"Veranito financiero", en medio de una economía fragmentada

Por: Daniel Fernández Canedo

La Argentina vive un "veranito financiero". Es porque el dólar baja en el mundo y eso reduce los riesgos a nivel internacional. Por eso, bonos como los argentinos, que hasta hace unas pocas semanas ofrecían rentas jugosas de más del 20% anual, se hicieron muy atractivos.

Los en teoría indeseables "capitales especulativos" jugaron esta vez a favor de la calma.

¿Y el Gobierno no hizo nada? Sí, se esmeró en subrayar que su intención es obtener crédito voluntario en los mercados.

Además, después de pagar los bonos Boden 2012, el ministro Amado Boudou adelantó que a fin de año también tienen previsto desembolsar US$ 1.500 millones para cumplir con la renta del que se conoce como bono atado al crecimiento.

La creencia de que la Argentina no volverá a caer en cesación de pagos fue el motivo que determinó dos resultados:

Algunos títulos públicos subieron hasta 150% en el último año.

Se moderó la fuerte salida del dólares, que caracterizó a la Argentina hasta junio.

El cambio, en este aspecto, es sensible. Hasta ese mes venían saliendo dólares a razón de 2.000 millones por mes.

En julio, la fuga bajó hasta los todavía altísimos US$ 1.200 millones y agosto se redujo a US$ 600 millones.

En el Gobierno se refriegan las manos y creen que septiembre podría marcar el primer mes en dos años en el cual entren más dólares de los que salgan.

Esa posibilidad se basa en que ahora la mayoría de los economistas apuesta a un dólar de 4 pesos hacia fin de año.

Los expertos prevén tiempos de dólar quieto como consecuencia de lo que le pasa a la divisa en el mundo (baja frente al euro, al real, al peso mexicano, etc) y de las necesidades políticas de Néstor Kirchner.

Más allá del verano financiero, la inflación y la violenta baja del superávit fiscal representan un riesgo. Y un dólar tranquilo es una buena base, por lo menos, para serenar las subas en los precios de los alimentos.

Mañana, el índice de precios oficial del INDEC tendrá un nuevo test. Será el segundo de la era Boudou y después de que el titular del organismo insistiera en que no se le pasa por la cabeza revisar la inflación, que el Gobierno barrió bajo la alfombra en los últimos dos años.

Las encuestas privadas marcaron un aumento del índice del costo de vida de 1,5% en agosto.

Significó un salto respecto del 1% que venía caracterizando los cálculos de los economistas hasta julio.

Si bien el telón se correrá mañana, en algunos pasillos oficiales especulan con que el INDEC no difundirá una suba del costo de vida superior a 0,8%.

La economía con dos inflaciones sigue adelante y, probablemente, más aún a partir de ahora. Es que, como consecuencia de los canjes de bonos que encaró Boudou, hay menos títulos indexados para pagar.

Mientras parte de los operadores financieros festejan las ganancias, otros actores económicos se muestran preocupados por las cuentas fiscales.

Un centro de estudios de la Universidad de Belgrano mide mes a mes la capacidad de pago del país. Y en julio el indicador tuvo una caída de 39% respecto del mismo mes del año anterior.

Ese dato se potencia después del magro resultado que tuvo la recaudación impositiva en agosto.

Creció sólo 4%, pero si se descuenta la recaudación del sistema jubilatorio, prácticamente quedó en cero.

El resultado no sería inquietante si no fuese porque el gasto público sigue creciendo a razón del 30% como lo hizo hasta julio. Es evidente que algo debería cambiar si se pretende seguir esgrimiendo la caja llena como un argumento político irreemplazable.

A cortísimo plazo, la plata de la moratoria y el blanqueo ayudarán a pasar el momento, pero todos los cálculos dicen que no alcanzará a tapar el bache en el caso de que el gasto público siga al galope.

Según los cálculos privados, este año el blanqueo y la moratoria aportarán unos 1.700 millones de pesos.

De esa cifra, unos $ 1.300 millones entrarán en septiembre, con lo cual el Tesoro tendrá un respiro.

Pero, para conseguir el superávit previsto de $ 13.500 millones debería hacer un esfuerzo fenomenal en los últimos cinco meses del año. Y esa posibilidad parece vedada cuando desde la Casa Rosada se escuchan muchas definiciones menos la de un posible ajuste del gasto público.

Según otro estudio, en este caso de la Universidad Católica, las expectativas sobre la marcha de la economía vienen cayendo 15% en lo que va del año. Y se mantienen en niveles cercanos a los mínimos históricos.

Parece que, como la política, la economía está fragmentada. De esta manera se debate entre las buenas perspectivas que aparecen por el viento de cola que vuelve a soplar desde el exterior y un clima interno que no permite desplegar las condiciones para aprovecharlo.

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