La veda por marea roja rige en todo el golfo San Jorge.

La Secretaría de Pesca de Chubut dictó la veda el 7 de octubre último y permanece vigente debido a que la concentración de toxina es superior a los límites aceptados por el código alimentario nacional. Alertan sobre el peligro de consumir especímenes capturados en la zona del golfo San Jorge, bahía Bustamante y Camarones.
“Con la marea roja nos pasa lo del pastorcito y el lobo. La gente sigue sacando mejillones bajo argumento de que ‘siempre alertan y no pasa nada’ o ‘ayer comí y estoy fenómeno’, pero algún día podemos tener problemas”. El comentario pertenece a Ricardo Alvarez, biólogo de la delegación Comodoro Rivadavia de la Secretaría de Pesca de Chubut, organismo firmante de las vedas por marea roja. Alvarez dialogó con Diario Patagónico y explicó detalladamente el fenómeno y sus alcances.

La marea roja se produce por la proliferación de un dino-flagelado (especie de plancton) que contiene biotoxinas en su organismo y que constituye prácticamente el único alimento de los mejillones, vieyras, cholgas y otros bivalvos, que no se ven afectados, pero acumulan la toxina, peligrosa y hasta letal para el ser humano que los consuma.

Tal especie de plancton tiene un ciclo de reproducción muy especial. Cuando se dan determinadas condiciones físicas, químicas, de luz y de nutrientes, se reproducen de una manera que dio en llamarse “blum”. Lo hacen con tal profusión, que pueden llegar a teñir el mar. De allí que se la nombre marea roja.

El biólogo señaló que el nombre “marea roja” obedece a una costumbre española, pero también puede ser verde, blanca, amarilla, parda o imperceptible.

Tras estos “blums” del dinoflagelado, la presencia de toxina, supera ampliamente la concentración de 400 unidades ratón, que es el límite sanitario admitido por el código alimentario nacional. Cualquier indicador por encima de ese nivel puede acarrear consecuencias sanitarias.

COMO SE DECIDEN LAS VEDAS

Normalmente, el impacto de un afloramiento del plancton oscila entre los 2.000 a 4.000 metros, lo que sucede es que suelen darse afloramientos simultáneos que afectan toda la costa. A su vez, varían los niveles de concentración por cuestiones de marea y afloramiento. Además, el proceso se depura y vuelve a empezar, por lo que las mediciones de toxina pueden arrojar un valor de 100 unidades ratón (unidad de medida) un día, otro 600, volver a bajar a 300 y ascender nuevamente a por ejemplo 1.461 unidades, de acuerdo al último muestreo realizado en Rada Tilly.

“Los volúmenes de concentración son complicados de manejar, de hecho ningún país ha podido hacerlo”, señaló el especialista. “Por eso se toma el límite de 400 unidades como valor tope admisible. Cuando la acumulación baje de los 400 y se sostenga en el tiempo (porque puede haber picos), recién allí se levanta la veda”, graficó.

En el caso de las costas del golfo San Jorge, la prohibición rige desde el 7 de octubre de 2008 y de acuerdo a la óptica de Alvarez “es difícil que salgamos hasta mediados o fines de febrero”.

El biólogo explicó además que dado el comportamiento de las afloraciones y la variación en los niveles de toxina, no se pueden efectuar vedas puntuales sino por zonas. “Se hace así porque es la única forma en que se puede garantizar la salud de la población, no podemos asegurar que la concentración va a tener efectos nocivos, pero tampoco que no será así, y allí radica el problema, hay que velar por el 100% de la población”, puntualizó.

En cuanto a las frecuencias de muestreo sobre la concentración de toxina, la Secretaría de Pesca las efectúa con una periodicidad quincenal y semanal en período de marea roja. Además, tanto las municipalidades de Comodoro Rivadaviua como Rada Tilly realizan sus propios estudios.

LA INTOXICACION

La toxina del plancton es acumulada por todos los filtradores que se alimentan del mismo y también por algunos caracoles. La mayoría de los filtradores son bivalvos y en cuanto a las especies de la zona abarca a mejillones, berberechos, cholgas, almejas y navajas, aunque no todas las especies acumulan la misma cantidad de toxina, de la que existen tres tipos: paralizante, diarreica hemolítica y amnésica.

La toxina paralizante es la más frecuente en la zona. Sus síntomas son similares a los del envenenamiento por estricnina. Empieza con adormecimiento de boca y cara, cosquilleo en las manos, pérdida de calidad motora y paro cardiorespiratorio. Cada estadio puede detenerse en sí mismo o pasar al siguiente con rapidez. Su ingesta acompañada de alcohol aumenta la absorción y en algunos casos basta el consumo de tres ejemplares para producir una intoxicación fatal.

Sobre su tratamiento médico, Alvarez explicó que la toxina se aloja entre la terminal nerviosa y el músculo, provocando contracción y normalmente el agente que se utiliza para contrarrestar el efecto es un sedante muy potente, que hay que dosificar cuidadosamente para mantener el equilibrio.

“Lo más difícil de la marea roja es que normalmente no se trata medicamente como tal, porque la gente llega con un cuadro a la guardia y salvo que el médico pregunte qué comió, nadie va a ese camino desde el principio” señaló. Alvarez añadió que ante el primer síntoma hay que recurrir al hospital e informar de la ingesta de mariscos.

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