La urna como salvavidas

Por Joaquín Morales Solá

Sorprende lo bien que el matrimonio presidencial aprendió a bailar jazz. Han sido lecciones veloces; el "efecto jazz" fue una jactancia de Cristina Kirchner de hace sólo cuatro meses, cuando ya la crisis se abatía sobre el mundo. Ahora saben que la economía, la política y las elecciones argentinas se mueven al ritmo del jazz.

Sin embargo, ninguna explicación es válida para fundamentar la extrema tensión a la que se sometió desde ayer al sistema político ni para justificar un nuevo castigo a la economía enferma. Cada gobernante argentino hace lo que le conviene; ante las inminentes penurias cada uno parece arrebatar los víveres de la mesa y salir corriendo. Un país complicado y difícil quedó al margen de las especulaciones electoralistas.

Economistas independientes aseguran que el tercer trimestre del año registrará la caída más brutal de la economía local. El crecimiento del PBI podría hundirse hasta menos 5 y el desempleo podría elevarse hasta cerca del 12%. Kirchner huele que las cosas serán así o muy parecidas. En junio, entonces, la Argentina estará entrando en la zona más oscura del túnel de la recesión. El ex presidente chapuceaba desde hace tiempo en la probable necesidad política de adelantar las elecciones, pero no sabía cómo hacerlo ni con qué argumentos respaldarlo.

Mauricio Macri le abrió la puerta cuando anteayer anunció un adelantamiento electoral en la Capital. Esa era, dedujo el gobierno nacional, una buena razón para respaldar una resolución que sólo trata de huirle a la crisis. No obstante, la historia no registra casos de elecciones adelantadas por razones económicas que hayan resultado exitosas. Al revés, la crispación electoral no hizo más que acelerar el ritmo de las crisis económicas en casi todos los casos.

Hace 20 años, Raúl Alfonsín adelantó más de cinco meses las elecciones presidenciales de 1989, porque su equipo le informó que el plan económico tendría vida hasta entonces. La convocatoria desestabilizó la economía más de lo que ya estaba y Carlos Menem resultó presidente.

¿Por qué Kirchner debería tener mejor suerte? El ex presidente ha hecho lo que hace siempre que la política lo sorprende en una ratonera: dobló la apuesta. Pero no hay acción sin reacción. Una fracción importante de productores agropecuarios decidió por su cuenta no comercializar granos hasta después de las elecciones. Confían en que un gobierno más débil, luego de la contienda electoral, podría ceder en una baja considerable de las retenciones, sobre todo de la soja.

Empresarios industriales han adelantado también que frenarán cualquier proyecto de inversiones, todas pequeñas en las actuales condiciones locales e internacionales, hasta constatar qué clase de gobierno quedará luego de las elecciones. Los despidos podrían acelerarse en las próximas semanas cuando se constaten tiempos de parálisis económica.

Nadie descarta en el universo político una mayor radicalización del Gobierno cuando compruebe esas malas noticias. Presagian un nuevo intento de creación de una junta nacional de granos, que debería venir con la orden compulsiva a los productores de vender sus mercancías. La existencia de la junta no obligaría, por sí sola, a la comercialización de los productos agropecuarios. ¿En qué medida o hasta qué punto se agigantaría entonces el conflicto entre gobernantes y productores agropecuarios? Algunos subrayan también la posibilidad de que el Gobierno reflote la estatización total del Banco Hipotecario, cuyo gerenciamiento y una porción importante de sus acciones está en manos privadas. Un chavismo tardío podría construir el eje de la campaña.

El artículo 77 de la Constitución es muy claro: cualquier modificación del sistema electoral o del régimen de partidos políticos necesita de una ley aprobada por la mayoría absoluta de las dos cámaras del Congreso. Se trata de la mayoría de todos sus miembros y no sólo de la de los legisladores presentes.

No sólo se necesitará de esa mayoría especial, sino también de tiempos parlamentarios vertiginosos: el Gobierno precisa su aprobación en apenas dos semanas para dar cumplimiento a la norma que lo obliga a convocar a elecciones 90 días antes. ¿Podrá? Es probable que cuente con el número indispensable en la Cámara de Diputados (129 diputados), porque el Pro y los hombres de Francisco de Narváez podrían acompañarlo. Otra cosa será el Senado, donde la representación de ellos es escasa o nula. Según los números de hoy, tras la anunciada deserción de Ramón Saadi, el peronismo oficialista tendría 36 senadores, uno menos que la mayoría. ¿Julio Cobos deberá desempatar otra vez?

Los tiempos no permitirán elecciones internas en los partidos políticos, sustrayéndoles a la vida pública y a sus protagonistas una dosis importante de legitimidad democrática. El Gobierno se notificó tarde de la crisis económica y ahora notifica a la opinión pública, más tarde aún, de un cambio fundamental en las reglas del juego electoral. Es el eterno método de los Kirchner: las reglas del juego sirven sólo si son útiles a los que mandan. La ley está hecha para disciplinar a los súbditos, pero no comprende al príncipe.

El significativo cambio del calendario electoral no fue motivo de ninguna consulta de los Kirchner, ni siquiera con los líderes de los bloques parlamentarios oficialistas. A Macri podía reprochársele un exceso de consultas con funcionarios y dirigentes de su partido, y su inclinación ante la voluntad mayoritaria de ellos, pero a Kirchner hay que censurarle su absoluta falta de capacidad para consultar con nadie. La República no está definitivamente en su cabeza ni en su formación política e intelectual.

Elisa Carrió había esquivado el jueves el desafío de competir cuerpo a cuerpo con Gabriela Michetti, pero Kirchner la condenó ayer de nuevo a ese destino. Tanto ella como Cobos y el radicalismo deberán apurar ahora los acuerdos que estaban demorando, a veces inexplicablemente.

Solá y De Narváez han tenido una buena y una mala noticia. La buena consiste en que podrán usar el "efecto Michetti" en el primer cordón bonaerense, el más cercano geográfica, social y culturalmente a la Capital. La mala es que el tiempo se les agota a los dos. La tensión entre ellos por quién será primer candidato a diputado debería disiparse en los próximos días. Kirchner ha hecho algo en beneficio de ellos; ellos también deben hacer algo por ellos mismos.

La Argentina ha entrado, así, en un repentino e innecesario clima electoral. Los problemas reales (la economía, el trabajo, la inseguridad, el campo) deberán esperar, congelados, tres meses más. ¿Esperará la sociedad? ¿Cuánto queda en el inestable vaso de la paciencia colectiva?

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