¿ Quo Vadis dólar?

Por Roberto Cachanosky

Dólar caro y caja abundante fue todo lo que en estos 6 años hubo como concepción de la política económica. El resto son parches que se fueron poniendo a medida que la situación económica iba complicándose. Los controles de precios, las prohibiciones de exportación, el dibujo del IPC , el canje de bicicletas y demás medidas no son otra cosa que el resultado de la inconsistencia económica que tenía un modelo, si así puede llamarse, que algunos llegaron al delirio de creer que se trataba de un nuevo paradigma de política económica.

El dólar caro le permitía al Gobierno dolarizar parte de sus ingresos tributarios para agrandar la caja y, además, le daba colchón para subir las retenciones. Recordemos que comenzaron en el 2002 con el 10%, luego las subieron al 20%, al 24%, al 27,5%, al 35% y finalmente quisieron ir por la 125 para aumentar las retenciones y estalló el país.

¿Por qué el aumento constante de retenciones? Por varias razones. La primera es que a más gasto público más necesidad de recursos para financiarlo. La segunda tiene que ver con el tipo de cambio real. Como el Banco Central emitió moneda a marcha forzada, la inflación se comió el tipo de cambio real hasta dejarlo en un nivel similar al de la convertibilidad. Dicho en otras palabras, con el dólar quieto en torno a los 3 pesos y los precios internos subiendo en pesos (algo de lo que Cristina Fernández se olvidó de hablar en el Congreso), los bienes y los salarios empezaron a ser cada vez más altos medidos en dólares. Esto significa que por cada dólar que el Estado recauda por derechos de exportación puede pagar menos salarios y comprar menos bienes. En definitiva, la licuación del tipo de cambio real le generó al Gobierno un problema de caja que, inicialmente, intentó solucionar con la 125, intento que lo hizo chocar contra la pared. De manera que, desde antes que se produjera la crisis internacional, el Gobierno ya estaba en problemas con su "modelo".

La combinación de retraso cambiario (el Gobierno puede pagar menos gastos por cada dólar que cobra por derechos de exportación y de importación), la caída de los precios internacionales que también conspira contra los ingresos tributarios, más la recesión interna que afecta al resto de los ingresos impositivos determinan que, tanto la caja abundante como el tipo de cambio alto sean historia. El modelo se terminó. Se agotó. Murió. Kirchner dilapidó el tipo de cambio alto que le dejó Duhalde y, como decimos los economistas, fue un free rider (alguien que se beneficia gratis de lo que hace otro) del boom de precios internacionales (ese boom que criticaba Cristina antes porque los precios de los alimentos eran caros y que ahora también critica porque son baratos y le afecta la recaudación). Acabado el tipo de cambio caro y con el viento de cola que se transformó en viento de frente, tienen que buscar una salida. ¿Cuál puede ser? Dentro del listado de medidas K todo es posible. Desde nuevas confiscaciones de stocks hasta una devaluación para mejorar los ingresos fiscales. El problema es que devaluar en este contexto de desconfianza e incertidumbre es muy complicado para un gobierno que no es creíble. Lo único que tenemos por cierto es que el tipo de cambio va a seguir subiendo porque al gobierno le conviene por una cuestión de caja y porque ya no es solo el sector agropecuario el que está complicado, sino que también la industria le está pidiendo un tipo de cambio más alto.

Y aquí viene el problema. ¿Puede el Gobierno llevar lentamente el tipo de cambio hacia arriba sin que haya una estampida de las que conocemos? Puede pero lo veo complicado. En primer lugar porque no tiene las reservas que declara. En segundo lugar porque la gente, ante la incertidumbre, siempre se refugia masivamente en el dólar. Además porque con la caída de exportaciones habrá menos oferta de dólares en el mercado. Y, en cuarto lugar, porque veo un movimiento extraño que me hace recordar a la década del 80.

¿Cuál es ese movimiento extraño? Que mientras los depósitos en pesos en el sistema financiero crecen (algo muy extraño en un contexto de incertidumbre e inflación) el stock de créditos al sector privado baja. Es decir, el sistema financiero está pagando tasas de interés por depósitos a plazo fijo y no le prestan al sector privado. Como nadie va a pagar una tasa de interés por depósitos y luego dejarlas guardadas en una caja fuerte, a alguien le tienen que estar prestando. ¿Quién puede ser? El BCRA. Todo parece indicar que el discurso de Cristina en contra de que la plata no genera plata, no se aplica en los hechos. Dicho en otras palabras, el kirchnerismo estaría armando una de las típicas bicicletas financieras a las que estamos acostumbrados los argentinos. Porque el día que el depositante golpee la ventanilla del banco y pida sus pesos, el banco tendrá que darse vuelta y decirle al Central: toma estos bonos y dame los pesos que tengo al cliente en la ventanilla. En ese momento el Central tendrá que emitir los pesos para pagarle al banco y este pagarle al cliente. ¿Qué hará el cliente con sus pesos? Con las cosas insólitas que hacen el kirchnerismo, uno no debe descartar la hipótesis que busque refugiarse en el dólar, como corresponde a cualquier persona sensata que busca defender su patrimonio de un Estado depredador. En ese caso veremos cuál es la verdadera capacidad que tiene el Central para dominar la desconfianza de la gente. Una capacidad que parece no ser tan potente cuando uno ve cómo se ponen nerviosos cuando el mercado está en comprador y empiezan los llamados de teléfono para que no vendan o no compren.

En síntesis. Si el gobierno deja el tipo de cambio quieto, está en problemas. Si lo hace subir también puede estar en serios problemas. Una paradoja del tan declamado modelo productivo que nos hace preguntar, sabiendo la respuesta, ¿quo vadis dólar?

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