La Universidad del Salvador nunca retiró el honoris causa a Massera

La Universidad del Salvador nunca retiró el honoris causa a Massera
En la noche del viernes 25 de noviembre de 1977 se clausuró el ciclo académico anual y el rector Francisco José Piñón entregó el diploma al genocida. La USAL hizo desaparecer la documentación de esa comprometedora ceremonia.
“Pese a esta generosa designación de Profesor Honorario, no estoy preparado para afrontar el compromiso intelectual de un discurso académico, de modo que me limitaré a conversar con ustedes sobre algunos temas que, sin duda, nos preocupan a todos.”

Almirante Emilio E. Massera,

Universidad del Salvador,

25 de noviembre de 1977.

“La Universidad del Salvador, comunidad de la Iglesia enraizada en la Nación Argentina, abrevando en las fuentes de la historia, encuentra su misión particular en la formación de conciencias superiores.”

Lic. Francisco José Piñón, rector, 25 de noviembre de 1977.

Vale la pena, en este caso, comenzar por el final y aclarar de primera intención que, consultado por Tiempo Argentino, desde el Rectorado de la Universidad del Salvador explicaron a Tiempo Argentino que "no tienen ningún registro de que a Massera se le haya otorgado un honoris causa. Que conocen la información, pero que no hay documento alguno, por lo menos en la universidad, sobre ese hecho. Por esa razón, nunca hubo posibilidad de retirárselo."

Ahora bien, la Compañía de Jesús manejó la Universidad del Salvador desde su fundación en mayo de 1956 y hasta 1974, cuando se produjo lo que en esa casa de estudios llaman "el desligue": de súbito, la conducción fue entregada a un grupo de laicos.

En julio de 1973, el padre Jorge Mario Bergoglio había sido designado Prepósito Provincial de la Argentina, el máximo escalafón nacional entre los jesuitas, pero 20 días antes su superior, el Prepósito General de la compañía en Roma, R.P. Pedro Arrupe, había dado una orden para "refundar la Universidad del Salvador", según se explica en la página 52 de la publicación realizada por el 50º Aniversario. La entidad debería regirse por una asociación civil integrada por laicos. Así lo explicó Bergoglio en su discurso del 26 de junio de 1974: "La Compañía cree en la Iglesia, cree en los laicos, cree que debe retirarse a tiempo para el crecimiento del Reino de Dios (…) que nos indica otro camino para el servicio; dejando esta obra en manos de quienes ya pueden llevarla satisfactoriamente." Según Bergoglio, esa nueva Universidad se debía basar en la "continuidad del espíritu jesuítico: lucha contra el ateísmo, avance mediante el retorno a las fuentes y universalismo a través de las diferencias". Fuera de las causales divinas invocadas, ese "desligue" tenía razones económico-políticas. La Compañía de Jesús estaba quebrada y había decidió desprenderse de bienes y obligaciones, entre ellas la transferencia de la universidad.

El país atravesaba uno de los períodos políticos más convulsionados de su historia. Perón, a punto de morir aunque nadie lo sospechaba, ejercía la presidencia. Es probable que la responsabilidad de "desligar" a la USAL haya representado una "papa caliente" en las manos de Bergoglio por lo que prefirió confiar en personas con que había compartido trayectorias militantes. Cumpliendo la orden de Arrupe, creó una nueva dirección con el licenciado Francisco José Piñón como rector (que permaneció hasta 1980) y Walter Romero como operador externo, dos dirigentes de la organización peronista Guardia de Hierro. También designó a su contador de confianza, Enrique Betta, como vicerrector económico. Otros cargos jerárquicos fueron ocupados por militantes guardianes.

DE JESUITAS A GUARDIANES. Guardia de Hierro era una influyente agrupación política que fusionaba catolicismo con peronismo bajo un organigrama de tipo militar, aunque sin entrar en la lucha armada. Se formó en tiempos del exilio de Perón y tuvo su mayor peso en la década del '70, cuando formó parte de la llamada "Organización Única del Trasvasamiento Generacional" (OUTG) con una vasta red nacional para la formación de cuadros políticos. Francisco (Cacho) Piñón militó en la Organización Universitaria Peronista (OUP), fracción universitaria de Guardia. La muerte de Perón en 1974 desencadenó una crisis interna en la agrupación, ante lo cual su Estado Mayor se dividió en columnas, una de las cuales fue la de Altos Estudios a cargo de Piñón, secundado por Walter Romero, jefe del Estado Mayor de Guardia en la época del traspaso de la USAL.

El golpe de Estado de 1976 encontró a la Universidad bajo el mando de los guardianes. Por su ortodoxia católica no serían vistos como "subversivos" pero para la incontrolable maquinaria del terrorismo de Estado cualquier filiación política podía ser motivo de sospecha. También había inquietud en el Vaticano por el secuestro y la desaparición de varios sacerdotes jesuitas. Massera viajó a Roma y se reunió con el Papa Paulo VI el 26 de octubre de 1977. Fue una visita "altamente positiva" para el Vaticano, "Paulo VI quedó gratamente impresionado por la personalidad del almirante Massera y satisfecho por los temas de la conversación mantenida", expresó el cardenal Raúl Francisco Primatesta con la parcialidad informativa que caracterizaba a todas las noticias oficiales de la época.

GUARDIA DE HIERRO Y MASSERA. Los hombres de la OUTG a cargo de la universidad evidenciaron "un marcado acercamiento con el almirante Emilio Massera, jefe de la Fuerza Naval". Esa aproximación de los guardianes al masserismo tuvo su punto más alto en el acto de entrega del diploma honoris causa al almirante.

Ex integrantes de Guardia de Hierro justificaron ese pacto aduciendo razones de protección y salvaguarda ante posibles persecuciones y que la distinción honorífica a Massera formaría parte de una morbosa contraprestación hacia el almirante, quien habría accedido a liberar, a pedido de Bergoglio, dos sacerdotes que la ESMA tenía secuestrados.

Massera, además, ambicionaba perpetuarse en el mando a través de las urnas para lo cual a fines de 1982 lanzó su "Partido para la Democracia Social", y "democracia social" era una idea fuerza impulsada por Guardia de Hierro desde su publicación Trinchera.

ENTRETELONES DE UN ACTO VERGONZANTE. Quizás Bergoglio intuyó que el acto de entregar el diploma a Massera no tenía que ver con la cruz cristiana y tomó dos previsiones en su resguardo. La primera fue no realizar el acto en las sedes céntricas de la USAL. La segunda, evitó exponerse, por lo que en el escenario estuvo el padre Víctor Sorzín, su vice en la Compañía, sentado junto a Massera.

La ceremonia se realizó, entonces, en el centenario colegio Casa de Jesús del barrio de Almagro donde funcionaba la Facultad de Psicopedagogía. En la noche del viernes 25 de noviembre de 1977, Massera y su comitiva accedieron por la imponente entrada de Corrientes 4471 y subieron los escalones de mármol hasta el sobrio teatro de la institución. Había 400 invitados. Después de entonar el Himno Nacional, el rector Piñón dio su discurso: "La Universidad del Salvador, comunidad de la Iglesia enraizada en la Nación Argentina, abrevando en las fuentes de la historia, encuentra su misión particular en la formación de conciencias superiores, basadas en la hermenéutica de la justicia, y desde ellas explorar las más altas áreas del saber para aportar desde allí a la construcción de la comunidad argentina, en la que cada uno de sus hombres y mujeres sean protagonistas de la realización del destino común." La cátedra "Problemas internacionales del espacio oceánico R. P. Ives de la Briere S.J." fue la elegida por el rector para culminar el ciclo académico con ese acto homenaje a Massera. Se trataba de una materia extracurricular anexada ese año para dar "nuestro aporte universitario a la gran empresa en pro de despertar la conciencia marítima de los argentinos e integrar efectivamente a la masa líquida –nuestra provincia marítima– a la Nación."

"Los datos de esa distinción al Almirante Cero desaparecieron misteriosamente de los archivos de la universidad porque allí constan las firmas de quienes lo propusieron y las motivaciones para doctorar a un genocida", señaló el periodista Walter Goobar en Los secretos de Bergoglio y Massera. El diploma aludía a un profesorado y no a un doctorado, una sutileza académica que no atenúa la gravedad de haber galardonado a un genocida.

Massera agradeció a la universidad en nombre de la Armada y luego se despachó con un alegato sobre los peligros que, según su juicio, acechaban a la juventud. Ese discurso maquiavélico, publicado por el diario Clarín el sábado 26 de noviembre de 1977, requeriría un extenso análisis, aunque el periodista Horacio Verbitsky lo resumió en pocas líneas: "Massera pronunció una de sus grandilocuentes homilías sobre 'la vida o la muerte, la libertad o la esclavitud' y el 'choque deslumbrante de las culturas y de las anticulturas', el 'espacio galáctico y el coloquio del átomo'”. El Señor de la ESMA también peroró sobre la indiferencia de los jóvenes, el amor promiscuo, las drogas alucinógenas y la "derivación previsible" de esa "escalada sensorial" en "el estremecimiento de la fe terrorista". Objetó a Marx, Freud y Einstein, por cuestionar el carácter inviolable de la propiedad privada, agredir el "espacio sagrado del fuero íntimo", y poner en crisis la condición "estática e inerte de la materia". Massera indicó que la universidad era "el instrumento más hábil para iniciar una contraofensiva" de Occidente, como si por ser judíos Marx, Freud y Einstein no formaran parte de esa tradición".

"Y CONTAMOS CON LA DISTINGUIDA PRESENCIA DE…" El telón de fondo mostraba la clásica decoración usalense: la bandera argentina, la papal, la cruz y el escudo institucional. Lo angosto del escenario obligó a separar a los panelistas en dos hileras de sillas. Adelante estaban el vicerrector académico Eduardo Suárez, el rector Francisco José Piñón, el almirante Emilio Eduardo Massera, el vice provincial jesuita Víctor Sorzín y el vicerrector económico doctor Enrique Betta. En la fila de atrás se advierte al emblemático ex rector de la USAL, padre Ismael Quiles, y junto a él Víctor Marangoni, María Mercedes (Mecha) Terrén, decana de la Facultad de Ciencias de la Educación y Comunicación Social, en tanto el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, doctor Ricardo Levene (hijo), estaría en la platea. La disposición se puede ver con claridad en las breves escenas del documental La república perdida II. La USAL filmó el evento con equipos propios, pero se desconoce el paradero de las cintas. El entonces decano de la Facultad de Filosofía Carlos Cullen afirma que, en el escenario, estaban todos los decanos menos él, que dejó la silla vacía por haberse negado a participar de ese otorgamiento ante el Consejo Superior de la universidad, junto con el director de Departamento de Filosofía, Agustín de la Riega.

A 35 años de aquel hecho, la USAL le debe a la sociedad –y a sí misma-– un acto de desagravio. Apenas un salto moral. No es pedir demasiado.

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