Vecinos de San Agustín II insisten en acceder a la tarifa social de la EPE

Se aproxima el invierno y saben que comenzarán a saturarse las líneas, lo que hace peligrar la vida útil de los artefactos que tienen en sus casas. Por incontable vez, los vecinos solicitan la tarifa social de la EPE y con ello salir de la irregularidad.
Varios son los reclamos que aquejan a vecinos de San Agustín II, un barrio del noroeste de la ciudad al cual se accede por la avenida Teniente Loza. Zanjas obstruidas, basura por doquier, calles en mal estado y malezas que superan los dos metros de altura son algunos de los problemas que detectan, pero ninguno de ellos el que consideran como el más urgente por solucionar.

Acceder a la tarifa social de la Empresa Provincial de la Energía es un antiguo reclamo de los habitantes del barrio, quienes vuelven a hacerlo en esta oportunidad porque se aproxima el invierno, el consumo de energía eléctrica será mayor y, ante las conexiones irregulares que hay en el barrio, aumentará la cantidad de artefactos quemados.

Gregorio, un vecino de San Agustín II, contó a El Litoral que los reclamos en la EPE fueron innumerables y que en la dependencia hasta lo saludan por su nombre de tantas veces que se acercó. Consultado sobre qué le dicen allí ante la falta de respuestas, manifestó que "aseguran que la gente del barrio no va a pagar la tarifa y entonces tendrían pérdidas". "Lo que no entienden en la EPE es que nosotros estamos cansados de que se nos quemen las pocas cosas que tenemos como artefactos y nos sería más barato abonarle antes que tener que llevar a reparar las cosas", dijo el hombre.

En San Agustín II hay 25 manzanas, y todas tienen energía eléctrica a través de conexiones clandestinas que hicieron los mismos vecinos desde diferentes transformadores. Tal situación, o mejor dicho tal demanda, deriva en que las saturaciones en las líneas sean frecuentes y ocurran cortes bruscos de energía y bajones de tensión.

"Somos muchos vecinos y es lógico que se saturen las líneas, sobre todo en verano, por el uso de los ventiladores, y en invierno, por las estufas eléctricas", señaló Mirta, una mujer que perdió una heladera y un televisor al mismo tiempo.

Peligro latente

Cada vez que se corta un cable, como consecuencia de la cantidad de vecinos enganchados de él, son los habitantes del barrio los que proceden a repararlo. No son electricistas, pero hace años que lo hacen y aseguran haber adquirido la práctica.

"Aprendimos por la fuerza. Cada vez que nos quedábamos sin energía eléctrica y reclamábamos a la EPE, demoraban semanas en venir. Entonces, fuimos metiendo mano por nuestra cuenta, lo que reconocemos fue y es muy peligroso, pero solucionábamos nosotros el problema", comentó Gregorio. Y agregó: "Aunque lo hacemos con guantes y herramientas específicas somos conscientes de que arriesgamos nuestras vidas".

Antonia, por su parte, señaló sentirse marginada. "Nos tienen a las vueltas y ya no sabemos a quién recurrir. Por favor, que alguien se dé cuenta de lo que significa para nosotros no tener conexiones regulares y nos dé la posibilidad de acceder a la tarifa social. Todos los vecinos estamos dispuestos a pagar por ella, de verdad".

Por último, los vecinos despidieron a El Litoral remarcando que esperan soluciones. Al mismo tiempo, desearon que el próximo encuentro en el barrio sea porque tuvieron respuestas.

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