El vaso medio vacío, el vaso medio lleno.

La victoria del juecismo fue más modesta de lo que pensaba Juez, aunque su triunfo resulta inobjetable y hasta previsible. De todos modos, la historia del mediano plazo no está escrita ni nada que se le parezca. Por Eduardo Bocco.
Cuando en las elecciones legislativas de 2005 el peronismo obtuvo un triunfo ajustado sobre el juecismo, José Manuel de la Sota se apuró a salir para arengar a la militancia y decir que el peronismo debía festejar una nueva victoria. Casi en paralelo, Luis Juez reaccionó con la velocidad de un rayo, tomó los micrófonos para decir: "Díganle a De la Sota que le avise a su cara que ganó".

Casi cuatro años después, el que tiene un triunfo por un margen acotado es el juecista Frente Cívico. Juez volvió a salir, esta vez sin tanta velocidad, para convocar al festejo.

Sin embargo, los que festejaron en serio fueron los radicales, en especial Oscar Aguad, que obtuvo un triunfo que no figuraba en la agenda hasta hace pocos días, cuando se comenzó a percibir una suerte de ola radical.

Volviendo a Juez, el ex intendente de Córdoba tiene todo el derecho del mundo a celebrar, porque ganó con claridad y la coalición que encabeza colocará dos senadores nacionales en el Congreso. Eso es mirar el vaso lleno. Y se puede agregar que se consolidó su fuerza política para quebrar el bipartidismo.

Pero si uno mira la otra mitad del vaso, la que está vacía, en la jornada electoral de ayer la sociedad cordobesa, en especial la de Capital, puso límites al estilo de Juez.

El ex intendente perdió 11 puntos si se compara esta elección con la de 2007, en la que se eligió gobernador.

En toda la provincia, el Frente Cívico sacó en aquella ocasión casi 36 por ciento de los votos, y más del 50 por ciento en la ciudad de Córdoba.

La realidad de hoy es diferente, muy diferente en algunos aspectos, aunque Juez y el Frente Cívico llegaron primeros en la categoría de senadores nacionales.

Los votos que perdió Juez fueron a parar a la bolsa del radicalismo, lo cual es clave para discernir el futuro político del Frente Cívico y de la UCR, las dos principales fuerzas de la oposición.

Al comenzar la campaña, Juez decía que ganaría esta elección con 50 por ciento de los votos. Por entonces –hace unos dos meses–, en la Casa de Gobierno provincial circulaban encuestas que le otorgaban 42 por ciento de intención de voto al ex intendente de Capital.

Hace tres semanas, operadores juecistas y el propio Juez vaticinaban una victoria por más de 18 puntos.

Siete días después, esos mismos operadores seguían opinando, pero de manera más módica. Pronosticaban una victoria del Frente Cívico por unos 14 puntos.

Al filo del cierre de la campaña electoral, los referentes juecistas decían que paladearían un triunfo por 10 puntos.

Hoy, la victoria juecista es más modesta que el más modesto de los vaticinios de esos operadores, cada vez más inquietos y ansiosos.

La cantidad de votos obtenida obligará a Juez a realizar un trabajoso juego de alianzas y consensos con el radicalismo, si quiere edificar su candidatura a gobernador.

Anoche, el dirigente aseguró que ahora quiere disfrutar la victoria y no pensar más allá. Es una verdad a medias.

Se insiste: puede disfrutar y festejar la victoria que las urnas decretaron. Y lo puede hacer en buena ley.

Sin embargo, Juez siempre pensó que esta elección legislativa nacional era un trámite (un mero trámite) para asfaltar su camino a la gobernación, en 2011.

Ese camino, por lo visto tras las urnas de ayer, no está asfaltado y, para peor, cuenta con obstáculos de envergadura.

Juez deberá revisar sus libretos, más allá de que la acción de sus opositores –como Daniel Giacomino, su ex socio y sucesor en la Municipalidad de Córdoba– hayan desplegado una estrategia agresiva para hacerlo declinar en su feudo sagrado. Juez tiene que salir a buscar aliados, no a esperarlos.

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