*De la utopía K a la realidad

En dos años, cambiaron más cosas que la que uno puede suponer en Neuquén. Aquí, una somera descripción de lo que fue y lo que es, según el catecismo periodístico regional. Todo con un pequeño aporte del autor, y un agregado breve de contexto sobre la renovada fe en el "viento de cola".
Hace solo dos años, Horacio Quiroga compitió por la gobernación en Neuquén, llevando al entonces funcionario de bajo perfil mediático Martín Farizano como candidato a intendente en la capital. La UCR neuquina de entonces –año 2007- hacía alardes de singularidad con aquello de los "radicales en el gobierno".

Este radicalismo fervorosamente kirchnerista del año 2007, fue en alianza central con el Justicialismo. A nivel municipal, se construyeron coaliciones locales: algunas más amplias que otras. El sistema fue el de listas colectoras, un método que consiste en llevar un mismo candidato desde distintas opciones políticas, y que a nivel nacional no podrá seguir haciéndose por la reforma electoral alentada por el mismo kirchnerismo y aprobada en el Congreso con más votos de lo que se hubiera pensado iba a conseguir.

Quiroga y Farizano fueron con la bandera K. Lo mismo hizo Ramón Rioseco en Cutral Co, Alberto Crespo en Plaza Huincul, Javier Bertoldi en Centenario, Carlos Lator en Chos Malal, por nombrar solo algunos municipios de esa alianza variopinta.

Quiroga, desde la alineación K, compitió y perdió con otro candidato que había recibido la bendición del actual matrimonio presidencial: nada menos que el actual gobernador, Jorge Sapag. Digamos que UCR-PJ por un lado, y el MPN post-Sobisch por el otro, dirimieron una interna K en Neuquén. Otras fuerzas, como el Frente Grande "Alternativa" de Raúl Podestá buscó una diferenciación dentro de la variable K; lo mismo hizo el brazo político de la CTA, UNE, anidando en las listas colectoras en cada pueblo que pudo con el fin de construir su propia opción. En la capital, como se recordará, hubo una interna, en la que votó una cantidad de gente que algunos quisieran piadosamente olvidar, y que le dio el triunfo a Farizano por sobre Mariano Mansilla. Tercera quedó la opción Libres del Sur, que fue aliada con Podestá, Oscar Massei (el actual presidente del TSJ entonces diputado nacional), con su representante Jesús Escobar, el ahora desempleado.

Pasaron dos años. Sí, solo 24 meses.

El panorama de hoy es el siguiente, según las convenciones del análisis "oficial" que sacraliza el periodismo y los operadores políticos de cada partido que (creen) tienen influencia en cada uno de quienes amamos esta profesión:

1.- El MPN que está en el gobierno, liderado por Jorge Sapag, sigue teniendo buenas relaciones con el gobierno del matrimonio K. Ha firmado centenares de convenios, tratados, documentos, cartas de intención, etc. Pero sigue esperando dos temas esenciales prometidos y aun no cumplidos: el aval en dinero necesario para que la empresa que gane la licitación (y que será fatalmente amiga de los K) de Chihuido I empiece la obra hidroeléctrica más postergada y más necesaria en Neuquén; y que se reconozca de una vez por todas un precio para el gas que sea al menos decoroso y contribuya a salvar los recursos de una provincia que no está preparada todavía –no está ni cerca- para sobrevivir sin el dinero que produce su subsuelo. Con esos dos objetivos cumplidos, Sapag se postularía para la reelección. Para esto deberá competir en internas que se darán a fines de 2010 o principios de 2011, con la pretensión de Jorge Sobisch (quien según sus detractores es un cadáver político, que no obstante habla y organiza actos en el Ruca Che), porque el ex gobernador está dispuesto a dar pelea nuevamente por la gobernación. A su vez, tallará en el partido provincial la "tercera vía", una opción que se piensa a sí misma como el futuro partidario y que diseña una reforma política para afuera y para adentro del MPN: es la que lidera José Brillo, un hombre que puede negociar y/o competir tanto con Sapag como con Sobisch.

2.- Horacio Quiroga es ahora diputado nacional y milita en la oposición más dura al kirchnerismo. A su vez, pretende liderar la UCR neuquina con mano firme, sustentado en los resultados de los comicios de este año, que le confirieron un segundo puesto (el primero fue para el MPN) en las elecciones legislativas y a los que concurrió como UCR prescindiendo de otros partidos (aunque fue respaldado por algunos sectores extrapartidarios), y específicamente del Justicialismo, ya que éste se desdobló en un sector K que llevó sus propios candidatos (la lista la encabezó Ramón Rioseco), y en un sector no K que terminó votando por el MPN. Quiroga es ya candidato a la gobernación en el 2011, dispuesto a enfrentar tanto a Sapag como a Sobisch, y aunque todavía no pueda decir quiénes lo acompañarán en esta cruzada. Está seguro de una cosa: su partido (la UCR) será protagonista en ese año clave para Argentina, por lo que quienes ahora todavía están remisos a aceptarlo, terminarán aceptándolo.

3.- Martín Farizano, ese funcionario técnico de bajo perfil que impulsado por Quiroga llegó a la intendencia en 2007, aparece ahora como el radical que más cerca está de las distintas variables K que subsisten. En dos años, ha comenzado a ocupar un lugar importante en el escenario, sea porque lo elogian o porque lo critican. Mantiene con misteriosos métodos cuasi metafísicos (sin desdeñar los materialistas) una coalición que según el último test electoral (las elecciones para concejales de agosto de este año) ubica en primer lugar a UNE con Mariano Mansilla, y en un segundo lugar medio precario al Justicialismo K junto al propio radicalismo municipalizado, categoría que está siendo abonada para diferenciar al intendente del diputado (Quiroga). Anhela una construcción política sustentada en una alianza de intendentes. Esa alianza se pretende como una mesa ejecutiva de la coalición, que construya poder para el 2011 a nivel provincial. Puede servir a cualquier candidato que no sea del MPN: el mismo Quiroga (con quien hay diferencias y enfrentamientos, pero aun dentro de la UCR); o algún referente K del peronismo (podría ser Parrilli, pero las encuestas lo condenan, por lo que se esbozó el globo de ensayo de Javier Bertoldi); o incluso el propio Farizano, ya que gente de su entorno lo incita a saltar una etapa (la reelección municipal) para ponerse a la cabeza de un romántico frente popular y revolucionario que nazca desde las entrañas renovadoras provinciales. Aquí hay otra línea que podría confluir: la de Raúl Podestá, quien por otra parte podría volver a competir por la intendencia en Zapala.

4.- Mariano Mansilla se ha constituido en el referente electoral más importante que ha logrado encumbrar el sindicalismo estatal. No es un mandadero de los sindicatos, sino un hombre que sabe que necesita apoyos y respaldos concretos para construir poder político. Pragmático, se moverá con criterio de construcción. Podría decirse que es el albañil más activo de la "nueva" política neuquina. Utilizará para esto un número envidiable de bancas en el Deliberante capitalino (cuatro) dentro de lo que es la coalición "oficialista" a la que el radicalismo solo le aporta dos; y el PJ, una. Tratará de ser puente de unión con la banca de Libres del Sur, y de llevarse bien con al menos algunos ediles del MPN. Farizano lo necesita en el Deliberante, porque ya las dos bancas de Recrear (Leandro López-Marcelo Bermúdez) están jugadas políticamente más con la UCR de Quiroga que con el experimento municipal…e incluso tienen mejor relación con algunos concejales del propio MPN. En fin: Mansilla será importante estos dos años, tanto por lo que haga como por lo que no haga. ¿Querrá ser candidato a intendente en el 2011? ¿Hará jugar a UNE junto a la UCR, o junto al PJ, o junto a los intendentes, o con todos al mismo tiempo, en el afán de quebrar al MPN? Todo puede ser en la dimensión desconocida de una agrupación política abierta a cualquier posibilidad que le signifique crecimiento.

5.- El peronismo juega también sus fichas a una renovación dirigencial en los primeros meses del 2010, con el fin más o menos anhelado de volver a ser una opción como partido, más allá de que integre o siga integrando frentes o coaliciones con otras organizaciones. Como se sabe, tiene en Neuquén el problema que cada vez que se mira en el espejo, aparece el MPN. Pero aun así tiene caudal electoral propio, y una organización nacional que puede jugar tanto a favor como en contra, pero que es poderosa. Acá, aunque parezca raro esto, ya no juega tanto ser K o anti K. Interesa ubicarse allí donde el sol calienta más, y jugar la interna local, que definitivamente enfrenta al "parrillismo" vigente desde hace cinco años con los demás. Los demás forman un arco tan vasto como diverso: desde representantes del ala sindical como Sergio Rodríguez, hasta legisladores como Daniel Baum y Jorge Rachid, pasando por intendentes como Sergio Gallia o el ya apuntado Bertoldi.

Tras esta extensa aunque somera descripción, se podrá apreciar que en dos años hay una diferencia fundamental: la mayoría que se peleaba por adherir al matrimonio Kirchner en 2007, ahora se pelea por enfrentársele, o al menos disimular. Quienes están en funciones ejecutivas, disimulan o adhieren. Quienes no, predican el actual catecismo, que es denostar a los otrora gloriosos pingüinos de la patria.

¿Y el contexto económico? Es malo, dicen que con tendencia a mejorar, es decir, a recuperar la situación de cuando estábamos mal, pero mejor que ahora.

Durante el 2008, Neuquén aumentó el gasto salarial en más de 2.000 millones de pesos, mientras los recursos comenzaban a declinar. En 2009, reforzó la tendencia, con una declinación aun mayor de recursos: cayó la recaudación propia, la percepción de regalías, la coparticipación, la venta en supermercados, la venta de automóviles, la actividad petrolera, y hubo suspensiones y despidos en áreas de empleo masivas, como el sector petrolero y el de servicios (comercio).

En concreto, hubo estancamiento y caída económica, mientras se mantuvo alta la inflación, que se estima para la provincia en 15%. Algo que si no es estanflación, se le parece bastante.

No se aflijan, que ahora viene otra vez el "viento de cola", dicen quienes se enamoran del efecto de lo global, aunque ideológicamente lo critican.

Para Neuquén, el único viento de cola posible es que aumente el precio del gas, el del petróleo, y que a la par se reduzca el gasto público. Lo primero depende del matrimonio K. Lo segundo, solo de mejorar su propia administración.

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