Las urnas hablaron: que el desaforado K. se aleje de la torta

Por Esteban Peicovich (*)

Papá Heráclito enseñó que si no se avanza, se recula. En eso estamos. "Nos" mediante. Esto (no este país o nuestro país, sino Esto) declina por una porfiada adicción a factores de riesgo. Pasamos por tantos en los últimos años que tenemos un país inmuno deficiente modélico. O sea, tan boludamente receptivo, que los virus turistean aquí pues la pasan de fiesta corrida. Ni siquiera deben tomarse el trabajo de mutar: se presentan a las elecciones con la misma cara y se las toman por distintas. Tampoco de esconderse: la tele los muestra sin que nuestra visión los rechace.

Impecable ejemplo de Instrucción Cívica de cómo se dessuceden las cosas en el país de Esto, lo protagonizó esta Semana CFK: "Nosotros sí damos los datos. Argentina es el país que da a conocer realmente todas las cifras". Así lo enfatizó en acto probatorio de que este es el país "más distinto" del mundo. Y vaya si no: mientras en los 191 restantes celebran la botadura de un barco aquí lo hacemos al desbotarlo.

Esta semana la primera mandataria amadrinó la remoción de un buque hundido en el Riachuelo. Sin champaña y con munición gruesa contra el pasado. "Desde la época de Mitre y de la fiebre amarilla se venía hablando del saneamiento de la cuenca del Riachuelo y nunca se llevó adelante" (dijo) O hasta este momento en que estoy yo aquí (quiso decir) Dado el carnaval cívico en el que estamos, no fue poca cosa.

El acto formó parte del "programa de saneamiento" del Riachuelo, operativo infinito que ha ido proponiéndose a lo largo de nuestra historia sin que le diera bola nadie. Obra Maestra Inconclusa que rebota en vano en nuestra memoria y conforma, con el proyecto de canalización del río Bermejo, la más antigua utopía argentina. Acorde a la retórica de gelatinoso estilo que distingue a los comunicados oficiales de toda la vida, al desdichado Riachuelo se lo mencionó esta vez "el curso de agua", que para los allí presentes sonó a optimismo partidario o a piropo fluvial poco feliz. Eso sí, se resaltó el hecho de que este rescate del barco hundido se cumplía por fallo dispuesto por la Corte Suprema de Justicia. Lo que prueba lo responsables que somos a la hora de "salvaguardar" (verbo oficial como pocos) la salud de la población.

Quedó en el aire, tras el acto, si el símbolo del mismo no contendría algún mensaje subliminal. El "curso de agua" abierto el 28 de junio sigue oliendo tan mal como el Riachuelo de siempre. Puede que se tratase de una prueba piloto, de un mensaje por elevación o el primer atisbo de que CFK se dispone a encarar el "saneamiento" de su gestión. Pero de a poquito y por fuera no vale. Ya irrita el tozudo ninguneo al mensaje que los votos dejaron en las urnas.

Unánime y clarísimo: que el desaforado K. se aleje de la torta y cierre el pico hasta el 10 de diciembre. Sorprende (y despide tanto mal olor como el Riachuelo) que el susodicho no se haya enterado ni nadie lo obligue a enterarse. Es que pasan tantas cosas raras en el país que muchos temen que la ominosa influencia de NK pueda prologarse en el tiempo tanto como la desidia en abrir el Bermejo y dar un poco de azul al Riachuelo.

*Especial para Perfil.com.

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