El vacío de poder se adueña del país

Con el presidente superado por la tragedia, la ONU y EE.UU. intentan evitar un descontrol total
PUERTO PRINCIPE.- El presidente René Préval se ha quedado sin palacio donde gobernar y sin residencia donde dormir. Deambula de aquí para allá entre las ruinas de su destrozada capital mientras analiza si cruza la frontera y encuentra algo de seguridad -y una cama presidencial- en la vecina República Dominicana.

La inverosímil situación del presidente haitiano, que no ha podido crear ni siquiera un gabinete de crisis -fórmula habitual de actuación gubernamental en momentos de emergencia nacional-, expresa a la perfección el vacío de poder que se ha apoderado del país.

Tras el demoledor temblor del martes, Haití, una suerte de "protectorado" de las Naciones Unidas, se ha quedado temporalmente sin el "cerebro operativo" de este organismo supranacional que mantiene una misión de 9000 efectivos en el país caribeño. El edificio de la ONU en Puerto Príncipe colapsó, y hasta ayer había 36 muertos entre el personal de la organización.

Ante el evidente vacío de poder en tierra haitiana, Barack Obama parece haber entendido que ese liderazgo le corresponde ahora a Washington. "Es uno de los momentos que piden el liderazgo de Estados Unidos", dijo ayer el presidente estadounidense en una declaración oficial en la que anunció el envío de 5500 militares a Haití (ver Pág. 3). Washington no quiere transmitir la idea de que planee hacerse con las riendas del país. "No estamos tomando el control de Haití [?] Debe quedar bien claro que es el gobierno haitiano el que controla Haití", precisó Robert Gibbs, vocero de la Casa Blanca. Sin embargo, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, arrojó más confusión que claridad al afirmar que el gobierno haitiano "no es capaz de funcionar". "Afortunadamente, el presidente está vivo, pero sin gran parte de su gobierno para dirigir", agregó.

En cualquier caso, Washington ha decidido desplegar en Haití los mayores recursos en ayuda humanitaria de su historia reciente, con una aporte inicial de 100 millones de dólares. En esa carrera logística compite con la Unión Europea, que bajo la presidencia temporal española se está volcando también al envío de equipos de socorro y contribuciones económicas. La UE es la principal donante de ayuda humanitaria a escala mundial, pero su ascendencia política sobre Haití es mucho menor que la de Estados Unidos, donde reside la mayor comunidad haitiana en el exterior, más de 800.000 personas. Más allá de las motivaciones humanitarias, Washington tiene preocupaciones más prosaicas: evitar a toda costa una oleada de emigrantes haitianos llamando a las puertas del primer mundo.

¿Quién manda?

Pero entonces ¿quién manda ahora en Haití? A la espera del desembarco masivo de las fuerzas estadounidenses, unos 3000 efectivos de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah) patrullan las calles de la capital. De la policía haitiana apenas se tienen noticias. "No se la ve en las calles", dijo David Wimhurst, vocero de la Minustah. "Creo que tenemos la capacidad de mantener el orden", dijo en Nueva York el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

En cuanto a las decisiones políticas, Préval, como apuntó Clinton, está desbordado y sin asesores cercanos. Por el momento, la ONU se ha encargado de coordinar la logística de la ayuda que va llegando al aeropuerto de Puerto Príncipe. Una ayuda que no pudo comenzar a fluir hasta ayer por el caos reinante y la falta de gobernabilidad.

Hasta que René Préval encuentre un sitio donde gobernar y otro donde dormir, el centro de poder en Haití parece estar en ese aeropuerto saturado de ayuda humanitaria y desde el que a falta de decisiones políticas al menos ya salen suministros.

Comentá la nota