Los vecinos pidieron obra pública a Mestre

En la plaza de Alta Córdoba, el candidato radical bajó su propuesta de campaña; después, respondió inquietudes de vecinos.
"Permiso, permiso". Con apenas 13 y 14 años, Juan y Gustavo piden lugar al tiempo que empujan a la gente para poder acercarse a Ramón Mestre, quien acaba de dar un discurso de 12 minutos ante unas 80 personas en la plaza Rivadavia, centro neurálgico del barrio Alta Córdoba y punto de partida de su campaña callejera para las elecciones legislativas del 28 de junio.

"¿Nos podemos sacar una foto con vos?", le preguntan al candidato a senador nacional de la Unión Cívica Radical, quien accede mientras sigue estrechando manos y saludando a quienes se reunieron en la esquina de Fragueiro y Saráchaga.

Juan y Gustavo viven en Villa Los Galpones, no muy lejos de esta plaza, detrás de los viejos galpones ferroviarios. Desde su inocencia, le pedirían a este político, a quien nunca habían visto en sus vidas, que les dé una casa o que limpien la villa. "Está todo sucio. Siempre llegan camionetas que tiran basura", se quejan. Pero no pueden acercarse al candidato radical, quien está ocupado en una discusión con un ciudadano.

"Isabel La Católica tiene un problema gravísimo. Hicieron los pozos, pero no hicieron ninguna conexión. Se inunda todo", se queja Víctor Hugo Halak, de 55 años, quien tiene un comercio en esa avenida.

"Eso está claro", le responde Mestre. "Nosotros nos cansamos de decirlo. Aprobamos un proyecto ahora para que hagan el plan de obras de cloacas, para los que la Nación dijo que mandará los fondos. Pero si tenés una queja, tenés que llevarla a los guasos que han tenido la oportunidad de resolverlo, pero que lamentablemente no lo hicieron. El señor Juez tuvo tres veces un presupuesto para poder hacerlo, y no lo hizo", retruca el candidato a senador, mientras todavía suena de fondo la marcha radical.

Mestre es aún más claro para repartir responsabilidades. "Son 31 los concejales. Nosotros somos 6, no podemos hacer nada. Simplemente controlamos los actos del gobierno. A quien hay que reclamarle es a quien gobierna", exclama.

"Pero a mí no me reciben, porque soy un común y un cualquiera", afirma Halak.

"Ahí tenés. Entonces castigalo en la próxima elección", propone el concejal radical.

"¿Y mientras tanto?", pregunta el vecino, quien asegura que siempre es igual, que en la campaña se promete mucho, pero que después no hay retorno.

La charla se torna un poco tensa y uno de los presentes que rodean a los interlocutores le pregunta si es acaso un peronista.

"Yo soy pueblo, no tengo un carajo que ver con la política", responde el hombre, quien al final consigue que Mestre le proponga acompañarlo ante las autoridades pertinentes para que lo reciban y pueda plantear el tema del desagüe, una de las mayores preocupaciones del barrio.

"Vamos juntos", le promete Mestre, y la gente aplaude el final de la discusión.

El candidato accede a hablar con más ciudadanos, a quienes explica que sus pedidos son, en su mayoría, para el Poder Ejecutivo, cuando lo que se elige en junio son autoridades legislativas. Lo que les propone entonces es cambiar la Ley de Superpoderes y la de Coparticipación Federal de Impuestos.

Cuando se lo intenta hacer hablar con varios chicos que llegaron al lugar, Mestre ya no tiene tiempo. Estuvo media hora en la plaza. Se despide y se sube al auto, pero un grupo de perros callejeros retrasa su partida.

A esta altura, Gustavo y Juan ya se aburrieron. Subieron a su desvencijada bicicleta y volvieron a casa, en Villa Los Galpones.

Comentá la nota