Uribe capitaliza los ataques de su "enemigo preferido"

Suma puntos de popularidad con cada amenaza de Chávez
Después de que su alta imagen pública cayera, en el último bimestre, de un 70% de aprobación a un 64%, por la crisis económica y un escándalo de corrupción que rozó a su gobierno, el presidente colombiano, Alvaro Uribe, puede respirar tranquilo.

Su "archienemigo preferido", Hugo Chávez, ha acudido en su ayuda. Al pedirles a los venezolanos que se preparen para una guerra con Colombia, hizo que los colombianos cerraran filas en defensa de su presidente. Y así es posible que esos seis puntos de popularidad perdidos en el último bimestre vuelvan en un santiamén al porcentaje que mide el nivel de aprobación de su gestión.

No sólo eso. Gracias a las amenazas de Chávez, otros temas candentes para Uribe quedarán en segundo plano. Entre ellos, su segunda reelección (debe ser ratificada aún por la Corte Constitucional), el supuesto uso discrecional de subsidios al agro (la oposición denunció que su gobierno había destinado fondos millonarios sin contraprestaciones a financistas de su campaña electoral) y el alto desempleo, que ya llega al 16 por ciento.

"Chávez se apoya mucho en el conflicto con Colombia para mantener la gobernabilidad. Aquí eso no ocurre tanto como allá, pero tener un enemigo como Chávez, que es muy poco querido por la población colombiana, le ayuda a Uribe a superar situaciones internas difíciles", dijo a LA NACION, desde Bogotá, el analista León Valencia.

Al respecto, el analista y director de la Fundación Seguridad y Democracia, Alfredo Rangel, afirmó: "Los ataques y las amenazas de Chávez de provocar la guerra en la frontera han producido un efecto de respaldo generalizado al gobierno, incluso en sectores opositores que han llamado a rodear de solidaridad al gobierno. Por supuesto, en la opinión pública se fortalece el apoyo del presidente".

Además, gracias al acuerdo que permite al ejército de Estados Unidos usar bases colombianas, Uribe encontró la manera de comprometer al gobierno del presidente norteamericano, Barack Obama, en el combate de la narcoguerrilla colombiana.

Así despejó los temores de que la ayuda militar norteamericana se resintiera con la salida de la Casa Blanca de George W. Bush, que fue el principal aliado internacional del gobierno de Uribe.

O sea que, gracias al acuerdo con las bases, Uribe protagoniza un juego en el que se siente muy cómodo y que le ha dado muchos réditos: se alinea con Estados Unidos y, al mismo tiempo, se enfrenta con Chávez.

Igualmente, más allá de la supuesta movilización de tropas venezolanas y de los cierres momentáneos de los pasos fronterizos ordenados por Chávez a la frontera binacional en los últimos días, lo cierto es que esa zona ya es de por sí caliente y conflictiva.

Según contó Valencia, allí operan grupos paramilitares y guerrilleros que se dedican al contrabando de combustible y al tráfico de drogas, por lo que siempre fue un terreno fértil para incidentes binacionales.

A eso se le añadió, en los últimos días, las capturas masivas de colombianos acusados de espionaje en Venezuela y el asesinato, allí, en circunstancias confusas, de nueve colombianos. "Es una estrategia de recalentamiento artificial de la frontera. De manera prejuiciosa, con gran parcialidad política y justificando su asesinato, Chávez dijo que los jóvenes, que eran vendedores de maní y jugaban un partido de fútbol eran paramilitares sin haber siquiera levantado los cadáveres", señaló Rangel.

Agregó que dos dirigentes de las FARC, Iván Márquez y Timochenko, estarían en Venezuela y que su presencia es tolerada por el ejército. Además, denunció que, en esa zona, opera un grupo paramilitar venezolano apoyado por el gobierno, llamado Fuerzas Bolivarianas de Liberación.

"Chávez está usando la palabra guerra y el ex presidente [colombiano, Ernesto] Samper uso la expresión «ambiente de preguerra». Es un momento muy difícil porque a los actores armados ilegales que operan en la frontera les interesa que el conflicto crezca, a Chávez también le interesa y a Uribe, también. No veo cómo detenerlo, a menos que haya presiones internacionales", señaló Valencia.

Y añadió que, pese a que el enfrentamiento con Chávez beneficia en términos políticos a Uribe, "perjudica mucho los intereses reales y verdaderos del país y la población".

Nada indica que ese enfrentamiento de baja intensidad con frecuentes escaramuzas vaya a desembocar en una guerra abierta. Por un lado, porque el gobierno colombiano ha dado intervención a los organismos internacionales, en una estrategia que, según Rangel, busca demostrar que Bogotá no alienta el conflicto.

Por otro lado, porque "Chávez que es militar sabe que no puede ganar", según dijo. Para demostrarlo basta sólo un número: el ejército venezolano tiene 63.000 efectivos y el colombiano 220.000. Además, este último está en guerra desde hace 40 años, por lo que le saca ventajas irremontables de preparación y de capacidad.

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