Venezuela devaluó y militares vigilan que no suban los precios

Ayer entró en vigor el nuevo tipo de cambio dual. Soldados y policías y militantes oficialistas custodian los negocios para que no se remarque. La gente hizo colas para comprar electrodomésticos. Chávez ordenó cerrar un súper por "incumplimiento".
Los caraqueños amanecieron ayer nerviosos. Sabían que era un día importante, uno de ésos -si lo sabremos los argentinos- en los que más vale no perder el tiempo porque los ahorros pueden esfumarse en horas. Desde temprano, miles de venezolanos en todo el país se lanzaron a los negocios -sobre todo a los de la venta de electrodomésticos- a la caza de heladeras y televisores, por temor a una estampida de los precios. Se veían ayer aquí largas colas en supermercados y comercios especializados. Confusión, malhumor, góndolas vacías y personajes absolutamente impensados aparecieron entre reproductores de DVD y paquetes de fideos: centenares de efectivos de la Guardia Nacional salieron ayer a vigilar que no aumenten los precios, el día en que comenzó a regir la polémica megadevaluación del bolívar, cuyo precio estaba congelado, y se estableció un tipo de cambio doble que amenaza los bolsillos de los venezolanos.

El gobierno había anunciado el viernes pasado la eliminación de la tasa de cambio de 2.15 bolívares fuertes por dólar, vigente desde 2005, y establecido las paridades de 2.60 bolívares fuertes por dólar para las importaciones de alimentos, remesas y medicinas y 4.30 bolívares por dólar para el resto de las importaciones. Para los electrodomésticos, el dólar vale el doble que para los alimentos y remedios. El bolívar fuerte hoy vale para esos bienes la mitad de lo que costaba hace tres días con salarios que no aumentaron en la proporción necesaria para acompañar el movimiento.

El presidente Hugo Chávez bien sabía que esa medida podrá generar una estampida en los precios. Por eso, ayer, hizo su aparición en escena la Guardia Nacional, junto con la policía. Ambas fuerzas, por orden expresa de Chávez, se apostaron en algunos lugares estratégicos para frenar una inminente suba de precios.

Así, en una medida más efectista que práctica, los uniformados fueron colocados para custodiar los artefactos eléctricos y alimentos importados, con el objetivo de impedir la remarcación de precios. Pero, aparentemente, no todos los comerciantes obedecieron las órdenes del gobierno. Funcionarios chavistas, acompañados de militares, inspeccionaron 96 comercios y cerraron ayer en forma temporal 70 locales en todo el país, según se informó oficialmente.

Entre los negocios clausurados se incluye una cadena de hipermercados del grupo francés-colombiano Casino, con sucursales en todo el país, por sospechas de aumento de precios en algunos productos. Aunque el castigo durará apenas 24 horas, será suficiente como para que sea, seguramente, el tema de conversación durante toda la semana.

Chávez también movilizó a sus militantes. En la misma línea de creación de hechos políticos, aunque sean de corta duración, el jefe de Estado venezolano convocó a miembros del Partido Socialista Unificado para vigilar los comercios que atienden a los más pobres y donde está su fortaleza electoral. Es la que le interesa. Como son comerciantes más pequeños, la vigilancia requiere una base más amplia de inspectores. Por eso, a partir de hoy grupos de improvisados voluntarios fiscalizarán que no haya una estampida inflacionaria.

Pese a los recaudos oficiales, los caraqueños se lanzaron a las góndolas ante lo que consideran un seguro aumento de los precios. Lo primero que desaparecía de la vista eran los televisores, las heladeras, los hornos y los reproductores de música. Muchos de los clientes apresurados dijeron estar seguros de que en poco tiempo los electrodomésticos costarían un 100% más, pero que su salario, decían con resignación, no iba a crecer el doble.

En las calles de Caracas, los clientes hacían cola bajo el sol, mientras que en el interior de algunos locales el clima era de confusión. En una importante sucursal de una agencia de cambios del centro de esta capital, los empleados estaban de brazos cruzados porque no tenían idea ayer de a cuánto cotizar el dólar. ¿2,6 bolívares en lugar de 2.15? Hay que esperar instrucciones, decían.

En las agencias de turismo también tienen inmensos mares de dudas. ¿A cuánto venderán los pasajes, que cotizan en dólares? Todo ese mercado estuvo ayer paralizado por la incertidumbre y la confusión.

Chávez, mientras tanto, sube el tono y amenaza con cerrar y hasta expropiar los comercios que tomen medidas "inapropiadas". Un empresario que pidió no ser identificado, para no entrar -según dijo- en una lista negra, señaló a Clarín que "el hábito del chavismo es crear alarma. Ya sea por la supuesta invasión estadounidense o por hechos como el cierre de grandes supermercados por apenas 24 horas. De esa manera, distrae la atención popular de los temas de fondo, que pasan a ser reemplazados por asuntos resonantes de corto alcance". En esa línea se puede entender el empeño de la directora de Inspección y Fiscalización de la República Bolivariana por convencer a la audiencia televisiva que la acción de vigilancia activa desatada ayer tendrá un carácter permanente "hasta que se acabe el último especulador". Sin embargo, en el gobierno se admite que habrá inflación, pero dicen que tendrá un impacto "leve", quizás de un 3% a 5%.

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