Unidos por el espanto

En el marco de la crisis y de cara a 2011, la oposición parece haber sellado un pacto de no agresión. La estrategia es consensuar acciones en el Parlamento, y a la vez evitar enfrentamientos mutuos pensando en 2011. El objetivo es posicionarse en función de la pérdida de credibilidad del ARI, y llegar al nuevo proceso electoral con el menor desgaste posible.
Mientras que la crisis genera controversias y enfrentamientos, y obliga a reposicionamientos constantes en función de su devenir, tanto la oposición como el oficialismo comienzan a mirar cada vez con mayor atención las elecciones de 2011.

Para el Gobierno, que lucha contra los vaivenes de la coyuntura y su propia incapacidad para sortear los obstáculos, los dos años que faltan pueden tornarse tortuosos, más si no logra torcer el rumbo de la gestión.

En cambio, las urgencias de los principales partidos de la oposición son otras. Por un lado, más allá de la responsabilidad institucional que les compete, son concientes que la profundización de la crisis redundará en una potenciación de sus propias posibilidades electorales.

Pero por otro, deberán lidiar con sus propios procesos internos, algunos de los cuales siguen en constante ebullición.

En ese contexto, el primer paso fue acordar una estrategia que les garantice el menor desgaste posible pensando a futuro.

Por eso, con el aval de las respectivas conducciones partidarias los bloques legislativos del PJ, la UCR y el MPF sellaron un pacto de no agresión.

Como suele suceder con todo rumor, primero fue negado, luego desmentido, y finalmente aceptado con el típico silencio que le concede identidad a la versión.

El objetivo es ejercer una oposición consensuada en el Parlamento sin ahogar al Gobierno del ARI, pero tampoco sin otorgarle demasiadas concesiones.

En definitiva, concientes de los alcances de la crisis y de las nefastas consecuencias que tendría un posicionamiento extremista, las fuerzas opositoras no quieren que desde el partido gobernante los sigan tildando de golpistas. Pero tampoco están dispuestas a hacerse cargo del "muerto" del ARI. "No nos vamos a meter en la tumba con ellos", graficó, con un particular sentido del humor, uno de los parlamentarios.

De fondo, hay otra poderosa razón que propició el entendimiento: la experiencia. Es que más allá del profundo descrédito en el que estaban inmersos los partidos mayoritarios en 2007 -del que aún no se recuperaron-, los enfrentamientos entre unos y otros provocaron un sostenido desgaste que terminó allanando el camino al ARI. Esta vez no quieren volver a ser funcionales a un partido que no se perfilaba en los papeles como un aspirante serio a la Gobernación y solo pretendía a ampliar su base legislativa.

Entonces, con las espaldas cubiertas -aunque en política los compromisos se escurren como el agua entre los dedos-, peronistas, radicales y mopofistas ya comenzaron a pensar cómo delinearán sus pasos hacia 2011.

¿Pica en punta?

Sin dudas, el gran vencedor de las elecciones legislativas de junio fue el justicialismo. Luego de la derrota a manos del ARI en 2007, que la actual diputada Rosana Bertone haya renovado su escaño en el Congreso de la Nación es un bálsamo para las heridas que siguen abiertas.

Es cierto, el PJ terminó escoltando al Partido Federal Fueguino en el sorpresivo triunfo de Liliana "Chispita" Fadul, pero la performance provincial le dio nuevos bríos.

Para ganar en 2011 deberá hacer mucho más. En primer lugar, tratar de salir con el menor costo posible de la elección del futuro candidato. La sangría que provocó el enfrentamiento entre renovadores e históricos sigue causando efecto, y las acusaciones cruzadas de traición prometen continuar haciendo ruido. Más cuando vuelven a cobrar fuerza los nombres de los aspirantes a encabezar el proyecto electoral del PJ.

Además, el justicialismo deberá rediseñar sus estrategias de campaña en función de las diferencias internas, lo que también se reflejó en las performances disímiles en cada distrito.

En ese sentido, el triunfo de Fadul en las legislativas hace recordar al de Ríos para la Gobernación. Y como aquella vez el PJ volvió a enfrentar un comicio sin cohesión y con muchas fisuras.

La gran esperanza

Distinto es el panorama en el radicalismo. Más allá de no haber podido alcanzar una banca en Diputados, el solo hecho de haber participado en las elecciones luego de haber pasado un traumático proceso de desintegración -que incluyó una intervención partidaria al distrito provincial- fue motivo de festejo.

Haber atravesado la interna y enfrentado las legislativas fue un volver a vivir para el radicalismo fueguino, que reconfortado con el acompañamiento del electorado se permite soñar con la Gobernación.

Muchos ya postulan a Jorge Martín como el candidato natural. Afirman que lo avalan sus tres gestiones al frente de la Intendencia de Río Grande.

El principal obstáculo es el propio Martín, quien en la recta final de su último periodo al frente del Ejecutivo municipal está pensando en un "año sabático" y en no presentarse a cargo electivo alguno.

Pero su círculo íntimo lo presiona para que se presente, a la vez que espera que la evolución de la situación provincial lo decida a encabezar un proyecto de gobierno.

Para tener en cuenta, no se perfila dentro del radicalismo otro hombre con el reconocimiento público y la experiencia ejecutiva del intendente. Por ejemplo, Federico Sciurano enfrenta su primer periodo al frente de la Intendencia de Ushuaia y su principal objetivo es sortear con éxito el desafío, más en el contexto de la crisis.

En tanto, la conducción radical sabe que debe levantar la puntería en la capital provincial. Con Sciurano volcando sus fuerzas en la gestión, el titular del Comité Ushuaia, Hugo Cano, no se perfila precisamente como el hombre ideal para movilizar el partido. De hecho, no se acallan los reproches a Cano por el escaso acompañamiento que los candidatos radicales obtuvieron en Ushuaia en las últimas elecciones.

"Cano no existe, el que moviliza es Federico", apuntó a la pasada un referente a nivel provincial.

Defender lo que queda

Las aspiraciones del MPF son mucho más modestas. Ni siquiera el desastre del ARI en el doble desafío de poner en juego la banca de Gorbacz y plebiscitar la gestión de Ríos, pudo disimular la caída del Movimiento.

Hoy por hoy no cuenta con una figura que muestre la capacidad y el carisma necesarios para encabezar un proceso de recuperación. Incluso, muchos afiliados y simpatizantes están convencidos de que el partido atraviesa una lenta agonía.

Mantener las bancas en la Legislatura y en el Concejo sería la mayor aspiración, y tanto la Gobernación como las intendencias parecen sueños lejanos.

Hay quienes piden la vuelta del ex intendente Jorge Garramuño, quien tras el fallecimiento de su esposa y luego de afrontar una dura enfermedad, dio un paso al costado.

Sin embargo, como animal político que es, poco a poco retomó protagonismo mediático y ya se perfila como un posible candidato.

Al respecto, trascendió que el "Garra" inició una ronda de contactos con referentes del Movimiento y de otros partidos para analizar la crítica situación provincial, como punto de partida para comenzar a delinear un proyecto de cara a 2011.

La gran duda, llegado el caso, será si el MPF puede darle sustento. El desencanto de Garramuño con su partido se mantiene, y no es inviable que busque nuevos aires. Y no hay que olvidar que cuenta con estructura propia para afrontar el desafío, conformada por los leales que lo acompañaron durante sus gestiones y en el fallido intento de 2007 para llegar a la Gobernación.

Suerte echada

A dos años del próximo desafío electoral, la suerte del ARI parece estar echada. En poco más de un año y medio desperdició gran parte del apoyo electoral que lo llevó el Gobierno.

A la hora de gestionar no solo no encuentra la salida a la crisis, si no que en la acción pisoteó muchas de las banderas que enarboló en campaña, sobre todo las relacionadas a la transparencia.

Hechos como los pasajes aéreos del Congreso comprados por Ríos a sus compañeros de bancada, siendo diputada, para que su familia viajara a Río Grande al cumpleaños de 15 de una de sus hijas; el trasfondo de la renuncia del ex vicegobernador Carlos Bassanetti y la oscuridad que rodea al negociado con los chinos, son algunos hechos que la comunidad no pasa por alto y que generaron un desencanto absoluto.

A eso se suma una gestión que hasta ahora confirma un temor: que el ARI no estaba preparado para gobernar.

En este panorama parece descabellado que el ARI piense en candidaturas, aunque nombres suenan. Como el del legislador Manuel Raimbault, el del verborrágico senador José Martínez, el de la propia Ríos, y hasta el de su esposo, el concejal riograndense Gustavo Longhi, siempre relegado en la arena política por la figura del intendente Martín y ahora la de su propia esposa.

Sin embargo, para afrontar la empresa, el ARI tendrá el doble desafío de torcer la historia en el Gobierno y zanjar las profundas diferencias internas, que se reflejan tanto en el Gabinete como en el bloque oficialista en el Parlamento.

Y sobre todo, antes de pensar en 2011, debe dejar de agitar los fantasmas de conspiraciones golpistas y debe dejar de victimizarse. Quizá ese sea el primer paso para intentar salir de la crisis.

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