Uruguay: el "guerrillero vegetariano" y un derechista clásico, los favoritos

Mujica, del Frente Amplio, supera por unos 14 puntos a Lacalle, ex presidente y líder "blanco".
No parece que Uruguay esté a las puertas de nuevas elecciones presidenciales. Al mediodía del domingo, cuando un sol tibio acaricia a un grupo de jubilados que descansa en la céntrica plaza Independencia, pocas banderas partidarias engalanan el sitio y sólo un par de bocinazos alteran la modorra dominguera.

Sobre la bella Ciudad Vieja, en la peatonal Sarandí, apenas un manojo de turistas curiosean sobre las marquesinas, mientras un par de muchachones aporrean un tambor con redoblante: "El Frente no se achica, vótelo a Mujica", reclama el cántico murguesco entonado sin mucha convicción.

Es que la apatía y el cansancio parece ahora haber ganado de lleno la campaña electoral para los comicios del próximo domingo. Los que conocen el tema atribuyen el hecho a que las energías se habrían gastado en las internas de junio, cuando en Uruguay -a diferencia de Argentina, donde muchas candidaturas se designan a dedo o se heredan- se eligieron a los postulantes. El mismo clima inapetente se apreciaba en la siesta de otros barrios de esta capital, como Pocitos o Carrasco, sólo alborotada por la aparición de camiones con parlantes, estandartes y afiches tensos como banderitas de torta.

Sin embargo, hay quienes asocian esta suerte de empacho electoral con la naturaleza de los presidenciables en pugna. José Rodas, sociólogo de la Universidad de la República, asegura a Clarín que "ambos candidatos generan muchos rechazos y los dos, cada uno a su modo, están muy asociados al pasado".

En rigor, tanto el centroizquierdista José Mujica, del gobernante Frente Amplio (FA), como Luis Lacalle, del opositor Partido Nacional, son figuras protagónicas y muy polémicas de la historia reciente oriental. Mujica, un ex senador y ex ministro de 74 años, mantuvo en vilo a Uruguay en los '60 y '70 como uno de los líderes de los Tupamaros, la guerrilla que quiso tomar el poder y cuya batalla final fue el umbral de la dictadura (1973-1985). Atrás quedaron 14 años como inquilino de la cárcel de Punta Carretas -donde hoy funciona un elegante shopping- y el exilio y muerte de muchos de sus camaradas. Pero Mujica procura dejar atrás aquellas experiencias, recordadas con horror por muchos de sus compatriotas, y se define a sí mismo como un inofensivo "guerrillero vegetariano". "Es un símbolo de la radicalización en que caerá el país", dice con amargo desencanto Ofelia Alduzar, una maestra retirada mientras pasea por la plaza Constitución. Obviamente, jura que no lo votará.

Lacalle, al contrario, es un emblema de la derecha clásica, que entre 1990 y 1995 promovió el achique del Estado, la privatización de la economía y un polémico ajuste fiscal. Al final de su mandato, en pleno fundamentalismo del mercado, los uruguayos rechazaron sus programas con un histórico referéndum contra su Ley de Empresas Públicas que lo obligó a dar marcha atrás. "Si vuelve Lacalle es como si en Argentina volviera Menem, aunque al menos aquí hay posibilidad de referéndum", comenta Julio Sumiso, un arquitecto de Canelones.

El duelo podría definirse sólo en un balotaje a fines de noviembre. Según los sondeos, el Frente cuenta con un 44-45% de los votos. Pero necesita la mitad más uno del total para ganar en primera vuelta. Lacalle dispondría del 30-31%, mientras que Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, estaría tercero con un 11-12%. En un segundo turno, las dos agrupaciones de la centroderecha se unirían para intentar derrotar a Mujica. "Estamos parados en el 45% y sabemos bien que no se llega", dijo a este enviado un analista del Frente, quien además dirigió la lupa hacia la filosa lengua de Mujica, que lo ha puesto en más de un aprieto.

El presidente Tabaré Vázquez, con una aprobación popular del 61%, acaba su mandato con una muy buena gestión, alabada incluso por los opositores. Ha participado en la campaña de un modo discreto, pero se mostró discrepante y crítico con Mujica. Los asesores del senador tupamaro le reclaman desde hace semanas que acepte posar con el candidato. El mandatario daría hoy el "sí".

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