Los venecianos se despiden de su ciudad con un funeral

Crece el turismo pero Venecia es cada vez más cara para vivir
ROMA.- Destino de millones de turistas de todo el mundo, pero cada vez más despoblada debido a un lento e inexorable éxodo de sus habitantes, Venecia celebró ayer su propio funeral.

Con ataúd y góndola color de rosa, corona de flores amarillas, conductor con máscara y capa negra y cortejo fúnebre acuático desde el Canal Grande hasta Cá Farsetti, la sede de la comuna, el simbólico funeral tuvo un sólo objetivo: alertar al mundo sobre el drama del despoblamiento de la bellísima ciudad de los canales, un problema del cual se habla desde hace décadas y que lentamente deja al centro histórico de Venecia sin venecianos.

Tal como había informado LA NACION en agosto último, fue el grupo local venessia.com que organizó esta simbólica ceremonia para denunciar la caída de la población de Venecia por debajo del umbral psicológico de los 60.000 habitantes.

Se trata del número más bajo de toda su historia -en 1400, su época de auge, la ex "república marinara" tenía 200.000 habitantes- y de un dato alarmante: se considera la cifra de 60.000 habitantes la cuota mínima vital para que un núcleo urbano pueda considerarse una ciudad.

El principal motivo del éxodo son los altísimos precios de las viviendas, que suelen reciclarse como hospedajes para turistas -cada año llegan unos 20 millones de visitantes-, tiendas o bares.

"En 1966, Venecia corrió el riesgo de morir sumergida por el agua, mientras que ahora corre el riesgo de morir porque está perdiendo su identidad", explicó Matteo Secchi, de venessia.com.

Justamente para sensibilizar sobre la catástrofe que significa la sangría de habitantes locales de la ciudad, el mismo grupo puso un reloj que va contabilizando la apocalíptica caída de habitantes del centro histórico, en una farmacia cercana al famoso puente de Rialto, en 2008.

Ayer, tras un pintoresco cortejo fúnebre seguido por gondoleros venecianos, embarcaciones locales y lanchas llenas de periodistas, también hubo una oración fúnebre por la bella Venecia, "que no ha muerto, sino que está cansada", según dijeron en dialecto veneciano.

El funeral, sin embargo, tuvo un final sorpresa: desde el ataúd, que fue destruido a patadas, salió un lienzo con un Ave Fénix, el símbolo de la resurrección.

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