corre el riesgo de hundir la nave que lo trasporta hasta 2011.

Comentá la nota