A veces, prevenir no es curar

La droga sigue haciendo estragos, pero se instaló en la agenda pública a causa del asesinato de un joven que iba a comprar “paco”. Un desafío inesperado para 2009. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

La desnutrición se iba colando en medio de la sociedad. Cuando todos dormían -o miraban para otro lado- se devoraba a niños indefensos. Finalmente estallaron casos que conmovieron hondamente a tucumanos y a los pobladores de todo el mundo. La provincia daba pena a principios de este siglo cibernético. Tenían lástima de ella. Le apuntaron a la cabeza del entonces gobernador, Julio Miranda, pero era el reflejo de un fracaso de él, de gobiernos anteriores y de una sociedad que no despertó a tiempo.

Cuando José Alperovich se sentó por primera vez en el sillón de gobernador quiso que nunca más Tucumán fuera noticia por la desnutrición. En su obsesión, trajo al “hombre que él inventó” desde Buenos Aires; y Juan Manzur trabajó con la consigna de ser la nave insignia de la flota ministerial de Alperovich. Atacó en todos los frentes. La prioridad fue desterrar la desnutrición, bajar los índices y sepultar la mala fama para siempre. Era un problema social y así se lo trató. Y Alperovich fue reelecto. A Manzur le dieron el título de político y de empresario y devino vicegobernador. La desnutrición pasó a un tercer plano. Aquellos niños del estómago vacío pelean en duras batallas para que engorden sus neuronas y así puedan soñar con un futuro.

La historia en este último año de la primera década de la centuria se repite con otro nombre. En la Navidad del año pasado un joven se levantó de la mesa familiar para comprar drogas y en el “almacén” le vendieron la muerte. El consumo de droga, como otras adicciones, venía creciendo como una gota de aceite en un mantel. Silenciosamente se expandía por toda la sociedad, con la complicidad de quienes no quieren ver lo que está a la vista.

El gobernador Alperovich tiene ciertas habilidades aprendidas en su meteórica carrera de político. En 2007 sabía que algo pasaba. Por eso llegó a decir que el tema central de su gestión iba a ser la prevención de este flagelo. Después, todo se le fue de las manos.

Alperovich regresó de sus minivacaciones esteñas y, en vez de adoptar la actitud de sus primeros años de gobierno, fue temerario. Demostró desconocimiento o falta de planes sobre esta sociopatía. El gobernador que todo lo controla y que no deja que nadie hable si no es con su anuencia debió escuchar cómo en los Centros de Atención Primaria de Salud no dan abasto ni están preparados para afrontar el mal.

Seguramente también alguien le hizo llegar las quejas de las madres que no saben qué hacer. Llega un punto en que se aferran a sus hogares y le sueltan la mano al hijo. Después -delitos de por medio- viene la Justicia y no tiene dónde alojarlo.

Cuando fue la desnutrición la que marcaba los tiempos y la política, el gobernador salió a la calle con un malón de funcionarios. Las políticas sociales, la atención de la Salud y hasta las actividades deportivas o recreativas eran diseñadas pensando en la pobreza, una de las etiologías de las desnutrición y del consumo de droga. ¿Por qué no salen como bomberos a apagar el incendio, aunque les lleve años extinguir todas las llamas?

Aquí aparecen las fisuras de la gestión. Hay una Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones que depende del gobernador y que está a cargo de Alfredo Miroli. El aumento del consumo -reconocido oficialmente- obliga a repensar su funcionamiento.

Cuando se armó el Presupuesto se le destinó $ 1,4 millón para el año. Esta cifra es irrisoria respecto de otras partidas. Cuando se debatió estas erogaciones, el legislador José Cano señaló estas fallas. Pero, como se trataba de la crítica de un legislador opositor, no sólo no se la tuvo en cuenta sino que además se la bastardeó.

Es el reflejo de una política autista que hoy obligará a Alperovich a realizar serios planteos si quiere salir de este laberinto.

El ministro de Salud, Pablo Yedlin, se sintió incómodo esta semana. Acostumbrado a ser el nene mimado del gabinete, apareció en tensión con la Secretaría de Prevención de Adicciones. Enviciado con el discurso facilista del poder a quien le escuchó decir que la prensa le armaba internas con otros funcionarios. La gravedad de lo que ocurre está muy lejos de la reflexión rápida del ministro y de su preocupación sobre una discusión interna en el gabinete.

Lo cierto es que Miroli, un experto seductor en los auditorios, tiene algunos agujeros en el barco, a juzgar por el progreso del consumo de droga. Pero además hay otras adicciones como el juego, por ejemplo, que también se encuentra a la deriva en la provincia. Yedlin tampoco puede obviar que los CAPS se han estructurado para atender a las madres y a los niños porque la preocupación era detectar y frenar la desnutrición. Por lo tanto, tendrá que modificar políticas, seguramente.

La responsabilidad del Estado es insoslayable pero la Universidad, la Legislatura y las mismas entidades intermedias no pueden olvidarse de ponerse el sayo. E, incluso, la Justicia, tal cual lo señala el toxicólogo Alfredo Córdoba, quien advirtió que pese a las denuncias y a los episodios que salieron a la luz, que tenían como protagonista al “paco”, destruyendo los cerebros de jóvenes tucumanos, ni la Policía ni la Justicia reaccionaron.

Cambio de actitud

¿En qué anda Alperovich? En otros temas.

En los primeros años de gestión el gobernador obligó al Subsidio de Salud a dar ayudas especiales. Desobedeció una sentencia judicial para darles tiempo a los vendedores ambulantes a que cambien de paradas. A los legisladores les hizo deshacer la designación de un vocal de la Corte para no quedar mal con Néstor. La lista continúa, demostrando cómo maneja el poder y cómo se hace su voluntad por encima de las instituciones. Sorprende la desorientación del Gobierno para atacar este tema.

Tal vez la desesperación por imaginar el futuro político les impide ver el presente social.

El martes, sin ir más lejos, se abrió la puerta de la casa del gobernador y el vocal de la Corte entró como Pancho por su casa. Seguramente se sintió más cómodo que en el palacio de Tribunales. Antonio Estofán estaba allí como en los viejos tiempos de fiscal de Estado. Fueron varios los temas de debate, pero no faltó el diseño de una nueva estrategia para seguir la guerra judicial contra el Colegio de Abogados por la constitucionalidad del sistema de designación de jueces.

Alperovich no quiere dar el brazo a torcer. Cuando se fue de vacaciones, algunos “sijosesistas” íntimos tenían la esperanza de que el gobernador volvería de su descanso y haría algunas concesiones. Aunque quede mal y quede como el gobernador que designa los jueces a dedo y sin un buen examen que asegure idoneidad, se mostró decidido a dar pelea y a no ceder nada.

Pero en la residencia se habló de algo más: la re-reforma para conseguir la re-reelección. Alperovich está seguro de que 2009 será también el año de una nueva elección para dar de baja a su “bebota”, la Carta Magna que en junio cumpliría tres años.

El mandatario provincia también fue alertado sobre la situación de la city tucumana donde en los últimos días se preocuparon más por la lluvia de cheques voladores antes que por los chubascos típicos del enero tucumano. La desaparición de los créditos que solían dar las AFJP y las demoras de pagos de algunos ingenios del norte y del sur están poniendo los pelos de punta a más de uno. Otros se frotan las manos para comprar a algunos conocidos empresarios que tienen el agua al cuello.

El nuevo año obligará al Gobierno a darse un buen baño de realidad. No tiene un solo problema ni hay quienes le ponen palos en la rueda. El tiempo de las vacas gordas ya fue y los padecimientos sociales han vuelto a salir a flote.

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