De acá a veinte años

Por Bruno Bimbi.

El miércoles pasado, el procurador general de la Nación, Esteban Righi, firmó su dictamen en el recurso de amparo presentado por María Rachid y Claudia Castro, que se encuentra a consideración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Las demandantes solicitan que se declare la inconstitucionalidad de dos artículos del Código Civil que les impiden contraer matrimonio.

Una niña se acerca a Lindsay y Melanie, que están comiendo su porción de torta de cumpleaños durante la fiesta de su hijo, y les pregunta:

–¿Ustedes están casadas?

Melanie le responde que no y la niña insiste:

–¿Por qué no?

Las dos mujeres se miran, como buscando ayuda para responder.

–Pediles a tus padres que te lo expliquen... de acá a unos veinte años –dice finalmente Lindsay y la niña se va, luego de dejar en claro, con una mirada incrédula, que la explicación no fue suficiente.

El diálogo es de ficción y salió al aire en la segunda temporada de la serie Queer as Folk, que retrata la vida de un grupo de amigos gays y lesbianas en Pittsburgh, Pensilvania. Apuesto a que de acá a unos veinte años costará explicarles a los chicos por qué estaba prohibido que dos mujeres o dos hombres pudieran casarse, como hoy cuesta explicar por qué las mujeres no podían votar hasta hace poco más de medio siglo, por qué el divorcio fue ilegal hasta hace tan poco tiempo o por qué hubo tiempos en que los negros tenían menos derechos civiles que los blancos.

Apuesto un asado a cualquiera: dentro de veinte años, no van a poder creer que haya sido necesaria una contratapa de este diario para explicar algo tan obvio como que dos personas que son pareja y se aman deben tener el mismo derecho al matrimonio, sean dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer. "¿En serio?", preguntarán los chicos cuando les contemos que alguna vez esto estuvo en discusión.

Pero volvamos al presente.

El miércoles pasado, el procurador general de la Nación, Esteban Righi, firmó su dictamen en el recurso de amparo presentado por María Rachid y Claudia Castro, que se encuentra a consideración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Las demandantes solicitan que se declare la inconstitucionalidad de dos artículos del Código Civil que les impiden contraer matrimonio. Cuatro parejas argentinas han recurrido ya a los tribunales, como parte de una estrategia jurídica de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans para lograr el reconocimiento legal de este derecho.

El dictamen de Righi se queda a mitad de camino. Si bien reconoce que las parejas de gays y lesbianas están siendo víctimas de un trato discriminatorio y que ello es "una deuda que el sistema político-jurídico debe saldar", propone a los jueces del máximo tribunal que le pasen la pelota al Congreso para que sea éste el que "resuelva" el problema, con el mismo criterio adoptado en el caso Badaro (actualización de las jubilaciones). Es decir, Righi reconoce que nos deben, pero guarda su billetera. Que pague el Congreso, dice, como si una de las funciones de la Corte no fuera velar por la constitucionalidad de las leyes y por los derechos consagrados en la Carta Magna y en los tratados internacionales de derechos humanos. El Congreso tiene cajoneado hace dos años un proyecto de ley firmado por diputados de casi todos los bloques para legalizar el matrimonio gay. El bloque oficialista, pese a las promesas realizadas, no se animó hasta ahora a ponerlo en el orden del día de las comisiones.

Los jueces de la Corte tendrán que decidir si nos obligan a seguir esperando los tiempos de los políticos, como pide Righi, o si se hacen cargo ellos mismos de acabar con una situación de discriminación que afecta absurdamente la vida de miles de personas, violando la Constitución, que dice que todos somos iguales ante la ley. La Corte tiene atribuciones suficientes para declarar la inconstitucionalidad de las normas que nos discriminan, como lo han hecho los jueces de otros países.

Hace unos años conocí a otra pareja gay que quería presentar su propio amparo. Sabían por un amigo en común que yo había sido uno de los autores del recurso presentado por María y Claudia, que elaboramos junto al doctor Gustavo López y la doctora Florencia Krávetz, y querían que los asesorara. Ellos llevaban toda una vida juntos y no iban a esperar más, así que decidieron ir a la Justicia por su derecho a casarse. Sin embargo, no pudieron, porque uno de ellos murió sin llegar a cumplir su sueño.

Los políticos y los jueces suelen pedirnos tiempo. Pero a nosotros y nosotras nos toca vivir nuestras vidas ahora y no podemos seguir esperando. Mientras los políticos y los jueces se pasan la pelota y no se hacen cargo, el tiempo sigue pasando. De acá a veinte años, no tengo dudas de que esta discusión parecerá anacrónica, pero veinte años es mucho tiempo en la vida de cualquiera. Hace falta una decisión ahora.

De acá a veinte años, también, los libros de historia contarán cómo se terminó con esta absurda injusticia. A esos libros recurrirán los pibes buscando explicaciones.

Los jueces de la Corte tienen ahora la oportunidad de poner sus nombres en esas páginas.

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