La utopía progresista en Capital: fragmentación y batallas perdidas

Por: Julio Blanck

El electorado porteño se jacta, con razón, de ser la comunidad políticamente más articulada y diversa del país. Pero también es la más fragmentada y veleidosa. Y gusta incluirse al tope en la difusa calificación de progresista, aunque figuras como Fernando de la Rúa y Mauricio Macri, ganadores en siete de las quince elecciones desde 1983 a la fecha, no encajen exactamente en esa pretensión. Esto, sin contar los comicios ganados por el menemista Erman González en 1993, o la primera vuelta presidencial que se adjudicó Ricardo López Murphy en 2003.

Ser progresista en la Capital es una condición deseable para muchos, pero no siempre redituable en términos electorales. Así y todo, es tanta la puja por apropiarse de ese sello identificatorio, que demasiadas veces el progresismo terminó disperso en unas cuantas boletas, para beneficio de liberales y conservadores.

Hoy, con la elección de junio a la vista y el liderazgo de Gabriela Michetti y el macrismo fuera de discusión aun para sus opositores, el progresismo porteño vuelve a ser una utopía, y un lugar en litigio, sobre el que confluyen expresiones diversas, desde la izquierda independiente al centrismo exacerbado de Elisa Carrió y su Coalición Cívica, pasando por las mil caras del kirchnerismo y el peronismo más o menos disidente, y llegando hasta el intento de articulación radical-socialista.

Si el entramado que se viene tejiendo a nivel nacional termina con éxito, el vicepresidente Julio Cobos y la Coalición de Carrió deberían terminar compartiendo un espacio central de la oposición, sostenido por un restituido sistema de partidos con base en la UCR y el socialismo. Detrás de ese propósito hay gestiones y palabras públicas, pero también muchas más gestiones y palabras privadas. La convergencia de Cobos con el radicalismo es el dato clave de este armado. Pero en el camino a esa difícil amalgama nacional aparecen obstáculos. Uno de ellos, en la Capital, donde los socialistas se cortan solos, desoyendo las recomendaciones que Hermes Binner les envía desde Santa Fe. Además, la candidatura de Alfonso Prat Gay al frente de la lista del acuerdo Coalición Cívica-UCR le estropea el hígado a los radicales, aunque los herederos de Alfonsín igual parecen dispuestos a digerirse al ascendente economista neo-keynessiano.

En ese mundillo, el anuncio de Carrió de que ahora piensa ser candidata fue recibido como un triunfo. Quizá hayan influido en el cambio de postura de Carrió sus conversaciones con el presidente de la UCR, Gerardo Morales. Además de sus cavilaciones pascuales posteriores a la muerte de Alfonsín.

Los encuestadores que trabajan sobre el escenario porteño aseguran que con Carrió en la lista, y si fuera encabezándola mejor, el segundo puesto estaría asegurado con cierta comodidad. Porque además está el "efecto Alfonsín" entre los porteños: una encuesta de la última semana, casi en un ejercicio de fantasía, reveló cerca del 10% de intención de voto a Rodolfo Terragno, aunque ni Terragno ni ningún otro radical aparecen hoy, todavía, como candidatos firmes.

Pero los que se consideran a sí mismos expresión genuina del progresismo capitalino también se están moviendo. Van por un paquete que puede sumar cerca del 25% del total de votos, que es lo que la dupla Daniel Filmus-Carlos Heller consiguió en la primera vuelta y los habilitó para el ballottage perdido con Macri, en 2007.

Otra curiosidad porteña: Heller, banquero cooperativo, se convirtió desde hace varias semanas en un interlocutor habitual de Néstor Kirchner. El ex presidente lo convocó a Olivos para intercambiar opiniones sobre la crisis global y su impacto en la Argentina. Después empezaron a hablar de política.

Kirchner se reunió con Filmus y Heller. Les dijo que quería reeditar en junio la fórmula del 2007. Filmus contestó que prefería seguir en el Senado y cumplir su mandato. Kirchner todavía no había parido las "candidaturas testimoniales". Después insistió Cristina, durante la cumbre de gobiernos progresistas en Viña del Mar. Volvió a reunir a Filmus y Heller, que la acompañaron en el viaje, y reiteró la oferta. Filmus se mantuvo en su negativa y ese día Heller pasó a ser candidato del kirchnerismo oficial.

A ese tren, que sueña llegar al 15% de los votos, se pueden subir los funcionarios sobrevivientes del radicalismo K, como María José Lubertino y Gustavo López. También algún nombre de Carta Abierta, el conglomerado de intelectuales que intenta explicar a Kirchner desde el progresismo: suenan Ricardo Forster, Horacio González, Jaime Sorin. Y la porción del peronismo que pueda ser disciplinada desde Olivos, porque si hay algo "testimonial" es la estructura del PJ porteño a cargo de Alberto Fernández.

El dirigente a conseguir es Víctor Santa María, del poderoso sindicato de porteros, que por ahora juega con Jorge Telerman en una especie de filo-kirchnerismo independiente, otra originalidad porteña. Para saber con quién arregló Santa María hay que ver quién lleva a Juan Manuel Olmos como primer legislador. Por ahora, Olmos va con Telerman. Pero todo fluye.

Otra referencia fuerte del progresismo porteño es Aníbal Ibarra, a quien las encuestas le dan una intención de voto superior al 10%. Ibarra no reniega de su cercanía anterior con el kirchnerismo, pero ahora no quiere que lo vean cerca de ese barrio. Mandó a decir que si los kirchneristas quieren ir con él, que pongan candidatos en su lista. Kirchner lo tiene abonado a su lista cotidiana de maldiciones.

Y está la aparición de Pino Solanas, figura de relieve propio, aliado con Claudio Lozano, que ya demostró tener un capital político módico, pero consistente.

Cerca de Cobos aseguran que Ibarra, y también Telerman, en su momento enviaron señales de humo para ver si el vicepresidente estaba dispuesto a apadrinarlos en la Capital. Todos quieren ir agarrados de esa popularidad que no cesa.

Pero Cobos es radical y una condición no escrita de su armado con la UCR, Carrió y los socialistas es que nada parecido al peronismo se cuele en esa red. Porque también de antiperonismo duro se nutren los votantes progresistas de la Capital.

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