La UNCA despide el 2009 con escándalo académico

No podía pasar diciembre sin un escándalo resonante en la UNCa, para despedir el año con todo se dirá. En el marco de la Maestría en Historia se presentó una tesis con numerosos errores, de todo tipo, formales, conceptuales, a la que igual, por voto mayorítaio se la aprobó con un "muy bien 10, felicitado". Increíble…pero cierto.
El tema propuesto por el trabajo final de tesis, interesante por cierto, consistía en un estudio de las formas de matrimonios de los afroamericanos, los negros, en la Catamarca del siglo XIX. Al tribunal examinador lo presidia, no importan los nombres, un reconocido historiador, el más reconocido de todos en Catamarca.

En el análisis de una de las integrantes del tribunal examinador se detectaron, contabilizados una y otra vez, nada menos que 60 errores formales, además de falta de señalamientos conceptuales y aclaraciones teóricas.

El tema era bárbaro, pero el trabajo, mas que del "muy bien 10, felicitado", era merecedor de varios reproches que cualquier criterio académico no debería dejar pasar; ni hablar del criterio utilizado para aprobar este trabajo, de los tres integrantes, dos votaron por la aprobación con 10. Increíble.

Pero conociendo los antecedentes de esta maestría, ésta situación no es para nada misteriosa, de los 11 tesistas evaluados hasta ahora, todos obtuvieron 10 puntos de evaluación, aunque no se conoce si todos los trabajos de tesis incurrieron en tantos errores que si se pudo comprobar en el caso de esta última.

La situación se torna verdaderamente oscura cuando se buscan, y se encuentran, algunas explicaciones; por ejemplo, la tercer integrante del tribunal examinador, que no es el famoso historiador ni quien detectó los 60 errores, además de dirigir el trabajo de tesis en cuestión, es también directora del proyecto de investigación en el que trabaja la tesista aprobada, es decir, que es su compañera.

Igual trato contemplativo no le habría sido dispensado a otro tesista a quien el día anterior a su defensa se le había comunicado que debía corregir todo lo escrito aún cuando el reglamento de la maestría en cuestión, graciosa y trágicamente (para las instancias académicas) no prevé instancia de corrección. Es decir, el reglamento solo prevé la defensa una vez que el maestrando comunica al comité ejecutivo de la maestría de su finalización. A partir de ello el director de la tesis realiza un informe que es el respaldo del tesista para acceder a su defensa.

La pregunta surge de inmediato: ¿que habrá argumentado en su informe la tercer integrante del tribunal, repetimos, no el famoso historiador ni quien detectó los 60 errores, para recomendar la aprobación del trabajo?

El caso de la tesista aprobada es, por decirlo de algún modo, paradójico; en un concurso para acceder e un cargo docente en la Facultad de Humanidades había resultado segunda, pero por suerte, para ella claro, el Consejo Directivo declaró desierto el concurso. El primero, lástima, debió quedarse con las ganas. Pero hubo otro incidente cuestionable en el que esta misma persona tuvo la suerte de la poca trascendencia: según se recuerda tuvo una denuncia de plagio de una profesora de apellido Blanco quien pudo demostrar que 12 páginas de un trabajo suyo fueron copiadas para una publicación; eso si, esas 12 páginas no contenían errores de ningún tipo.

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