Unidos por la fuerza

Después de dos años, la necesidad y la urgencia los unieron en materia de seguridad. Néstor Kirchner resolvió involucrarse y Daniel Scioli aceptó revertir la política de complacer a la policía bonaerense a cambio de nada. Hecha trizas la pretensión de alcanzar una regulación policial del delito que garantice la paz social, el ex presidente y el gobernador anuncian ahora un cambio de estrategia con eje en la batalla contra los desarmaderos de autos.
Fuentes oficiales aseguraron a este diario que la Secretaría de Inteligencia, que conduce Héctor Icazuriaga, trabaja en un plan conjunto con los asesores de Scioli en materia de seguridad. Eso explicaría el giro que llevó al ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, a señalar que detrás de los últimos asesinatos de mujeres en el conurbano se esconden policías exonerados. En el Ejecutivo apuntan contra los actores que se mueven detrás de desarmaderos como los de Warnes. En Olivos estiman que entre el 50 y el 60 por ciento de los repuestos que se venden a través de esa boca de expendio son robados. Además, deslizan que existió un sondeo al gobierno de Mauricio Macri para emprender una acción conjunta en esa zona, pero fracasó. La ofensiva del oficialismo incluiría una campaña para frenar la demanda de repuestos robados.

Kirchner repite en privado que la corrupción policial es la cuenta pendiente más importante que tiene la democracia y se jacta de no tener compromisos con la Bonaerense. Su sobrevida, en cambio, no puede prescindir del poder político y territorial de los intendentes del Gran Buenos Aires que entablan relaciones ambivalentes con la fuerza. "Para muchos los desarmaderos y el delivery de repuestos robados también son un problema", afirmó un funcionario bonaerense. En tanto, un especialista que trabajó junto a Felipe Solá le dijo a Crítica de la Argentina que la avanzada del ex gobernador contra los desarmaderos redujo la tasa general de homicidios entre un 25 y un 30 por ciento. Todos reconocen que el esquema que entró en vigencia con la llegada del gobernador y su ministro a la provincia está agotado. "Stornelli es un policía más", graficó un miembro del gabinete sciolista que, sin embargo, nunca se llevó mal con la Bonaerense. En la provincia aseguran que el ministro escucha demasiado al comisario mayor Hugo Matzkin, flamante superintendente de Investigaciones, a quien le atribuyen relaciones con Mario "Chorizo" Rodríguez y Osvaldo Seisdedos.

El caso Pomar y los últimas muertes llevaron a Scioli a reconsiderar su opinión sobre la fuerza. El gobernador presiona sobre Stornelli: "Demos mensaje, demostremos que no tenemos nada que ver", exige. La denuncia contra policías retirados es considerada en La Plata un manotazo de ahogado. Sin embargo, su presentación coincide con la necesidad del ex motonauta y el santacruceño de poner freno a un fenómeno que los consume. Por ahora el ministro no tiene reemplazante y en la provincia sostienen que Kirchner no quiere mover ninguna ficha para debilitarlo. Sabe que, cuando su incursión en la política termine, volverá a su rol de fiscal federal.

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