Vecinos y comerciantes de la zona se resignan a convivir con el "caos"

Mientras los viajantes disfrutan de las nuevas instalaciones de la Terminal, a muchos vecinos y comerciantes de la zona les resulta prácticamente imposible acostumbrarse al notable incremento del flujo vehicular.-

Aseguran que "el barrio cambió" y que deben convivir las 24 horas con el sonido de los altoparlantes, las vibraciones sobre sus viviendas, el ruido de los micros y el movimiento de taxis y demás automóviles que dificultan el tránsito en este sector de la ciudad. Algunos lo definen como "un verdadero caos". Otros más optimitas dicen que "es cuestión de tiempo", aunque admiten que vivir así "es una pesadilla".

Las opiniones están divididas. El Atlántico se acercó a dialogar con los comerciantes y vecinos de las calles que rodean a la nueva estación de avenida Luro y San Juan y se encontró con realidades opuestas.

"La verdad que estamos trabajando bien, nos ha beneficiado el traslado de la Terminal. Hay más gente, subió la venta y estamos conformes", aseguró Carolina, empleada de una despensa. Contrariamente, Antonio -propietario de una perfumería desde hace casi 50 años-, aseguró: "Esto es un caos. No hay lugar para estacionar, hicieron todo de forma apresurada y no pensaron en la gente. El estacionamiento es un desastre y falta organización. Así no se puede trabajar".

Entre posiciones encontradas, surge un punto en común: todos ponen voluntad para acostumbrarse al incremento en el tránsito y al ruido constante proveniente de los altoparlantes y de los micros que ingresan y salen del predio.

Sin embargo, la buena predisposición parecería ser insuficiente. "Es todo muy nuevo, muy reciente, va a haber que acostumbrarse, pero a mi en esta semana me bajó un 50% la venta. Yo trabajo con la gente del barrio y de la zona, pero para estacionar es un verdadero caos. Está todo ocupado y los clientes no pueden comprar tranquilos", explicó Oscar, vecino del lugar desde hace 50 años y propietario de una verdulería situada a metros de la flamante Terminal.

"El barrio está un poco alborotado, con mucho movimiento. Ha cambiado muchísimo, esperemos que sea para bien", indicó esperanzada Norma, dueña de un local de la zona. "Habrá que acostumbrarse, no queda otra", agregó resignada.

Si bien el movimiento en esta zona resulta constante debido a la continua actividad del predio de Luro y San Juan, los vecinos aseguran que la situación más "caótica" se vive en horas de la mañana.

En este contexto, el camión que le proporciona el pan y la materia prima a la panadería del barrio debe estacionar a veces a 200 metros del comercio y su repartidor se ve obligado a cargar el pedido y recorrer esta distancia. Lo mismo ocurre en la carnicería, donde el transporte que reparte la carne estaciona a más de una cuadra del local y sus empleados deben llevar al hombro las medias reses.

En la verdulería de Oscar, el camión distribuidor de frutas y verduras rara vez encuentra lugar para estacionar y la historia se repite. Por eso el comerciante debió improvisar un cartel que advierte que se trata de un espacio de carga y descarga.

Las vibraciones y los ruidos conforman otro de los grandes problemas. "Tenemos el sonido de los altoparlantes en la oreja", afirmó Esther, una residente de Misiones y 9 de Julio. "Además vibran las paredes. Todo el día pasan micros que entran y salen y vibra la calle y te vibran las paredes", agregó indignada.

Algunos responsabilizan a las autoridades municipales por tomar decisiones apresuradas. Otros culpan al concesionario de la nueva estación, Néstor Otero, por no cumplir adecuadamente con su responsabilidad y garantizar el bienestar de los vecinos. Por el momento, entre incertidumbre, indignación y pocos destellos de optimismo, los residentes y comerciantes de la zona deben acostumbrarse a convivir con un "caos" constante.

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