Un veranito con el agua bien al cuello

Entre fines de enero y mediados de febrero pronostican que se incrementarán las lluvias. El gobierno prepara un plan de contingencia ante posibles desbordes de arroyos y canales. Las zonas ribereñas del norte provincial son las más complicadas.
La histeria del clima santafesino: después de los daños y problemas que provocó la sequía, a la que se catalogó como la más importante de los últimos 50 años, ahora asoma el peligro de inundación por la crecida del Paraná, que alcanzó los 5,04 metros en el puerto de Rosario, y las permanentes lluvias en la región. Pero todavía no llegó lo peor. Marcos Escajadillo, titular de la Subsecretaría de Protección Civil, advirtió –en diálogo con Crítica de la Argentina– que entre fines de enero y mediados de febrero se espera un incremento del nivel de precipitaciones que puede provocar desbordes de los arroyos y canales. Según un relevamiento que hizo la Dirección de Protección Urbana contra Inundaciones, hay al menos 150 localidades que corren peligro a causa del avance del agua.

Pero más allá de la crecida del principal río que atraviesa la provincia, que ya causa serios trastornos en localidades ribereñas, la amenaza principal siguen siendo los canales clandestinos que están diseminados en toda la llanura santafesina.

Esta semana, el Ministerio de Aguas pidió a los municipios y comunas de la provincia que intensifiquen los controles de las obras hidráulicas, sobre todo de los canales que los productores utilizan para retirar agua de sus campos. En La Picasa, los productores reclamaron obras al gobierno provincial ante la posibilidad de un nuevo desborde de la laguna.

Antonio Ciancio, ministro de Aguas, Medio Ambiente y Servicios Públicos, pidió "a todas las localidades que remitan en un plazo de 10 días un informe actualizado del estado de situación de cada distrito en el mes de diciembre, y que en caso de detectar obras irregulares intimen a los responsables" de estas tierras.

La provincia quiere evitar que se produzca en Santa Fe un fenómeno similar a lo que ocurrió en San Antonio de Areco, donde el gobierno nacional denunció que los productores agropecuarios de la zona realizaron canalizaciones indiscriminadas que provocaron el desborde del río y la inundación.

Esta medida apunta también a responder a algunos presidentes de comunas e intendentes que reclaman obras para contrarrestar el impacto de las intensas lluvias. Lo que remarca el gobierno provincial es que los intendentes, antes de pedir obras, primero controlen los canales ilegales que son los que provocan los trastornos hídricos más agudos.

A la par de la intimación a los municipios y comunas para que combatan los canales ilegales, muchas veces construidos por los propios gobiernos locales, la provincia comenzó a trabajar en la puesta en marcha de un protocolo ante una posible emergencia. "Desde hace dos meses, se recibió un informe del Instituto Nacional del Agua que diagnosticaba una crecida del río Paraná con caudales sostenidamente altos, acompañado de otro informe de lluvias, en determinados momentos superiores a los normales", explicó Marcos Escajadillo, a cargo de la Subsecretaría de Protección Civil. A raíz de las intensas lluvias y el aumento en el caudal del río Paraná, el gobierno declaró hace dos semanas la emergencia hídrica en el territorio provincial para posibilitar una rápida intervención en los municipios y comunas que lo necesiten. El municipio de la capital provincial también dispuso la emergencia y conformó un Comité de Emergencia, que está en sesión permanente para monitorear la situación que se vive por la crecida del Paraná.

El titular de Protección Civil de la provincia aseguró que se está aplicando "un plan de contingencia en Reconquista y en San Javier. En Arroyo Leyes, Rincón y Santa Rosa de Calchines –localidades ubicadas a la vera de la ruta nacional Nº1– "se asiste a los pobladores con bolsas de arena y se está tratando de cubrir las necesidades que plantean las autoridades locales", apuntó.

En Villa Constitución, según detalló Escajadillo, "se realizaron traslados preventivos" de la zona ribereña. Tras la extensa sequía y la bajante del Paraná durante el año pasado, muchos pobladores se instalaron a la vera del río, y ahora sus casas quedaron bajo el agua, por lo que fueron derivados a zonas más altas.

En pocos días, el Paraná llegará a 5,20 metros en la costa de Rosario. Este nivel está unos 10 centímetros por debajo del nivel de evacuación, que es de 5,30 metros. Según estimaciones del servicio de Hidrometría de la Dirección de Vías Navegables de la zona Paraná Inferior, la crecida del río llegaría a ese punto el próximo 16 de enero.

Pronostican que el Paraná seguirá creciendo

El Instituto Nacional del Agua (INA) pronosticó que, en la zona del Gran Santa Fe, el río Paraná crecerá al menos medio metro sobre el nivel actual y que superaría el nivel de evacuación previsto para la región ribereña y de islas, según se informó.

El organismo señaló que en el dique nº 2 del puerto de la capital provincial, que registra una altura de 5,42 metros, subiría entre 50 y 60 centímetros, por lo que no se descarta que se requiera que la población residente en la costa y en las islas de ese curso de agua deba ser evacuada.

Esta semana se dio a conocer un informe del director del área de modelación y pronósticos hidrológicos del INA, Juan Borus, que consideró "probable que una crecida de verano del Paraná de alta cuenca complique más la situación en la que estamos viviendo ahora".

"Delante de Santa Fe está todo el valle del Paraná, con niveles de precipitaciones por encima de lo normal, y la perspectiva es que a esta situación se le sume la crecida de verano del río que está sujeta a lo que suceda en Brasil", expuso Borus.

Uno de los problemas más serios es que mucha gente se asentó en las costas durante el extenso periodo de sequía y bajante de los ríos. Ahora que el agua comenzó a subir, esos pobladores tuvieron que refugiarse en áreas más altas. Pero esta crecida fue menos dramática que en otras oportunidades. Al estar secos los bañados y esteros de la cuenca, la crecida del Paraná fue más lenta, ya que el agua escurrió primero hacia esas zonas bajas.

Comentá la nota