Unasur: hora de sincerarse

Presidentes de Sudamérica comienzan hoy una cumbre para debatir el acuerdo entre EE. UU. y Colombia por el uso de bases. Pero hay mucho tras bambalinas.
Los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se reúnen en Bariloche en medio de un clima de desconfianza generalizado hacia el acuerdo de cooperación militar entre Estados Unidos y Colombia para la utilización conjunta de al menos siete bases militares en la lucha "contra el narcotráfico y el terrorismo". Y a las sospechas sobre los verdaderos alcances de este pacto se agrega una serie de tensiones regionales entre los propios miembros del bloque que complica aún más el panorama.

Dado lo acotado del encuentro, lo incipiente de Unasur como foro y el hecho de que el tratado entre los gobiernos de Uribe y Obama pareciera no tener vuelta atrás, las expectativas sobre esta cita son limitadas. Aun así, la mayoría de los analistas cree que será una buena oportunidad para que los distintos actores "sinceren posiciones" sobre varios temas que están afectando la integración regional; entre ellos, el importante proceso de rearme que están llevando adelante varios países, aunque la mayoría de los expertos aún evite hablar de una "carrera armamentista" regional.

"Debates" consultó a cuatro especialistas argentinos en relaciones internacionales y temas de defensa respecto de las principales dudas y controversias sobre este acuerdo. Entre ellas figuran:

- Las razones del pacto. Tanto Colombia como Estados Unidos admiten que hubo, al menos, "errores de comunicación" al presentar la iniciativa. Por este motivo, el presidente colombiano Álvaro Uribe realizó una gira continental el mes pasado, la secretaria de Estado de EE. UU. Hillary Clinton también dialogó con varios gobiernos de la región y tanto el jefe de Comando Sur, general Douglas Fraser, como el asesor de Seguridad de la Casa Blanca, general James Jones, visitaron varios países.

Allí presentaron el acuerdo como una continuidad de la cooperación antidrogas. Clinton aclaró que es un "apoyo al gobierno de Colombia para dar seguridad a sus ciudadanos" y que "EE. UU. no tiene ni busca bases dentro de Colombia" y que "el mando y control de las bases, así como su seguridad, será responsabilidad de Colombia". En diálogo con el diario chileno "El Mercurio", el general Fraser aclaró varios puntos:

- "Las bases serán controladas por los colombianos".

- Descartó el riesgo de una crisis militar convencional en la región, pero mostró preocupación por "el potencial del narcoterrorismo", al que calificó de "el principal problema de seguridad (regional) porque el narcotráfico está bien financiado y tiene buenas armas".

Al respecto, la mayoría de los expertos coincidió en señalar que las explicaciones no han sido suficientes.

El lenguaje utilizado al describir las operaciones conjuntas como "contingentes, logística y entrenamiento" no aclaró demasiado. Y mucha de la tecnología que se usará es descripta como de "doble uso", es decir, serviría tanto para detectar vuelos y naves del narcotráfico como para operaciones de inteligencia y vigilancia de otro tipo.

El analista militar León Valencia explicó a la BBC que la operación de aviones de EE. UU. desde bases colombianas es "más estratégica que la base de Manta (Ecuador, que EE. UU debe abandonar en setiembre) porque aquí no vigilarán sólo el Pacífico sino también el Mar Caribe", donde está Venezuela.

La base que más inquieta a Brasil es la de Palanquero, que según un informe de la Fuerza Aérea de EE.UU. de este año divulgado por ´Clarín´ "permite cubrir la mitad del continente sin necesidad de ser reabastecidos" facilitando el movimiento de tropas en casi todo el Cono Sur. (Ver infografía en página 24)

El control. Para el analista argentino de política exterior Pedro Brieger, el gran interrogante "es qué control va a tener el gobierno colombiano sobre lo que pase en esas bases. El propio embajador de EE. UU. dijo al diario "El Tiempo" de Bogotá que los soldados estadounidenses iban a poder atacar a las FARC, es decir que son un objetivo militar de EE. UU.", explicó. "Si las tropas tienen autorización para operar libremente en cualquier punto del país podrían incursionar incluso en territorio de otros" como Brasil, Venezuela o Ecuador, explicó.

El director del centro de estudios Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, coincide en que el acuerdo entre Washington y Bogotá "ha sido el detonante de viejos fantasmas del pasado" y "las dudas no se disipan". "EE. UU. ha dicho que sus tropas no estarán cerca de las fronteras, pero la ubicación de las bases sí lo está; el acuerdo incluye que las fuerzas estadounidenses podrán entrar en combate con las FARC y ello implica un paso más en el involucramiento en el conflicto colombiano; los 600 contratistas de EE. UU. que estarán en las bases no tendrán inmunidad jurídica, pero los 800 hombres de las Fuerzas Armadas sí la tendrán. Lo que una década atrás era un problema circunscripto a Colombia, ahora se trata de un problema regional con implicancias internacionales", señala Fraga.

Para Fraga, en realidad "el uso de las bases colombianas por parte de EE. UU. es una consecuencia del cierre de la base de Manta que tenía en Ecuador a partir de setiembre y la imposibilidad de usar la base Sotocano que tiene en Honduras debido a la interrupción de las relaciones militares con el gobierno de facto. Sin esas dos bases a EE. UU. no le quedaba otra opción que acordar con Colombia para tener bases, no sólo para intervenir en la lucha contra el narcotráfico en la región andina sino también para dar seguridad al Canal de Panamá. El despliegue desde Miami para actuar en un eventual conflicto en América del Sur o en el Canal requiere un punto de apoyo firme al sur de México", asegura. (Ver infografía)

El analista de política exterior argentina Agustín Romero coincide en que "aún no hay datos ciertos y concretos del acuerdo. La reunión de Unasur en Bariloche dará elementos de análisis más serios y profundos. Sí hay algo claro: la presencia de tropas extranjeras en un país latinoamericano ya despierta mucha resistencia, recelos y susceptibilidades. Y eso se contrapone con la autodeterminación de Colombia y la no injerencia en los asuntos internos de otros estados. Hay que mantener un equilibrio entre ambas cosas: el derecho de un Estado a firmar tratados y las susceptibilidades", explica.

Khatchik Derghougassian, especialista en seguridad internacional, señala que "el acuerdo entre EE. UU. y Colombia que les permite a los militares estadounidenses ampliar el uso de las bases colombianas no se restringe a los argumentos que se formularon como explicación/justificación del mismo; tiene una dimensión estratégica de mayor alcance y objetivos mucho más amplios que la lucha contra el narcotráfico".

- El rol del Comando Sur. Para muchos, gran parte de la controversia se genera por la creciente autonomía del factor de poder militar en la definición de las políticas de EE. UU. hacia la región por sobre el Departamento de Estado (la diplomacia), de lo cual el acuerdo por las bases sería un ejemplo aunque en esto no hay coincidencia entre los expertos.

Para Derghougassian, "hay una continuidad del unilateralismo de la era de Bush que muchos en Sudamérica pensaban que se terminaba con Obama; de hecho, la política de Estados Unidos hacia América Latina la diseña y ejecuta el Comando Sur en un estilo muy proconsular" explica. "Hay una gran autonomía del Comando Sur para definir el lineamiento de la política exterior de EE. UU. hacia la región. El Departamento de Estado ha sido activo mientras seguía vigente el proyecto del ALCA y cuando el Consenso de Washington y la apertura comercial eran los grandes temas de la agenda".

Para Brieger, "No queda claro si hay diferencias entre el gobierno de Obama y el sector militar. No han surgido a nivel público, hay que leer entre líneas. Por eso se espera tanto del propio Barack Obama que diga claramente qué piensa hacer con las tropas. Por eso Lula pide una reunión con Obama, directamente".

- El recuerdo de la IV Flota. Muy relacionada con lo anterior está la reactivación de la IV flota de EE.UU. que ya generó suspicacias hace un año.

Para Fraga, "entonces como hoy, la explicación de Washington -que tiene lógica de acuerdo con cómo se maneja la burocracia militar y diplomática de EE.UU.- no fue demasiado convincente".

Derghougassian acota que, "si bien no hay pruebas directas, hay varios factores que sugieren que el acuerdo constituye de hecho una continuidad y una complementaridad con la reactivación de la IV Flota. Uno de ellos evidentemente es el tiempo: a prácticamente un año de la reactivación de la flota se firma un acuerdo que seguramente se empezó a negociar mucho antes. El otro es el cambio de mando del Comando Sur del admirante Stavridis, cuya misión aparentemente había sido la activación de la IV Flota al general Fraser, que inauguró su gestión con el acuerdo por las bases". Para Brieger "no hay vinculación directa pero uno no puede dejar de hacerla. Nunca quedó claro por qué está la IV flota, el gobierno de Brasil se muestra receloso por esta iniciativa".

Quien discrepa es Romero: "Para mí el tema de la IV Flota está sobrevalorado. Para mí es una reorganización militar interna de EE. UU. y no tiene la dimensión de otras flotas como la del Mediterráneo o la del Golfo Pérsico".

- El factor interno. Para Romero, la explicación es otra: Obama está en una situación interna delicada en esta coyuntura latinoamericana. "Hay un sector republicano conservador más duro que está presionando políticamente muy fuerte, acusándolo de debilidad. Como se ve en el caso de la crisis en Honduras, hay sectores que no ven con buenos ojos la nueva política de diplomacia y concertación hacia la región; preferirían un Obama más enérgico hacia quienes desafían a EE.UU. como Chávez o Cuba con discursos beligerantes y antinorteamericanos. No les gusta el mensaje conciliador de Obama. Esto explica parte de la estrategia: Obama debe demostrar que, paralelamente a la diplomacia de concertación, ejercita el músculo militar".

- Expectativas para la cumbre. Sobre los posibles resultados de la reunión de hoy, los analistas coinciden en que será más de estudio que resolutiva. Para Romero la reunión de Unasur puede servir "fundamentalmente para sincerar posiciones" sobre varios temas:

- Colombia respecto de las bases estadounidenses y Venezuela, de sus acuerdos con Rusia.

- Que los países expliquen el proceso de rearme. "La región merece que Chile, Brasil, Venezuela, Colombia y otros expliquen por qué gastan parte importante de sus recursos en lo militar cuando hay problemas sociales más importantes".

- Plantearse el objetivo del Cono Sur. "Chávez habló de vientos de guerra. Se habla de unión latinoamericana, de procesos de integración con una retórica muy positiva, pero a la hora de los hechos las FARC reciben material y apoyo venezolanos. No creo que un día alcance para todo, pero debería ser un comienzo", dijo.

Por su parte, Brieger señaló que "no queda claro qué se puede hacer. En Unasur las resoluciones se tratan por consenso y está claro que Colombia no quiere acordar con el resto de los países sudamericanos que se oponen a las bases. Unasur es algo nuevo y no queda claro qué es lo que puede hacer. Va a ser una muy buena prueba la cumbre en Bariloche".

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