Los vecinos del casino esperan que el complejo le cambie la cara al barrio

"Anoche fui al casino y de pronto sentí que estaba en otro mundo, porque recordé que ahí yo iba a juntar los zapallos que crecían solos", evocó ayer Roque Ovejero, todavía asombrado por la noche anterior cuando, como buen vecino se cruzó para conocer.
No fue el único. Desde temprano el lugar fue pura efervescencia y no se hablaba de otra cosa. Las peluquerías del barrio no dieron abasto y todos se "pusieron las mejores ropas" para visitar a "la joya" que les empezó a cambiar la postal urbana. El casino ya imprime cambios en barrio Las Flores y los vecinos están contentos.

   Pero no todo varió . "Me hicieron un hueco en el galpón mientras acá estaba lleno de patrulleros mirando hacia el casino", contó Rubén Cola, quien vive en Las Flores desde 1947.

   El sol del viernes encontró al barrio todavía deslumbrado por las luces, los colores, las alfombras y el glamour. A los vecinos les faltaban palabras para transmitir lo que habían visto, pero también les sobraba experiencia de postergación y olvido. Mucha gestión sin frutos, mucho reclamo sin respuesta. Por eso sintieron que la recorrida de La Capital era un buen camino para enviar sus eternos mensajes.

   "Le pedimos al intendente que con este «monstruo» al lado no podemos tener las calles sin pavimentar, da pena verlas, no hay veredas y los ómnibus pasan cuando quieren", describió Roque junto a Juana Villareal. Y relataron que no fueron pocos los autos que durante la inauguración del casino terminaron con una rueda en alguna de las zanjas. "Todo esto estaba repleto de autos y motos y no había lugar para moverse, ocuparon todos los espacios", contaron los vecinos marcando un círculo con sus brazos.

Un baldío oscuro. "Ahí no había nada, era todo quinta hasta la Circunvalación y hacia Arijón había lagunas donde cazábamos patos", recordó Rubén, tercera generación al frente de un horno de ladrillos y vecino directo del City Center Rosario. Después cerró la charla apresurado para ir al hospital. "Me quebré cuando esta madrugada corrí a dos pibes", contó el hombre de 71 años que aún no había podido chequear lo que habían robado de su galpón.

   Dentro de su quiosco y a través de la ventana enrejada, Liliana contó que la noche de la inauguración los chicos del barrio 17 de Agosto, una urbanización sobre la que da uno de los laterales del casino, "se la rebuscaron organizando a los automóviles para estacionar hasta las cinco de la mañana, y todas las mujeres estaban enloquecidas, la mayoría fue al casino". Además reiteró que la zona está olvidada y los beneficios estructurales del casino aún no derramaron sobre la barriada en general.

   "Las calles siguen siendo las mismas, igual que las zanjas, la falta de cloacas y la inseguridad, a pesar de estar a media cuadra del casino", argumentó. Pero eso sí, los cambios exigieron poner "todo en regla" en el pequeño quiosco comentó Liliana risueña.

   Según los vecinos, hasta el momento no hubo movidas inmobiliarias ni se abrieron restaurantes u otro tipo de comercios de gran porte. Por ahora sólo quioscos y sandwicherías.

Fuente de trabajo. "Esto le da vida a la zona sur y a la ciudad, porque es fuente de trabajo", explicó Cristian Genzano, quien desde agosto realiza trabajos de limpieza de vidrios en la megaconstrucción.

   La actividad total del City Center se convirtió en la solución laboral para 1.600 familias, explicó con orgullo Adrián García, de 22 años. Tanto él como su hermano son empleados del lugar. "La gente del casino es buenísima", aseguró.

   Pero si hay alguien que está feliz con la obra es Silvina Rizzo, de 30 años, quien no da abasto con el quiosco que abrió hace tres meses frente a la entrada del casino . "Nunca imaginé que me iba a pasar algo tan bueno", admitió . l

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