Lo único seguro es que todo es muy volátil.

No es descabellado pensar que la elección de 2011 la disputen Juez, De la Sota y Aguad. Por Roberto Battaglino.
Todo es cada vez más disperso, volátil y heterogéneo. Se festejan triunfos con poquito más de 30 por ciento, y nadie puede sentar supremacía territorial.

Por eso, no sorprende que nadie se sienta derrotado, incluso con un cuarto de los votos.

Mientras se analiza el primer puesto de Luis Juez en clave de derrota, radicales y justicialistas buscan interpretar su segundo y tercer lugar con algún grado de expectativa favorable.

Claro está que los radicales sacan ventaja en ese terreno, porque si bien en el tramo de senadores hubo casi un empate con el PJ, tiene un alto valor simbólico recuperar el segundo lugar después de 10 años fuera del poder provincial y varias elecciones en las que venían saliendo muy atrás.

El que sale segundo tiene chances de discutir poder. Si seguían siendo terceros, no les iba a quedar otra que volver a intentar una alianza con el juecismo. Con estos resultados, esa hipótesis está prácticamente sepultada.

Pero el dato más importante es haber ganado la elección de diputados nacionales, con un corte de boletas importante a favor de Oscar Aguad, que relegó del primer plano de la escena radical a Ramón Mestre.

Aguad habló varias veces en la campaña que si le iba bien volvería a ser candidato a gobernador en 2011, pero anoche cambió la estrategia. Dijo que pondrá todas sus fichas al Congreso, donde estima seguir siendo el jefe de bloque (es uno de los poquísimos radicales que ganó), porque sabe que ése es el escenario que lo catapultó al lugar que ocupa ahora. Si sigue acertando su papel en lo que puede ser el poskirchnerismo, la nominación provincial caerá de maduro.

Mestre también tiene que demostrar en esas tablas que está en condiciones de volver a competir por la intendencia de la ciudad de Córdoba. Arranca con cierta ventaja, pese a que la UCR salió lejos del Frente Cívico en la Capital. Pero él es uno de quienes quedaron mejores posicionados. No obstante, la gran enseñanza de la votación de ayer es que los posicionamientos duran lo que dura una elección.

El regreso. En el PJ, habrá muchos más reproches y sacudones internos que en la UCR. El intento de leer el resultado sumando los votos de Eduardo Mondino y Eduardo Accastello bajo el paraguas del peronismo quedó relativizado ayer con la decisión de Juan Schiaretti de redoblar sus cuestionamientos al kirchnerismo.

Por más debilitados que hayan quedado, los Kirchner no deben soslayar semejante desafío del gobernador de una provincia que no derrocha autonomía.

Aparte de esa amenaza externa del Gobierno nacional, Schiaretti deberá empezar a luchar contra acechanzas internas, después de haber sido el primer gobernador que sale tercero en una elección, cuya campaña encabezó.

José Manuel de la Sota saldrá a hacer campaña por el país como presidenciable, diciendo que es el "jefe indiscutido del peronismo de Córdoba".

Y se lo hará notar a un gobernador que tendrá que gestionar con el estigma del tercer puesto, peleado con la Casa Rosada y sin liderazgo partidario. Los delasotistas insisten en que serán los garantes de la gobernabilidad en Córdoba, mientras repiten que su jefe se concentrará sólo en competir por la sucesión de Cristina Fernández de Kirchner, además de descalificar las versiones sobre un posible acercamiento con el ex presidente y titular del PJ nacional.

Lo que no dicen es qué va a hacer si, como en 2003, no logra entrar en la grilla de largada para esa carrera. La conjetura de volver a ser gobernador siempre parece estar presente.

Juez, De la Sota y Aguad posicionados para buscar la gobernación dan un atractivo especial a los dos años por delante en la política cordobesa.

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