Venezuela aún está mucho más afuera que adentro del Mercosur

Por: Alcadio Oña

Después del revuelo que desataron, aquí, la nacionalización de compañías del grupo Techint y la pasividad oficial frente al caso, Néstor Kirchner eligió ayer tomar por una diagonal. Dijo que el modelo argentino no es igual al venezolano, defendió la independencia de Hugo Chávez en las decisiones y calificó de "retrógrado" al intento por voltear la ley que aprobó el ingreso del país caribeño al Mercosur. Sin matices, actuó como portavoz del Gobierno que preside su esposa.

Pero en los hechos, la incorporación efectiva de Venezuela está parada y demoraría bastante tiempo más al previsto, en el supuesto de que Chávez tenga disposición real de integrarse al bloque.

La adhesión política quedó sellada a mediados de 2006, durante una cumbre de presidentes. Entonces se había fijado un plazo de cuatro años para cumplir con varias normas internas del Mercado Común, pero ese proceso, que ya se vislumbraba trabajoso, pronto entró en el freezer y ahora los años son cualesquiera menos justamente aquellos cuatro.

Para empezar, el Senado brasileño tiene hace tiempo cajoneada la ley propia que avala la adhesión. Y no sólo por el enorme embrollo político que armó Chávez, cuando a cuento de la demora llamó a los legisladores "papagayos del imperio norteamericano". La Cámara está presidida por José Sarney, un aliado del partido gobernante, lo cual podría ligar a Lula con la tardanza o hablar de su intención de dirimir antes otras cosas con el bolivariano.

Desde allí piden que Venezuela defina su acoplamiento al Arancel Externo Común. O sea, al impuesto más alto que se aplica a los bienes que ingresan al Mercosur desde países ajenos al bloque. También, que fije un cronograma de rebajas arancelarias para sus importaciones. Son medidas que privilegian el comercio entre los socios y, a la vez, espinas en la relación y las estrategias de Chávez con otros gobiernos de la región.

Por un motivo u otro -el año pasado fueron las elecciones presidenciales- tampoco se avanzó con la ley paraguaya, en ninguna de las dos cámaras. Así, lo concreto es que hay ley en la Argentina y Uruguay, pero no en Brasil y Paraguay.

Sólo por aquí, el resultado arroja poco y nada en lo que debiera ser ante todo una manifiesta determinación política a favor de la alianza. Hoy Venezuela tiene voz en el Mercosur, y Chávez la hace sonar en cada cumbre, pero carece de voto.

Fuentes extraoficiales argentinas hablan de contactos entre Brasilia y Caracas para definir un sendero de negociación extendido a todo el grupo. Casualidad o no, esas conversaciones ya estaban en marcha cuando Chávez se comprometió ante Lula a no estatizar empresas brasileñas: la reunión de ambos coincidió, eso sí, con la nacionalización de dos compañías de Techint.

Pero aun superado el trance de las leyes, lo que sigue es una discusión mucho más ardua, donde intervienen intereses concretos. Si se prefiere, definiciones clave al interior de las estructuras económicas.

Además del Arancel Externo Común, un tema crucial es el cronograma de rebajas impositivas de Venezuela a los productos que vienen del bloque. Debería ser un universo de bienes amplio, pues de lo contrario pierde sentido el acuerdo.

Estaba previsto que los productos venezolanos entraran libremente a la Argentina y Brasil en 2010. Y en 2012, los argentinos y brasileños a Venezuela, con algunas excepciones transitorias en bienes considerados sensibles. Es obvio que también estos plazos han sido barridos y que habrá otros.

Así todo el proceso esté atascado, ya hay indicios de que los funcionarios de Chávez sostendrán posiciones conservadoras. Por no decir proteccionistas, en algunas ramas industriales donde tienen desventajas.

Aunque por otros motivos, es un dato de la realidad lo que ocurre con el sector automotriz. Hace cinco meses que Caracas mantiene prácticamente cerrado el ingreso de autos de la Argentina, o autoriza alguna que otra operación luego de trámites farragosos: se comenta que una multinacional local habría decidido no exportar más.

La relación entre Kirchner y Chávez ensanchó mucho el mercado venezolano para otros productos argentinos. Pero según fuentes privadas también aquí asomaron dificultades, incluidas algunas vinculadas al cobro de ventas realizadas.

El dato común a ambos casos se llama dólares y control de cambios por escasez de dólares. Y quizás la causa del problema sea más el bajón de la producción petrolera que la caída del precio. En el mismo trance que los argentinos hay exportadores brasileños: ¿también recibirán trato favorable si Lula abre algunas líneas de crédito que negocia con Chávez?

Siempre habrá un juego tirante de intereses. Pero con el ingreso de Venezuela al Mercosur, ocurre que, por una u otra razón, se ha cubierto de sombras un paso decisivo en el fortalecimiento del Mercado Común, en las alianzas productivas y estratégicas. Y todo suena superior a los ruidos que meten actores del momento. O debiera serlo, tratándose de un proyecto que mira al largo plazo.

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