Valientes.

COLON 2 - VELEZ 4: Colón lo tenía muerto en el Cementerio, pero Vélez resucitó con la valentía que se le exige a un puntero. Dio vuelta el 0-2 con sacrificio, orden, juego y goles lujosos.
El valiente actúa con valor y determinación en situaciones arriesgadas y difíciles, como ir a una cancha inexpugnable y lograr revertir un 0-2. El valiente es eficaz, activo, audaz y se adapta a las situaciones que se le presentan, como tranquilizarse después de ser un manojo de nervios y ordenarse en sólo 15 minutos después de un verdadero desorden. El valiente es así, afronta con un corazón enorme el peligro de tener enfrente a un rival temible y con los dientes afilados, que hubiese dado cualquier cosa por quedarse con lo que uno tiene, como la punta del campeonato. Pero se pone en pie después de dos bofetadas, se arma de nuevo, junta fuerzas y empieza a tirar golpes. Uno, dos, tres, cuatro golpes. Así es este Vélez. Valiente, muy valiente el Tigre de Gareca...

No debe ser fácil para un equipo irse al vestuario tras haber realizado un primer tiempo malo. Muy malo. Porque hay que reconocer que Colón lo superó en todos los aspectos en esos 45 minutos. Salvo la doble tapada de Pozo a Velázquez al minuto, después los de Liniers casi no ingresaron al área rojinegra. Fue todo del equipo de Mohamed, por momentos con baile incluido, sobre todo después del cabezazo de Prediger y el tiro libre de Sciorilli. Los velezanos estaban sacados, nerviosos y enojados ante el tiqui-tiqui del local. Y lleno de confusiones. Parecía que en cualquier contra llegaba el tercero de Colón. Estaba cantado...

Todo se dio vuelta en el ST. Ahí la visita sí jugó como un verdadero protagonista, como un líder, como un equipo para dar la vuelta. El ingreso de Gastón Díaz le dio más equilibrio y orden al medio. En cambio la modificación que metió el Turco (defensor por delantero) retrasó mucho al equipo. El descuento de Cristaldo (en realdiad, Pozo en contra) a los dos minutos fue clave y la igualdad de Hernán López, de penal, muy tranquilizante. ¿Qué había dicho el Tigre en el vestuario? Era la pregunta del millón. "Pedí tranquilidad", explicó el entrenador. Y se notó. Por eso Vélez se dedicó a hacer lo que sabe: jugar al fútbol. Circuló la pelota, la puso al piso, jugó corto, tocó mucho, recuperó todas y lastimó demasiado. Todo con brillo, mucho brillo. A modo de síntesis, un fiel reflejo de lo que fue el equipo en esta etapa se puede apreciar en el golazo de Martínez (el 3-2), quien ingresó muy enchufado por un apagado Larrivey. El Burrito se paró en la media luna, amagó a rematar, enganchó, dejó dos rivales en el camino, zurdazo y a cobrar. Después llegó el tanto de López y fin de la historia. ¿Qué decir de Colón? La antítesis de la etapa anterior: Nada de nada y lleno de confusiones, como el Vélez del primer tiempo. La línea media ya no recuperaba ni ganaba la segunda jugada, la bocha les quemaba en los pies y el Bichi no aguantaba ni una.

Los del Fortín consiguieron esos triunfos que marcan caminos, que dicen cosas, que te ubican en lugares deseados. En definitiva, los que te ponen el traje de candidato.

Dicen que una persona se recibe de valiente si acepta vivir en el cementerio. Vélez no sólo vivió allí sino que primero murió, resucitó, desplegó un fútbol de alto vuelo y bailó. Ahora sueña.

Y sí, los valientes también se permiten soñar.

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