Vecinos de Las Cañitas rechazan la nueva obra

Se oponen a la nivelación de calzadas y a que Báez sea peatonal
Mientras el gobierno porteño ya tiene casi lista la obra de remodelación de la calle Báez, entre el bulevar Chenaut y Clay, en la zona de Las Cañitas, numerosos vecinos apuntalan una protesta: juntaron firmas, presentaron escritos ante las autoridades locales y se reúnen con legisladores y funcionarios porque temen que ese tramo de tres cuadras se convierta en peatonal. Además, intentan frenar la habilitación de nuevos locales gastronómicos en la zona.

El gobierno porteño explicó que el tramo en cuestión, donde se concentra la mayor cantidad de restaurantes y bares, no será peatonal en forma permanente y que con estas mejoras "sólo se busca dar prioridad al peatón sin interrumpir el tránsito".

A fines de enero, el Ministerio de Desarrollo Urbano local comenzó los trabajos en Báez, que consistieron en el ensanchamiento y reemplazo de las veredas y en la nivelación de éstas con la calzada, en la ampliación de esquinas y en la colocación de luminarias, bolardos y cestos, obras que demandaron una inversión de más de 3 millones de pesos.

Hace 15 días, un grupo de alrededor de un centenar de vecinos presentó un escrito en el gobierno porteño para que éste dé marcha atrás con la nivelación de la calzada y la acera, aunque las obras ya estaban avanzadas.

Consideran que con las reformas la calle Báez será convertida en peatonal, lo que elevará el nivel de ruidos molestos, aumentará el uso del espacio público y se complicarán el tránsito vehicular, el estacionamiento y la recolección de la basura. Los comerciantes, en cambio, en su mayoría están de acuerdo con lo hecho.

"Estas obras nos perjudican porque va a ser imposible estacionar y vivir tranquilos. Habrá más ruidos por el movimiento de la gente; aquí uno tiene que caminar esquivando las mesas y sillas que hay en las veredas", contó a LA NACION el vecino Carlos Cacheiro. Y agregó: "A nosotros nunca nos preguntaron si estábamos de acuerdo con estas obras, y la verdad es que no".

Ayer, en representación de un grupo de unos 200 vecinos, algunos de ellos se reunieron en una vivienda de la calle Báez para definir qué harán. Incluso participó de la charla el diputado porteño Marcelo Meis (monobloque), que presentará un pedido de informes al Poder Ejecutivo por las obras en cuestión.

Los habitantes del barrio no descartan la posibilidad de presentar un amparo para impedir que se inaugure la obra tal cual está planteada, que se convierta en peatonal y que sigan proliferando los comercios en perjuicio de la zona residencial. Sara Coppes, que vive sobre la calle Arguibel, comentó: "Nos mataron el barrio con estas obras: ahora el ruido será terrible y el estacionamiento, imposible. No sé cómo seguirá esta historia".

El vecino Federico Kelly, arquitecto, dijo que "es una obra que debe haber costado mucho dinero y que tiene como objetivo potenciar la expansión comercial que va a dejar en descubierto el déficit de infraestructura que hay en la zona, como, por ejemplo, el estacionamiento. Otra cosa que habrá que revisar serán las habilitaciones que se les dan a restaurantes para que no sigan atentando contra la buena convivencia con los vecinos".

Dicen que no será peatonal

Sergio Agostinelli, subsecretario de Infraestructura y Obras Públicas de la ciudad, dijo a LA NACION: "Báez no es peatonal y se podrá estacionar de mano derecha. Está preparada con prioridad para el peatón y, para alguna ocasión especial, cerrarse al tránsito".

Consultado sobre las quejas, dijo que no entendía por qué los vecinos quieren volver atrás con la obra. "Cuando les expliqué a muchos de ellos las demoras que tuvimos, nadie me manifestó que estaba en contra de los trabajos". Los vecinos, por el contrario, afirman que ellos no fueron consultados ni nadie que los represente fehacientemente.

"Las obras quedaron muy bien y esto atraerá a los visitantes. Será muy positivo para el barrio porque la actividad crecerá notablemente", dijo Salvador Marchese, dueño de una verdulería.

En tanto, el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Juan Pablo Picardo, afirmó a LA NACION que "no hay en el lugar modificaciones sustanciales que hagan prever problemas en la recolección de la basura".

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