"Vamos a radicalizar esta revolución"

En su primera gestión Correa multiplicó la inversión en programas sociales, renegoció más de un tercio de la deuda externa y forzó a las petroleras extranjeras a cambiar sus contratos.
De espaldas a un volcán nevado y envuelto en un poncho rojo, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, se sometió ayer a un ritual indígena de purificación para asumir hoy su segundo mandato. Rodeado de flores y humos de incienso de plantas sagradas de la región andina, el mandatario anunció que los objetivos de su gestión estarán definidos desde el primer día. "Ratificaré mañana con todas las letras, con toda claridad, las opciones preferenciales de nuestro gobierno. Estas serán por los pobres, por los jóvenes y por nuestros pueblos ancestrales", afirmó Correa desde la comunidad de La Chimba, 70 kilómetros al norte de Quito. Rodeado de cientos de campesinos e indígenas así como del presidente de Bolivia, Evo Morales, y la activista guatemalteca por los derechos humanos y premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, el líder ecuatoriano enfatizó que buscará profundizar su proyecto político. "Esta revolución bolivariana y alfarista al servicio de los más débiles no tiene regreso, vamos a radicalizar esta revolución en paz, y para ello no vamos a utilizar balas o piedras, sino lápices, caminos y dignidad", precisó.

Correa se tiene confianza. Y las urnas lo respaldan. Elegido como presidente por primera vez en enero del 2007 tras imponerse en segunda vuelta contra el magnate bananero Alvaro Noboa, desde entonces ganó cinco elecciones, reforma constitucional incluida. Por eso, el que asume hoy será considerado como su primer mandato y tendrá la posibilidad de volver a presentarse para presidente en el 2013.

Cuando asumió, Correa prometió terminar con la partidocracia, redefinir las relaciones internacionales de su país y terminar con el Congreso, al que calificaba como inmerso en la corrupción. Dos años y medio después, su fuerza política Alianza País desbancó a los partidos tradicionales, Ecuador rompió con su alineación histórica con Washington –el país no le renovó a Estados Unidos el permiso para seguir utilizando una base militar en su territorio– y la llamada Asamblea Legislativa reemplazó al antiguo poder legislativo.

Como presidente, multiplicó la inversión en programas sociales destinados a los sectores más pobres, renegoció más de un tercio de la deuda externa de su país y forzó a las petroleras extranjeras a cambiar sus contratos para ampliar las ganancias del Estado.

A pesar de haber perdido el respaldo de algunos sectores indígenas y sindicales por haber autorizado la extracción minera a gran escala, el mandatario aún mantiene un índice de popularidad superior al 50 por ciento. "Correa puede dormir tranquilo, aún lo apoyamos y mientras siga ayudando con sus bonos de alimentación y vivienda, y los préstamos a los campesinos, no caerá", señaló el líder campesino Salomón Ulcuango.

La fecha elegida para la asunción no es casual. Hoy se festejará en el país andino el bicentenario de la Independencia y, además, la ciudad de Quito albergará una nueva cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), de la que Correa recibirá la presidencia protémpore.

La gran mayoría de los presidentes de la región estará hoy en Quito, incluso Manuel Zelaya, el derrocado presidente de Honduras. El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, será una de las excepciones. En marzo del año pasado, Ecuador rompilaciones porque Bogotá violó la soberanía territorial al atacar un campamento de las Farc.

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