La única verdad es la realidad Por: Ricardo Kirschbaum

Aníbal Fernández podrá seguir negando la realidad. Pero la evidencia lo condena: allí está el testimonio filmado de que el portavalores Antonini Wilson, el venezolano atrapado con 800 mil dólares en una valija, estuvo en la Casa Rosada dos días después del incidente.
El jefe de Gabinete sospecha del video del canal oficial que está a cargo de un subalterno. Si la entrega de esa prueba fue o no una venganza interna es lo de menos: allí está Antonini Wilson -declaró en Miami que el dinero que traía era para la campaña de Cristina- al fondo del Salón Blanco, escuchando el discurso de Chávez. Cristina y Alicia Castro, embajadora en Caracas, ambas furiosamente de rojo al igual que la corbata del presidente de Venezuela, formaban ese día parte de la platea.

Mauricio Macri podrá seguir negando lo evidente y enojándose con el juez que, convengamos, pone el megáfono todas las mañanas para anunciar lo que pasará ese día en la investigación del espionaje. Macri puede acusar legítimamente a los Kirchner pero no puede negar que Palacios y Chamorro, implicados en el espionaje, habían sido presentados por él como los mejores policías disponibles. Y que Ciro James (¿será ese su nombre verdadero?) trabajaba en el Ministerio de Educación y se dedicaba a pinchar teléfonos. Los tres podrían estar haciendo también ese trabajo para privados, pero sus empleadores oficiales quedaron enchastrados. Ante el escándalo, Macri pretende salvar a Montenegro, el ministro de Seguridad. Le pasará lo mismo que con Palacios y Chamorro: será inútil.

Son dos cuestiones de una gravedad inusitada y de evidencia indiscutible. Una, porque Antonini ha desnudado una de las razones centrales de la relación de los Kirchner con Chávez; la otra, porque esta red de espionaje funcionaba bajo el paraguas del Gobierno porteño.

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