"En el Uruguay ya no existe la derecha"

El líder del Partido Nacional uruguayo cree que falta "una alineación de los astros" para los gobiernos "progresistas" de la región. Criticó al matrimonio Kirchner por el conflicto de Botnia.
En 1989 ganó las elecciones nacionales y gobernó Uruguay hasta 1995. Ahora, veinte años después, aspira a un nuevo mandato gracias a que las encuestas lo dan como favorito en las internas del Partido Nacional frente a su correligionario Jorge Larrañaga. En una conversación telefónica con Crítica de la Argentina mientras viajaba a la ciudad de Colonia del Sacramento, en plena campaña electoral, Lacalle habló sobre el conflicto por Botnia, la relación entre Mujica y Kirchner, y la Ley de Caducidad.

–Usted prefiere no hablar de "derecha e izquierda". ¿Por qué no se define de derecha y se posiciona como una alternativa clara al gobierno de Tabaré Vázquez?

–En Uruguay no existe la derecha. Aquí la estructuración política del país durante 173 años se formuló alrededor de los dos partidos más antiguos del mundo: el Partido Nacional y el Colorado, que son cortes verticales en los que están representadas todas las capas sociales. De esos dos, el Partido Nacional, que es el que ha sobrevivido con más éxito hasta ahora, rechaza profundamente cualquier calificación que no sea la del "nacionalismo pragmático", una visión de que la derecha y la izquierda son etiquetas insustanciales. Nosotros nos definimos en función de instrumentos y resultados. Si me apuran un poco, creo que el Partido Nacional es el partido de los grandes equilibrios sociales.

–¿Cómo evalúa el surgimiento de gobiernos "progresistas" en Sudamérica?

–Yo siempre rechacé la idea de que esto es un efecto sistémico y general. Las razones que llevan a que Bolivia tenga un gobierno como el que tiene hay que buscarlas 500 años atrás en la postergación de la población indígena. No se parece en nada a lo que ha sido la izquierda tan sabia y tan pragmática chilena, que en nada se parece a la irrupción del gobierno cívico-militar y populista del presidente Chávez. Lo de Paraguay no se parece a ninguno de esos porque simplemente se produce por un cansancio histórico relativo a la presencia de tanto tiempo del Partido Colorado, incluida su larga etapa de dictadura. Lo del Brasil, ¿cómo se califica? No hay una alineación de los astros para los gobiernos de izquierda porque cada uno tiene su peculiaridad. A mí me costaría mucho calificar de izquierda al gobierno argentino porque el peronismo es un movimiento multiforme donde caben todos los extremos.

–¿Qué le pareció el apoyo de Néstor Kirchner a José Mujica?

–Una cosa que nos diferencia del Frente Amplio es que algunos sectores creen en las identidades ideológicas internacionales. Quienes somos nacionalistas queremos un Uruguay absolutamente independiente y tenemos una triste experiencia de la intervención de vecinos en nuestros asuntos internos. El apoyo dado por el Sr. Kirchner al Sr. Mujica no le cayó bien a nadie y menos a los propios frentistas. Nosotros acá para elegir gobierno no necesitamos consejo, ni tutoría, ni intromisiones, y menos de la República Argentina.

–¿Cuál es su visión sobre el manejo del conflicto por Botnia por parte de Uruguay?

–Estamos condenados por la geopolítica a llevarnos bien con Argentina, Brasil y Paraguay porque somos miembros del vecindario y no nos podemos mudar. Ahora; gobierno nuevo, política nueva. Nuestro deseo es tener con la presidenta Cristina Fernández la mejor relación. Hasta ahora lo que ha habido es una omisión de la República Argentina en el cumplimiento de las leyes internas que garantizan el libre tránsito a los ciudadanos argentinos y una omisión respeto del Tratado de Asunción que garantiza el libre tránsito de los bienes y servicios a través de los puentes. Vamos a dar vuelta el tema: si nos toca conducir el país, en vez de hacer del río un asunto contencioso vamos a convertirlo es un factor de prosperidad.

–¿Está dispuesto a negociar?

--Tarde o temprano Argentina tendrá que cumplir con las leyes. Me parece que tiene que ser previo a la desaparición de este conflicto, que se va acabando. Yo espero que después de las elecciones del 28 de junio prime la cordura y se den cuenta que el tema ya está laudado. La fábrica no contamina y quienes están violando la ley en la República Argentina tienen que comprender que su país pierde prestigio internacional cada vez que los embajadores acreditados en Buenos Aires informan que se cortan puentes y que el gobierno parece inoperante.

–Otro tema que afecta a ambos países es la política de derechos humanos. ¿Qué piensa sobre lo que hizo Vázquez?

–Yo soy un hombre de presente y de futuro, viví la dictadura, tuve una bomba de los tupamaros en mi casa cuando era diputado en 1971, fui secuestrado por las Fuerzas Armadas y estuve preso, soy parte de un drama que vivió el Uruguay y que hay que cerrar definitivamente. La Ley de Caducidad cumplió su función, no hay que olvidar que la Ley de Amnistía perdonó a todos los tupamaros. Seguir excavando en el pasado me parece un error. Lo increíble es que el Frente Amplio, teniendo mayoría parlamentaria, no haya derogado la Ley de Caducidad. Que ahora, al final de su mandato, el presidente Vázquez sostenga que es inconstitucional nos parece peculiar. Me parece que esto es un mecanismo de movilización, utilizando el dolor y el drama de una época que tenemos que dejar detrás, con respeto por las personas que murieron de ambos lados porque los muertos valen igual.

–¿Cuáles son sus principales objetivos para Uruguay?

–Lo primero es recobrar el sentido de la autoridad. Tenemos que bajar la edad de imputabilidad y establecer un instituto del menor delincuente. El Uruguay está azotado por una ola de delincuencia vinculada con la pasta base, el paco, como le llaman ustedes. Desde el punto de vista de la economía, hay que destrabar al sector privado, bajar los costos del Estado y los impuestos, hay que cortar la frondosidad de la legislación laboral sin perder de vista la protección del trabajo, que tiene preeminencia sobre el capital de acuerdo con la doctrina cristiana y social de la Iglesia que nosotros seguimos y respetamos. Si despertamos las fuerzas que tenemos adormecidas, el Uruguay tiene un futuro próspero.

Lula y Lugo entre dos aguas

A pesar de la buena relación que manifiestan tener, los presidentes Lula da Silva y Fernando Lugo debieron admitir en Brasilia el "fracaso" de las reuniones que debían definir un nuevo precio para el excedente de energía que Brasil compra a la represa binacional Itaipú. Los mandatarios aceptaron verse una vez más en julio para analizar los cambios que Paraguay propone al Tratado de operación conjunta de la hidroeléctrica. "No hay razón para firmar tres acuerdos ahora y cuatro después. Mejor firmar uno general", se justificó Lugo. El debate no se limita a los precios. Asunción rechaza también la obligación de ofrecer sus excedentes sólo al Estado brasileño.

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