Uruguay: guerra de acusaciones en el tramo final de la campaña

Luego de algunos días de serenidad, volvió la carga agresiva a los discursos de los dos candidatos con más posibilidades. El presidente Tabaré Vázquez, que se va con 60% de popularidad, recibe elogios de su partido y también de la oposición.
La tregua duró poco. Hasta hace apenas dos semanas, los dos presidenciables principales protagonizaban una de las disputas electorales más crispadas que se recuerden. Hubo groseras zancadillas, adjetivos desmedidos y algunas disculpas. Pero el clima enrarecido y una caída en las encuestas obligó a bajar las espadas. Sin embargo, luego de unos días de calma, el final de campaña entonó otra vez los ánimos y volvió a derramar veneno en las lenguas.

El primero, al parecer, en cambiar la estrategia fue el candidato de la centroderecha por el Partido Nacional, Luis Lacalle. En un acto en Lavalleja, este ex presidente buscó asociar a su rival, el ex guerrillero y senador por el oficialista Frente Amplio, José Mujica, con un escenario de gobierno peligroso para el Uruguay, ligado a un clima de inestabilidad y violencia. Y lo diferenció del trabajo que ha hecho el actual mandatario, el centroizquierdista Tabaré Vázquez, que se ha convertido -por su acertada gestión- en la niña bonita del comicio, elogiado por propios y extraños.

"Antes sabíamos que el que estaba enfrente era el Frente del doctor Vázquez, la izquierda socialdemócrata europea, un poco lo que gobierna en Chile, comprensiva de los fenómenos modernos ya que, cuando tuvo que aceptar la privatización, la aceptó", dijo Lacalle. Luego agregó: "Pero repentinamente, como un relámpago en una tarde de verano, aparece lo que inevitablemente tenía que aparecer por el eje del poder en el Frente: el partido comunista y el movimiento tupamaros". Según la lógica de Lacalle, "vamos a un Frente más radical, más conflictivo, más confrontacional, que apareció con banderas antiguas".

Mujica había sido muy duro días atrás con Lacalle, cuando éste calificó de "sucucho" su humilde casa de campo. El senador dijo que su rival se sentía "ofendido en su espíritu arrogante y aristocrático de clase poseedora, de patricio de doble apellido". Pero el lunes, endureció el discurso al repudiar que el liderazgo del partido Nacional dijera que él no respetaba el derecho a la propiedad privada. "Es una chantada miserable que busca achatar la discusión. En el mundo en el que vivo, debo respetar la propiedad", comentó ofuscado a radio Océano FM.

La guerra de palabras, sin embargo, es un poco más que mero fuego de artificio. En verdad, encubre la intención de despegarse de imágenes populares incómodas: Mujica debe presentarse como alejado de posiciones estatistas y Lacalle, a su vez, intenta opacar su aura elitista asociada al capital financiero y al patriciado. Todo sea por ganarse a un electorado del centro que mira con desconfianza tanto al pasado guerrillero de Mujica y sus comentarios campechanos heterodoxos como a Lacalle, cuyo gobierno privatizador en los '90 acabó muy cuestionado.

De cualquier manera, Mujica enfrenta la tarea más difícil por dos razones: es el que tiene más chances, según las encuestas; y el que carga con el antecedente de haber debido pedir disculpas a la Argentina por comentarios recientes y desafortunados sobre su célebre costumbre de fagocitarse a sí misma. Asociado a ello, y como un elemento de peso, ambos candidatos están fuertemente ensombrecidos por la gestión de Vázquez, que acaba con el 60% de aprobación por su buena administración económica y su prolijidad a la hora de desarmar entuertos sin alzar demasiado el tono y mostrando respeto.

En un afán de presentarse como la continuación de Vázquez, aun conservando su estilo, Mujica ha dicho comentarios como éste, en un acto en Mercedes: "Si la economía no funciona, no tenemos lana pa' nada. Por lo tanto, tenemos que cuidar la inversión de afuera, la capacidad de ahorro nuestra y la sensación que tenga la clase media de que en este país se puede guardar un peso, tenerlo y no te lo van a afanar".

Sin embargo, los sondeos (44-45% a su favor contra 30-31% a Lacalle) no muestran hasta ahora que Mujica pueda evitar el ballottage, al que el oficialismo mira como la puerta del infierno.

Tercero en las encuestas, el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, tampoco puede eludir el martirio del archivo, aun cuando su mención allí no sea de su responsabilidad. En su caso, el estigma proviene de su padre, el ex dictador Juan Bordaberry, encarcelado por violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1976. Otro indicio de que el pasado vuelve a estas horas en Uruguay.

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