"El Vaticano estaba al tanto de todo, pero no hicimos nada para poder detenerlo".

Para el obispo de Alto Paraná, el presidente Fernando Lugo "dejó de ser el paradigma de la honradez para convertirse en un político más". En una entrevista exclusiva con PERFIL, Rogelio Livieres reconoció que la Iglesia paraguaya estaba creando "una falsa imagen de Lugo al no decir nada" sobre el pasado del actual mandatario. "Nosotros pecamos por omisión, pero él fue muy hábil en callar todos sus entretelones", aseguró Livieres.
"Se lo advertí a los obispos por escrito. Estábamos creando una falsa imagen de Lugo al no decir nada. La gente iba a votarlo como a un sacerdote honrado al que confiarle el cambio del país." Así se expresó en diálogo telefónico con PERFIL Rogelio Livieres, el obispo paraguayo de la diócesis de Alto Paraná que le pisa la sotana a Fernando Lugo.

Un día después de que la Conferencia Episcopal lo desautorizara por sus declaraciones sobre el presidente del Paraguay, Livieres aseguró a este diario que Lugo no tendrá muchos problemas, "porque más de la mitad de los paraguayos son hijos de madre soltera".

"El presidente sólo sufrirá su credibilidad, pues dejó de ser el paradigma de la honradez para transformarse en un político más", dijo Livieres desde Paraguay.

—¿Cuánto hace que usted conocía la existencia de hijos no reconocidos por Lugo?

—Entre los obispos hablábamos a menudo sobre los problemas de Lugo. Ya desde 2004, cuando yo era un obispo apenas designado, se hablaba en los pasillos, en los descansos, en todos lados.

Por eso es extraño que ahora la Conferencia Episcopal prefiera desinformar a las personas. Cuando la opinión pública lee el comunicado de desmentida que emitió el Episcopado, la gente piensa que ellos desconocían los problemas de Lugo, cuando en realidad estábamos todos notificados de la cuestión. La cúpula episcopal sabía perfectamente lo que ocurría. Las denuncias fueron hechas ante la Nunciatura, que es la representación de la Santa Sede en Paraguay. El Vaticano estaba al tanto de todo, era vox populi pero no hicimos nada para poder detenerlo.

No tomamos ninguna medida para ponerle coto a Lugo. Y me incluyo.

—Si era un secreto que llegó a oídos del Vaticano, ¿por qué no se tomaron medidas?

—Fue una forma de enmascarar los problemas de la Iglesia y no ventilarlos. Es una pésima actitud. Esto nos deja mal parados. Cuando se presentan estos problemas con obispos, hay que investigarlos de inmediato y ponerlos en descubierto. La gente tiene que conocer quién es la persona sospechada porque, si no, sucede luego lo que con Lugo, que fue elegido para presidente sobre la base de la confianza en su honradez. Nosotros pecamos por omisión, pero él fue muy hábil en callar todos sus entretelones.

A mí me constaba que Lugo no era honesto. El presidente dice una cosa y hace otra, sistemáticamente.

—¿Cuántas nuevas demandas de paternidad pueden aparecer?

—Ya en 2004 eran varios los casos denunciados. Vi que había una denuncia en Ecuador, donde él vivió un tiempo. Una mujer allí dice ser hija de Lugo. Hasta que todo se aclare, van a ir apareciendo madres reales y ficticias. Pero la falta de claridad de Lugo en este tema es lo que impide saber a ciencia cierta cuántos hijos tuvo.

—¿Se abre el debate sobre la utilidad del celibato y el voto de castidad?

—El celibato es un problema para un gran número de sacerdotes, entre los cuales son comunes los casos como los de Lugo. Es un asunto desordenado dentro de la Iglesia. Pero no creo que se abra el debate. Gracias a nuestro oficio, sabemos que los hombres casados tienen más problemas con el celibato que los solteros o los sacerdotes. No me parece que el casamiento de los curas sea una solución al problema. Pero la Iglesia debería tener más cuidado en la selección de sus candidatos.

Si un aspirante a cura ya tiene problemas en el seminario y sin embargo se ordena, también tendrá problemas como sacerdote, y así sucesivamente, hasta llegar a obispo. Un viejo verde es, simplemente, un joven verde después de 40 años.

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