Vacío y desconcierto en el mundo empresario sobre el futuro social, político y económico del país

Por Julián A. de Diego

Asesor laboral de empresas y profesor titular de Derecho del Trabajo de la UCA

El 45º Coloquio de IDEA fue sin dudas la caja de resonancia de las inquietudes y preocupaciones de los empresarios, y la conclusión fue el desconcierto y la incertidumbre generalizada. La entidad organizadora no es específicamente un ente gremial empresario, sino fundamentalmente una entidad dedicada a la investigación y a la educación de ejecutivos, que basa su fortaleza en la multisectorialidad y en la diversidad de pensamientos y orientaciones.

Los temas políticos, que no conformaban el temario central se llevaron todas las atenciones, aún cuando no hubo ningún anuncio inquietante, ni se pudo destacar la intervención de representantes de los distintos partidos y sectores, que solo respondieron con generalidades.

En esta oportunidad, como en otras, hubo presencias que llamaron la atención, y una retirada concordante y convergente de representantes del Gobierno Nacional y de sus acólitos. Es más, muchas de las intervenciones tuvieron como corolario en las preguntas una suerte de pedido de auxilio: ¿Qué espera la sociedad argentina de los empresarios, que desea y que deberían aportar? Las respuestas genéricas, en general bastante elementales llovieron por doquier, lo que ha demostrado una vez más, que el problema central no son las ideas esenciales, sino el modo, la forma, y el plan de acción para ejecutarlas. Uno de los factores realmente preocupante, que confirma la pérdida del rumbo, es la total ausencia de una agenda común multisectorial, que permita unir a través de un mínimo común denominador a todos los empleadores. Y que quede claro, no estamos hablando aquí de los objetivos de producir más, mejor, y lograr la mejor rentabilidad, que para evitar malos entendidos, conviene destacarlo como el fin subjetivo de la empresa.

Algunos comentarios resultan muy sutiles. El tema de la pobreza y la exclusión, el abandono de la escolaridad primaria y secundaria, el avance de la marginación y el delito de la mano de la droga, la ineficiencia del Estado en general para controlar todos estos flagelos, y la necesidad de la iniciativa privada articulada con el Estado para enfrentarlos, en la medida que no se los deje a los políticos desarrollar sus políticas solos y sin controles, como lo señaló el ex presidente Toledo de Perú.

Muchos de los temas del Coloquio fueron solo una escusa para reunirse y revisar algunas de las preocupaciones, y en los pasillos se habló fundamentalmente de los siguientes temas: n los focos de fuerte tensión social originados por grupos sociales, piqueteros, y por las ONG y agrupaciones defensoras de los derechos humanos;

los nuevos conflictos laborales, en donde se producen enfrentamientos intrasindicales (las bases, contra los dirigentes gremiales), o se crean nuevos sindicatos de base, o en su caso, los delgados de agrupaciones disidentes son apoyados por el MST, el PCR, la CCC y hasta los restos del PO del MAS y del PT, todos además están enfrentados entre sí como lo estuvieron en las elecciones parlamentarias, en donde sufrieron una catastrófica derrota en las urnas; n la fractura del modelo sindical, no solo originado en los cuestionamientos judiciales (‘ATE c/Ministerio de Trabajo’, Corte Suprema), sino en los cuestionamientos formulados por otras agrupaciones como CTA, nuevos sindicatos, reclamos de las bases y estado de reclamación permanente con estado asambleario permanente, y los nuevos gremios de personal superior que representan a los mandos medios, a los profesionales y pueden llegar a incluir hasta el gerente general;

la nueva crisis del convenio colectivo como herramienta para discutir condiciones de trabajo que se adapten a un modelo moderno de relaciones laborales, las del futuro no las del pasado. El agravante de que los ajustes de los convenios suponen dos o tres rounds posteriores con los dirigentes de base y en cada establecimiento, que no garantizan ya que configuren un resultado previsible ni confiable;

la volatilidad, favoritismo y falta de coherencia de una política de estado orientada al crecimiento en condiciones de alta competitividad;

el crecimiento esperado, moderado por cierto, será heterogéneo y seguramente, muy contradictorio, y sin crecimiento correlativo del empleo ni con una adecuada distribución del ingreso, por lo menos que resulte sustentable;

la pérdida de la calidad institucional en todos los planos del gobierno, y la falta de gestión de los poderes públicos nacionales, provinciales y municipales, con el avance de la marginación, los conflictos en el sector público que deterioraron la educación y los servicios de salud, los conflictos de poderes (intrínsecos y extrínsecos) y el avance de la inseguridad con hechos cruentos y desproporcionados;

la necesidad de que el sector empresario se una para llevar adelante acciones en común, sin que se neutralicen esfuerzos con la actual dispersión sectorial;

la necesidad de fomentar y realizar acciones coordinadas entre el Estado, los sindicatos, las entidades empresarias, y las ONG para llevar adelante estrategias de integración de los jóvenes para mejorar su empleabilidad, de modo de facilitar el acceso al primer trabajo, en donde claramente se observan graves problemas coyunturales, y dificultades para conectar las oportunidades con los que buscan su primer empleo;

el diálogo de todos los sectores, la búsqueda de consensos y la necesidad de que los mismos se implementen eficientemente, ponen en evidencia la alta vulnerabilidad a la que está expuesta toda la sociedad.

El próximo año IDEA festeja los 50 años de vida junto al Bicentenario de la Patria, y seguramente habrá una demanda muy especial sobre el COLOQUIO nro. 46, para que se centre en la agenda de corto, mediano y largo plazo que hoy preocupa y desvela a los líderes empresarios, a los políticos y a los sindicales.

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