Vélez edificó un festival de goles y de fútbol en el segundo tiempo

Vélez edificó un festival de goles y de fútbol en el segundo tiempo
Maxi Moralez (2), el uruguayo López y Larrivey fueron los goleadores. El Tomba resultó una sombra.
Ahí está Vélez. Entusiasmado, invicto, ganador. Ahí está, listo para considerarse y que lo consideren candidato. Ahí está, con nombres que surgen y representan una ilusión naciente, como Maximiliano Moralez y Joaquín Larrivey. Ahí está, con un Ricardo Gareca --su técnico-- que comienza a encontrar razones que lo convencen en nombre de su objetivo más grande: conseguir en Vélez como entrenador lo que no pudo como futbolista. Ser campeón.

La goleada de ayer, ese 4-0 inobjetable construido en un solo tiempo, no sucedió --además-- contra un rival insignificante: Godoy Cruz llegó a este partido como puntero y revelación del Clausura. Con un antecedente cercano muy valioso: su visita al Nuevo Gasómetro terminó en victoria, aplausos y reconocimiento para su juego.

Es cierto: no fue un gran comienzo el de Vélez. Su primer tiempo, más allá de cierto dominio sobre un Godoy Cruz más pensado para defender que para atacar, no tuvo la impronta que consiguió luego, tras el descanso.

Lo que el equipo de Liniers hizo en el segundo tiempo no sucede con frecuencia: buen juego con continuidad, cuatro goles, dominio absoluto. Hubo un quiebre en esa etapa. Duró poco y fue determinante. Entre los 9 y los 10 minutos, Hernán Rodrigo López y Maximiliano Moralez trasladaron a Vélez de la incómoda sensación del empate a la de una victoria tranquila. Los dos goles tuvieron un protagonista central añadido: Emiliano Papa, ese lateral al que Diego Maradona le confía el costado izquierdo de la defensa de la Selección. En el primero, pateó un corner impecable que el uruguayo cabeceó de manera notable. En el segundo envió un centro que el pequeñín ex Racing aprovechó para definir de zurda.

Desde ese momento y hasta el final del encuentro no hubo otro protagonista que el local: el dueño de casa fue el dueño de todo. A esa altura, Víctor Zapata ya se había hecho cargo del equipo; Moralez se había soltado como en su mejores días del Mundial Sub 20 de Canadá, que lo catapultó al fútbol del mundo; Joaquín Larrivey ya era una inquietante presencia continua en el área visitante.

Y así, en medio de ese unipersonal de Vélez, llegaron los otros dos goles para completar el poker victoriosa para Gareca y los suyos. A los 19, Moralez mostró su precisión también con la pierna derecha para definir, en soledad, luego de un pase de López. Y a los 31, Larrivey aportó otro gol, el segundo en dos partidos desde su llegada procedente de Cagliari. El cuarto tanto también tuvo como partícipe necesario al decisivo Papa, quien envió el centro que derivó en el cabezazo del ex Huracán.

Ya no quedaba más tiempo que para el regodeo de Vélez. En Godoy Cruz ya habían desaparecido las gambetas de Hernán Encina, la lucidez de Víctor Figueroa y la constancia de Leandro Caruso. Su juego asociado no pudo justificar casi nada de todo lo bueno que se había dicho sobre él.

En realidad, sólo quedaba tiempo para que la fiesta de adentro se trasladara al contorno. El grito fue unánime, prolongado, sintomático: "Que este año de Villa Luro/salió el nuevo campeón...". Como en los tiempos de Bianchi, de Piazza, de Bielsa, de Russo. Como en aquellos días que soñaron gloria. Y luego la consiguieron...

Comentá la nota