La utopía kirchnerista del país normal

Por Fernando Laborda

Ante el interrogante sobre los debates que nos esperan el 29 de junio, la respuesta de un militante oficialista bonaerense sonó primitiva, pero no por eso alejada de la realidad: "El 29 empieza la discusión por el 2011".

Más por la impericia y por la división de la oposición que por virtud del kirchnerismo, las últimas encuestas han llevado tranquilidad a los caciques del PJ en la mayor provincia argentina. "El primer problema de esta elección está resuelto: nuestro triunfo ya casi no se discute", razonó un candidato más emparentado con Daniel Scioli que con Néstor Kirchner. "La duda es la diferencia", añadió.

Optimistas, los dirigentes kirchneristas y sciolistas creen que su ventaja sobre los segundos se ubicará entre los siete y los diez puntos. Curiosamente, aquí es donde comienzan los resquemores entre los seguidores del ex presidente y los del gobernador.

"Si llegamos a los 40 puntos y ganamos por diez de diferencia, Kirchner pretenderá adueñarse del triunfo e ir por todo", admiten hombres de Scioli que hasta hace poco descontaban que, con el mero triunfo electoral en la provincia, el presidente del PJ le ofrecería en bandeja la candidatura presidencial al ex motonauta.

Habría un escenario incluso más favorable para las expectativas kirchneristas: que Carlos Reutemann sea derrotado por el socialismo en Santa Fe. Algo así obligaría al peronismo no kirchnerista a imaginar otros candidatos alternativos sin la presencia mediática y territorial del ex corredor de Fórmula 1.

Aunque difícilmente trasciendan los límites de algún pasillo oficial en La Plata, las diferencias entre Kirchner y Scioli no terminan ahí. El gobernador bonaerense y sus allegados no ven con alegría el avance del gobierno nacional sobre el sector privado, ni los ecos locales de la nacionalización de empresas de Techint en Venezuela.

"Convertir algo transitorio en permanente puede llevarnos a cometer los mismos errores de Carlos Menem. El llamado progresismo, con cada vez más rasgos de chavismo, no puede ser la identidad permanente del justicialismo", reflexionó un intelectual del sciolismo.

Seis años atrás, Kirchner llegó a la Casa Rosada tras una campaña proselitista en la cual había postulado como uno de sus objetivos "la utopía de un país normal". Tal propósito sigue siendo hoy una utopía.

¿Acaso puede calificarse como "normal" a un país donde, a menos de un mes de simples elecciones legislativas, se sigue deliberando sobre las reglas que rigen los comicios o acerca de si puede representar al conurbano y a la Pampa Húmeda quien construyó su carrera política jactándose de ser un "pingüino patagónico"?

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