Unas sorpresitas made in El Calafate

Unas sorpresitas made in El Calafate
Anoche se reunieron en Olivos, recién llegados del Sur. Hicieron volver a sus ministros clave hoy a la mañana. Barajan nombres para refrescar el gabinete.
El matrimonio presidencial regresó ayer de sus minivacaciones en El Calafate con la intención de inaugurar con sorpresas el año electoral, antes del viaje que tienen previsto realizar el fin de semana a Cuba. A su regreso de la Patagonia, Néstor y Cristina Kirchner encabezaron anoche en la residencia de Olivos una reunión en la que sólo participaron algunos de sus hombres de indudable confianza. Según le aseguraron a Crítica de la Argentina fuentes oficiales, en ese encuentro la pareja gobernante le transmitió a su séquito de incondicionales las medidas y las variantes con las que pretende comenzar 2009.

De acuerdo con esa información, habrá más novedades en las filas de la administración K. Aunque a Kirchner nunca le gustó hacer cambios de gabinete, el reemplazo del albertista Claudio Moroni por el pingüino Ricardo Echegaray no será el último. “Las circunstancias son especiales. Puede haber algún ministro que se vaya”, le dijo a este diario un alto funcionario que se cree a salvo de las turbulencias. Los últimos tres cambios en el Gobierno delinearon una purga de los soldados que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aún conservaba en el Ejecutivo. Pero el matrimonio no parece conforme. Por eso, las vacaciones serán sólo ráfagas para el elenco oficial.

Por orden de los Kirchner, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, regresaron esta mañana de su descanso en Pinamar y Villa Gesell para continuar con el trabajo. El único ministro de peso que fue beneficiado con algunos días más –en Valeria del Mar– fue Florencio Randazzo: parece que el matrimonio quiere que descanse bien para un año en el que le sobrará trabajo.

Tampoco faltarán medidas en el menú que los Kirchner cocinaron en los últimos diez días en la residencia Los Sauces, de El Calafate. Por lo pronto, mañana habrá anuncios para la agroindustria, pero puede haber otros más sustanciales.

Kirchner tendrá este año un ojo en la gestión y el otro en los comicios de octubre. La provincia de Buenos Aires continúa siendo un dilema irresuelto para la pareja gobernante, pese a que pretende compensar allí con una victoria contundente la magra cosecha de otros distritos. Las encuestas que maneja el oficialismo coinciden en que Sergio Massa es el candidato que mejor mide en territorio bonaerense. Pero el jefe de Gabinete ya le anunció a su entorno que no dejará el Ejecutivo para competir en nombre de Kirchner en el distrito más importante del país. “Me quedo en la jefatura o me vuelvo a Tigre”, le dijo Massa la semana pasada a un intendente con el que tiene una afinidad indisimulable.

Entre los incondicionales del presidente, la candidatura del ex titular de la ANSES era presentada como ideal, hasta hace muy poco: combinaba una salida elegante del gabinete para un funcionario que no termina de asimilarse al estilo K con un nombre de impacto en los medios y consenso en el peronismo. En su lugar, se menciona como número puesto al ministro del Interior, Florencio Randazzo. Pero si Massa se niega y Kirchner no encuentra la forma de disuadirlo, el Gobierno deberá inventar alguna carta inesperada –como fue la de Daniel Scioli– o no tendrá otro remedio que apelar una vez más al apellido, y allí el mapa de posibilidades es acotado: Néstor o Alicia. El Movimiento Evita, que conduce el ahora funcionario nacional Emilio Pérsico, aún sostiene que el mejor candidato a diputado del oficialismo es el jefe del PJ. “Vamos a insistir hasta que él se defina. Mientras no lo descarte, para nosotros está vigente”, le dijo Pérsico ayer a este diario.

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